Rafaela Pimentel
Rafaela Pimentel, activista integrante de la asociación Territorio Doméstico. JORGE PARÍS

Rafaela Pimentel (Baní, 1960) habla calmada. El tono es al tiempo conciliador y reivindicativo, con un acento de  República Dominicana suavizado tras 26 años viviendo en España. Llegó a Madrid para reunirse con su hijo, que entonces tenía doce años, y con su pareja. Desde entonces trabaja como empleada del hogar y, a partir de 1995 dedica tiempo y energía a la causa de visibilizar y mejorar las condiciones de las personas que se dedican al trabajo doméstico dentro del colectivo Territorio Doméstico.

Por su labor en primera línea de fuego en esa batalla larga y compleja, en la que hay que pelear tanto por el orgullo por ejercer una labor aún estigmatizada pero imprescindible para la marcha de la sociedad como por lograr los derechos laborales más básicos, Rafaela ha sido la galardonada con el premio Avanzadoras que organizan anualmente Oxfam Intermón y 20minutos.

Hablamos con ella antes de entregarle este premio, que distingue a las mujeres que contribuyen a que la sociedad sea más justa e igualitaria, mejor para todos.

Ya en República Dominicana trabajó en una ONG varios años. ¿Siempre tuvo desde niña ese interés por ayudar, por hacer avanzar a los demás?
En mi país, antes de llegar aquí, estuve ayudando con todo el tema de los huracanes desde muy jovencita. También estuve con grupos de mujeres, de feminismo, desde 1984.  Sí que tenía ese interés de estar con otra gente, de organizarnos, de echar una mano. 

En usted confluyen el feminismo y la defensa de las empleadas del hogar. ¿El feminismo ayuda a la causa de visibilizar y dignificar el trabajo doméstico?
Yo creo que sí. El empleo del hogar y el trabajo de los cuidados lo hemos hecho las mujeres toda la vida, de manera remunerada y no remunerada.  Nuestra lucha, la de las que lo hacemos de forma remunerada, es una conexión con otras luchas.  A todas las mujeres, que lo que estamos haciendo es sostener a la sociedad, se nos debe eso históricamente.

¿Cómo vive la actual explosión del feminismo?
Estoy muy contenta. Muchas mujeres estamos despertando, aunque aún faltan muchas. Siempre he participado con mi colectivo en los 8 de marzo y era una ilusión ir todos los años, pero lo del año pasado fue brutal. Me  encontraba muchas compañeras muy jovencitas cuando íbamos a contar la huelga y yo decía al ver a esas niñas escuchando lo que les decíamos las mujeres de cincuenta y pico años: "Uf, ahora me puedo morir tranquila, porque veo que hay un relevo".

¿Por qué es importante la visibilización del trabajo doméstico?
El trabajo doméstico y los cuidados siempre han estado en un ámbito privado. Es como un trabajo de hormiguitas. Tú sabes que ahí hay algo, pero ni te quieres enterar ni le das importancia. A nosotras mismas nos cuesta también darle importancia.  Muchas de las mujeres que llegamos de fuera teníamos y buscábamos otros trabajos y no sabíamos que lo que estábamos haciendo era clave para la vida de muchas personas. Si nosotras no lo hiciéramos, la sociedad no funcionaría. Visibilizar eso, que se sepa que nosotras hacemos que la vida se sostenga, es importante. Lo que no se visibiliza no se transforma.

Al cuidado de las empleadas domésticas dejamos lo que más queremos: a nuestros hijos, nuestros mayores. Estoy acordándome de que los profesores suelen quejarse de que se sienten poco valorados cuando les estamos dejando lo más preciado, a nuestros niños. 
Pues imagínate nosotras. Estamos en lo último de lo último. El empleo doméstico es algo estigmatizado. Yo cada vez que me subo en un avión y veo a las azafatas y los azafatos haciendo su trabajo me digo, esto es como el empleo de hogar. El avión es la casa. Y fíjate tú, tienen sus convenios, están bien valorados. Exceptuando gente a la que se le vaya la cabeza, a nadie se le ocurre faltarles al respeto o tocarles el culo, porque se la carga. Y sin embargo a una empleada del hogar no la valoran, la gritan, la insultan, no la pagan lo que la tienen que pagar...  a menos que llegues a familias como la que tengo yo, pero no debemos depender de la suerte de encontrar unos buenos empleadores que te respeten.

