Paco Roca
El creador de cómics e ilustrador Paco Roca, en Madrid. JORGE PARÍS

A Paco Roca se le puede considerar como un orgulloso espolón del cómic español: multipremiado, exitoso, adaptado al cine en varias ocasiones. Regresa ahora convirtiendo en viñetas, con la colaboración del diplomático Guillermo Corral, la historia del litigio entre España y la empresa estadounidense Odyssey por el tesoro de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes. Y la convierte en un homenaje a los silenciosos funcionarios públicos y a las grandes historias de aventuras del cómic: El tesoro del Cisne Negro (Astiberri).

Cuando ocurrió aquella batalla por el tesoro de la Mercedes, ¿estaba al tanto del asunto?
La noticia de por sí ya era muy novelesca. Era el mayor tesoro que se había encontrado bajo el mar. Era como un mito, como el Dorado de los arqueólogos. Cuando lo veía, pensaba ¡esto es la leche! Por un lado, te sale el orgullo de que España haya recuperado el tesoro; pero, en aquel momento, con quien empatizabas era con el cazatesoros, que encuentra el tesoro, después de investigar, baja al fondo del mar,... Luego cuando lees más sobre el tema cambia tu opinión, pero con los primeros retazos empatizas con Odyssey. Así que con esta historia tratamos de bajar al suelo todo esto, lo que significa una empresa cazatesoros y la diferencia entre el valor económico y el valor histórico de un yacimiento.

Cuando Guillermo Corral le propone esta aventura, ¿qué pensó?
Al principio desconfié. Todo el mundo te dice que tienen una historia para hacer un cómic. A Guillermo no lo conocía, pero cuando me contó todo esto me pareció interesante. Tenía los elementos para una novela, una película o un cómic: un tesoro enorme, los gobiernos, la prensa, espías... Pero lo que más me interesó era que Guillermo lo había vivido y por eso podía contar la política desde dentro: estuvo al lado de los dos ministros, con el gabinete de crisis, con la prensa... Toda esta parte me parecía muy interesante: contar una aventura desde los despachos, que es desde donde casi nunca se cuenta. Indiana Jones es profesor de arqueología y salvo unos minutos que pasa en su despacho o en clase, luego está siempre con el sombrero y el látigo. Y al final el trabajo en el despacho es el 90% de casi todo.

Eso es todo un homenaje a los funcionarios...
Los políticos van pasando y se suelen mover por la foto y la prensa. Sin embargo, los funcionarios siguen haciendo su trabajo día a día, van siguiendo los descubrimiento, van documentando... Son los que hacen el trabajo y, lamentablemente, se quedan sin medalla ni reconocimiento, que siempre se lo queda el político de turno.

"Esta historia hace que te salga un poco de patriotismo"

Además, es una historia en la que ganan los buenos. No está mal para los tiempos que corren...
Es una cosa que nos viene bien al conjunto de los españoles. Es un acto patriota. De los años de democracia que llevamos hay pocas cosas que no estén politizadas. Una historia como la Los surcos del azar, sobre los republicanos que lucharon al fascismo durante la Segunda Guerra Mundial, no tenía un consenso que dijera que esa gente se merecía todos los honores. Para la gente de izquierdas es una cosa, para los de derechas, otra. Este hecho, en cambio, aunque tiene política detrás, no está politizado, es de las pocas historias que puedes decir que me enorgullece pertenecer a este país, a esto que consideramos España, o como queramos llamarlo. Es una historia de la que te sale un poco de patriotismo.

¿Por qué no usaron los nombres reales?
La ficción nos daba libertad y protección. Y más viendo cómo son los americanos, nos daba miedo el tema de Odyssey. Aunque todo lo que contamos era real, la ficción nos ha servido para escudarnos ante posibles demandas. También nos ha dado libertad para novelar cosas; para simplificar que hubo dos ministros implicados, César Molina y Sinde, y reducirlo a a uno; el juicio que fue muy largo, de años, lo reducimos también; y cosas que no se puede demostrar, pero que se pueden intuir, como algunos casos de espionaje, etc.

"Esta aventura es real y como las aventuras de hoy transcurre en los despachos"

Es una gran historia de aventuras en pleno siglo XXI, un tiempo que no parece casar con las grandes historias de este tipo...
No recuerdo ninguna viñeta en donde los personajes corran. Y si te acuerdas en Tintín, que es el homenaje claro, siempre están corriendo, hasta para hablar. Es una aventura actual, real, como suelen ser estas aventuras que transcurren en despachos, aunque hay acción en momentos concretos: el rescate del tesoro, etc... Es una aventura como la contaríamos hoy, pero mantiene ese aire de aventura clásica con tesoros, mapas, lugares evocadores, etc.

Y muchos guiños a Tintín...
Los dos somos muy fans de Tintín. He crecido con él y creo que me gusta la aventura por esos cómics, el estilo gráfico de Hergé es magnífico porque no te paras en la viñeta sino que el dibujo es el transmisor de la historia. Hay guiños desde la portada, en viñetas, en todo lo que significa la aventura marítima... Pero llevándolo a la realidad y con ese poso de pausa.

Detalle de la cubierta de 'El tesoro del Cisne Negro'.

