Boxeo entre orangutanes
Levantados los guantes de boxeo, dos orangutanes entran en un ring en el zoológico tailandés Safari World. El espectáculo fascina a locales y extranjeros. SAFARI WORLD

Bangkok (Tailandia). Un taxi se detiene en el aparcamiento de un supermercado. Unos agentes de policía encubiertos se abalanzan sobre el conductor del vehículo y lo detienen. En el asiento trasero dos bebés de orangután se agarran el uno al otro. Parecen asustados pero sanos. Historias perturbadoras que no son hechos aislados como la de Pony, la orangután utilizada como prostituta en un burdel, que ha dado la vuelta al mundo.

El tráfico de grandes simios, junto con el de otros primates, ha crecido de manera exponencial: se registraron más de 22.000 casos de chimpancés, bonobos, gorilas y orangutanes que fueron víctimas del comercio clandestino en los bosques de África y Asia entre 2005 y principios de 2012. Los datos son del informe Stolen Apes, publicado por Naciones Unidas en 2013, uno de los primeros intentos exhaustivos de documentar la situación.

No obstante, esto es solo una pequeña fracción del número real, ya que el estudio recoge únicamente los casos documentados. Es decir, aquellos que proceden de incautaciones realizadas por las autoridades. Por desgracia, la gran mayoría de los incidentes no son detectados.

Más trágico todavía es el hecho de que por cada simio vivo que entra en el mercado negro, muchos más han sido asesinados durante el proceso. Al tratarse de animales que viven en grupos grandes, los furtivos aniquilan familias enteras para conseguir a una sola cría, menos engorrosa de transportar que un adulto. Eso, en el caso de que la criatura llegue al destino previsto, porque la mayoría muere por el camino.

Son un gran negocio: un bebé gorila puede costar hasta 220.000 euros en el mercado internacional y la mayor parte de estas trasacciones ilegales se inician en redes sociales.

Daniel Stiles, un detective que lucha contra el tráfico animal, destapó una red que vendía animales exóticos por Instagram. Contactó con ellos a través de un mail en el que se mostraba interesado por "jóvenes otanes" (jerga con la que se denomina a los orangutanes), y días después recibió una respuesta, según recoge en un reportaje el New York Times"2 bebés, 7.5k cada uno", le dijo el traficante.

Stiles sabía de sobra cuál era el futuro que les esperaba: terminar en manos de un coleccionista particular o en un zoológico donde a menudo "son golpeados o drogados para someterlos y obligarlos a hacer trucos". El NYT relata que los espectáculos de simios son un negocio prolífero en el sudeste asiático, a pesar de las regulaciones internacionales que prohíben el tráfico de simios en peligro de extinción.

Entrenados para fumar y beber cerveza

Aunque los zoológicos y otras instituciones educativas pueden adquirir monos, necesitan permisos que demuestren, entre otras cosas, que los simios han sido criados en cautiverio, no capturados.

Sin embargo, desde las ONG denuncian que es relativamente fácil falsificar esta documentación, y ponen de ejemplo al Safari World de Bangkok, donde a los orangutanes se les entrena para usar guantes de boxeo y enfrentarse entre ellos.

Hace más de diez años se incautaron allí especies que fueron capturadas en las selvas de Indonesia, pero los ejecutivos del zoo se limpiaron las manos justificando que dependían de proveedores externos. Y que, por supuesto, ninguno de sus animales sufría malos tratos: "Cuando vengas a nuestro parque solo verás sonrisas en nuestros orangutanes", dijo Litti Kewkacha, vicepresidente del zoo.

Cuando en el mejor de los casos se consigue rescatarlos, es muy difícil reintroducirlos en la naturaleza. "A los que se les ha dado alcohol, les tiemblan las manos. Tienen los mismos síntomas de abstinencia que nosotros", explica Doug Cress, excoordinador para la Sociedad por la Supervivencia de los Grandes Simios (GRASP, por sus siglas en inglés), una organización perteneciente a la ONU.

El contrabando no es la única amenaza. Los bosques en los que viven son arrasados para construir carreteras, granjas, plantaciones de caucho y de aceite de palma. Lo mismo que el consumo de carne de simio por parte de personas pobres que están desesperadas por las proteínas y por los ricos que lo ven como un manjar exquisito.

Los cazadores furtivos colocan trampas en zonas sombrías del bosque donde los simios quedan atrapados y son asesinados para poder vender su carne a precios desorbitados.