Usted siempre habla de la suerte que ha tenido con sus empleadores, ¿son mayoría o minoría las personas que trabajan con unas condiciones dignas y a las que se valora?
Se encuentran muy pocas. Cada vez este trabajo está más precarizado. Hay pocas residencias, pocas guarderías, pocas ayudas públicas, y hay familias que no tienen recursos y cada vez más acuden a una trabajadora de hogar.  Y cada vez nos dicen más que hay gente buscando una trabajadora que no tenga papeles, porque así no van a pagar  la seguridad social, no le van a hacer contrato. La mala gente va buscándose sus maneras. Esto es como la ley de la selva.

¿No ha mejorado en los últimos tiempos?
Ha mejorado en que se conoce que las trabajadoras tenemos unos derechos. Lo del 2011, esa lucha que tuvimos y acabó en el Real Decreto 29/2012, supuso unas mejorías. Entramos en un régimen general de un sistema especial, hasta entonces no se reconocía el derecho de las trabajadoras de hogar a tener un contrato, a que no se las tenía que pagar en mano, a una cosa muy importante: cotizar. Mira, hasta 2011 teníamos que esperar 29 días para que se nos reconociera una baja laboral, cuando tenemos todas las papeletas de que nos pueda pasar algo: nos podemos caer de una escalera, nos podemos quemar, nos podemos hacer daño levantando a una persona o jugando con los niños.  Durante estos años ha habido mujeres que han sido muy valientes y han denunciado los despidos improcedentes y han ganado. Fue entonces cuando se reconocieron esos derechos. Yo creo que ha mejorado en ese sentido aunque todavía tenemos que estar peleando porque hay que avanzar y porque la ley que ya hay no se está cumpliendo.

Estamos viendo y felicitando a las mujeres que destacan en distintos campos como la política, la empresa o la ciencia. ¿Los avances de muchas mujeres se construyen sobre los sacrificios de otras tantas mujeres?
Muchas mujeres saben que lo que ellas son, es porque hay alguien haciendo ese trabajo en su hogar. Y muchas veces son mujeres sin contrato, sin reconocimiento, con salarios paupérrimos. Le están quitando a esas personas poder avanzar en su proyecto de vida para avanzar ellas en el suyo. Las mujeres que han salido al ámbito público, a trabajar, tienen también esa deuda. La sensibilidad y solidaridad de muchas mujeres es  nula. A nosotras nos despidieron a una mujer por teléfono hace dos años por quedarse embarazada. Llevaba doce años trabajando en esa casa y ganó el juicio.

¿Cuántos despidos ganados han llevado en Territorio Doméstico?
14 o 15. El domingo pasado una chica que llevaba siete años trabajando y acaba de ganar un despido lo contaba en un taller, y había otras mujeres que habían pasado por esa situación y se dieron cuenta  de que les habían hecho lo mismo. A una le dimos la información de que, aunque haya pasado un año, puede reclamar.

¿En qué más se ha avanzado?
En ser visibles. No tiene nada que ver con cuando nosotras empezamos en el 2006. Ahora se está hablando de cuidados, del empleo de hogar, antes ni siquiera se mencionaba. Ahí sí creemos que ha habido una mejora bastante grande. También es importante el avance en la organización de las mujeres en estos sectores y la alianza con otros colectivos.