¿No fue difícil plasmar esta historia en viñetas, cuando la gente lo ha visto todo por la televisión?
Sí, pero lo bueno es que todo está documentado. Por ejemplo, había una parte que no tenía muy clara como dibujarla, cuando el tesoro llega a Torrejón y en la realidad lo llevan al Ministerio de Cultura y en la novela al Banco de España. Guillermo me lo contó, pero necesitaba verlo. En Internet encontré un vídeo de la Guardia Civil donde se ve todo el proceso: los Hércules, la carretera, el despliegue... Después, Guillermo me contaba que se reunían en el despacho del ministro. Y yo le decía ¿cómo es? Me decía: no sé, un despacho normal, pero necesitaba verlo. Tengo amistad con Ángeles González-Sinde y ella me pudo enviar fotos de lo que fue su despacho. Son pequeños detalles, sí, pero ya sabía qué había en despacho, qué lámpara tenía en la mesa, si hay ordenador... Pequeños detalles que me hacen saber que es el despacho real. Creo que esas cosas le llegan al lector.

Le da valor documental...
Sí, era muy importante en una historia como esta. No podía meter la pata, aunque alguna habrá, y que todo fuese real. Que se notase el realismo.

Esta historia fue muy conocida, pero en este país se ha expoliado el patrimonio sin descanso...
Bueno, lo hace incluso la Iglesia, cuyo patrimonio nos pertenece a todos y a veces hacen lo que quieren con todo eso.

¿No se referirá al Ecce Homo de Borja?
(Se ríe) No, bueno eso fue más bien una licencia. Me refiero a muchas otras cosas. A patrimonio, cuadros, catedrales, lo que sea... que nos pertenece a todos lo españoles. Hay que poner en valor el patrimonio, que pertenece a todos porque cuentan parte de nuestra historia. Y eso no puede pertenecer a una sola persona o a una entidad.

El tesoro del Cisne Negro saltará muy pronto a la televisión...
Va a ser en imagen real para Movistar, con la productora Señor Mono. No llegamos ni a terminar el cómic, y la productora ya quiso ver cosas, le gustó y armaron el proyecto. La idea es que se estrene en 2020. La mini serie es un buen formato para esta historia, nos dejamos muchas cosas fuera que ahora se pueden desarrollar ahí.

En enero también llega otra adaptación cinematográfica de una obra suya, Memorias de un hombre en pijama...
Espero que vaya muy bien. Yo me salí del proyecto y no he llegado a verla terminada. Hay gente de mucha valía trabajando ahí, desde animadores, hasta Raúl Arévalo, María Castro, Love of Lesbian que ha hecho la banda sonora con una canción buenísima. Promete mucho. Pero no pretende ser más que una película indie romántica. Con ella te das cuenta de lo difícil que es el mundo del cine y controlar como tú quieres un proyecto. Y si no eres capaz, mejor te sales.

¿Eso es lo que le pasó?
Sí, cuando te acostumbras a trabajar solo por un lado es cómodo, aunque no te enriqueces con las ideas de un equipo, pero tampoco tienes que discutir cada cosa, algo que te desgasta bastante.

Aún así, el cine también le ha dado mucho...
Los Goya me sirvieron para que mi padre, que todavía estaba vivo, se sintiera orgulloso. El cine español lo ve mucha gente, pero la ceremonia de los Goya la ve todo el mundo. Solamente por eso valió la pena. Él estaba enfermo y en el hospital, le pude llevar los dos Goya y los tenían en la mesita del hospital y por ahí pasaba todo el mundo. Pero también es verdad que el cine te da la oportunidad de que te conozca a un público que no se acercaría al cómic. Y además, aprendo. En el caso de Arrugas aprendí mucho del director, Ignacio Ferreras. Lo peor que le puede pasar a un escritor o a un dibujante es no levantar la cabeza de su mundo y ser autorreferencial. Los literatos lo hacen mucho, solo hablan de literatura y desprecian a los demás. Cuando trabajas con autores de otras disciplinas, aprendes.

¿En España, por fin, ya se considera el cómic como un género literario mayor?
Es algo que nosotros siempre hemos sabido, pero no se nos había escuchado. Por muchos motivos, por el formato serializado que limitaba; el que el cómic solo se pudiese comprar en tiendas especializadas... Ahora hay obras que llegan, se pueden encontrar con facilidad y los medios las reseñan. Hay un cúmulo de cosas. Pero sobre todo, yo destaco como gran cambio que hay lectoras y autoras dentro del mundo del cómic que antes era un coto de hombres. Había autoras que trabajaban para hombres y lo hacían al gusto de hombres. Que no es nada malo en sí, pero ahora se ha normalizado. Hay público mayor, joven, masculino, femenino... Ya no hay pudor a decir que se lee cómic. Estamos viviendo en cierta manera el mejor momento del cómic en España.

BIO.
Paco Roca (Valencia, 1969) es un ilustrador y autor de cómic que comenzó en publicidad y ha acabado siendo uno de los referentes del mundo de la viñeta en español. Ganó el Premio Nacional de Cómic en 2008 por Arrugas, y el Goya a mejor guion en 2012, por la adaptación de esa misma novela gráfica.