La ministra de trabajo, Magdalena Valerio, ha expresado en varias ocasiones la importancia que tiene el sector de los cuidados y que va a ser mucho mayor por el envejecimiento de la población. ¿Le están dando los políticos la importancia que merece?
No. Y si le dan la importancia, no tienen la voluntad política.  Nosotras, en el mes de julio, tuvimos reuniones con ellos por el tema de la enmienda. Te explico, en 2011 se nos dijo que en el 2019 estaríamos en el régimen general de la Seguridad Social. Fue una promesa que hemos estado esperando todo este tiempo, siguiendo con nuestra lucha porque las situaciones que están viviendo las compañeras no son como para esperar. Hace muchísimo tiempo que en Europa se ha dicho que los regímenes especiales no pueden existir, pero el PP en primavera incluyó una enmienda con la que nos dijeron que había que esperar al 2024, así que las trabajadoras de hogar no aguantamos más y nos fuimos a protestar al Senado, al Congreso, a los ayuntamientos...  Tuvimos reuniones con los partidos políticos, con el PSOE  que no era en ese entonces el Gobierno y que estuvo muy interesado en escuchar; pero luego nos costó muchísimo que pudiéramos hablar con ellos. Lo hicimos, salió una reunión con el Secretario de Seguridad Social, Octavio Granado, y con la Secretaria de Migración y Género, Consuelo Rumí, en la que nos dijeron que teníamos que designar a una persona porque iban a hacer una mesa de negociación. Nosotros enviamos una persona inmediatamente, también enviamos 75 medidas que podrían servir. Tenían que habernos llamado en septiembre, pero todavía estamos esperando. Y nos hemos dado cuenta de que han negociado por nosotras, porque han salido titulares en la prensa de que el Gobierno va a ratificar el convenio 189 de la OIT, pero a nosotras no nos han llamado. Han negociado siempre por nosotras los sindicatos, pero queremos negociar nosotras mismas, queremos estar en la mesa.

¿Y creen que el convenio 189 será finalmente ratificado y efectivo, aún sin ustedes?
Cuando salió en los medios muchas trabajadoras estaban muy felices, casi brindando, como si ya lo hubiéramos conseguido. Pero no es verdad y no hay voluntad política para hacerlo. Si nos dicen que van a ratificar el convenio así, sin más medidas, va a ser ponerse la medallita de esta lucha que nos está costando tanto. La mayoría de los políticos, la mayoría de los líderes de los sindicatos, tienen trabajadoras de hogar en su casa. La mayoría son hombres y no quieren meterse en ese tinglado.

¿Las mujeres conocen sus derechos? ¿Lo que podrían denunciar?
Es el objetivo de Territorio Doméstico. Nuestro primer empeño fue encontrarnos y escucharnos, porque la mayoría estábamos solas acá. No teníamos siquiera un sitio de encuentro. Lo primero que hicimos fue talleres de derechos laborales y así seguimos estos más de diez años.  La información está llegando, pero hace falta más, porque cada vez que damos talleres hay mujeres que salen con preguntas. Hay gente que no sabe que tiene que tener 36 horas de descanso. Se están dando situaciones increíbles, de encontrarnos gente que no libra ningún día. Ninguno. El otro día nos llamó una compañera para ver qué podíamos hacer porque había una chavalita de 23 años con unos abuelos y la tenían durmiendo en el suelo. No te dan permiso para ir al médico. Por eso nació el observatorio Jeanneth Beltrán entre Senda de Cuidados y Territorio Doméstico, para recoger estas situaciones y poder hacer una denuncia colectiva dentro de un año. Se están dando muchas vulneraciones de derechos, pero muchas mujeres ni lo ven así, no son conscientes. Y luego se da la circunstancia de que muchas trabajadoras del hogar están en la cuerda floja. No puedes decir yo esto lo entiendo y lo peleo cuando esas remesas que envías están sosteniendo a tus hijos que están estudiando, cuando el dinero para tratar con quimio un cáncer lo está mandando desde aquí. Por eso muchas mujeres están aguantando situaciones muy graves, porque están sosteniendo a familias enteras. Son muy vulnerables, es muy difícil.

¿Qué le diría a las mujeres que están aquí trabajando en el ámbito doméstico?
Que hay que organizarse, que tienen que valorar su trabajo y que sepan sus derechos y los reclamen. Pero lo más importante es estar juntas, porque reclamar sola es complicado. El trabajo que estamos haciendo no nos da tiempo para hacer muchas cosas, pero hay que sacar un momentito para buscar a las compañeras. Tenemos que reconocernos, que encontrarnos y conocer nuestros derechos, para que así podamos encontrar a otras compañeras y decirles cuáles son. Que busquen información, que le digan a otra compañera en el parque, en el supermercado, yo hago trabajo de hogar, qué información tienes tú y qué  información te puedo dar yo.

Y decirlo con orgullo.
Claro. Es muy importante que sepamos todas las trabajadoras del hogar y las cuidadoras que lo que estamos haciendo es un trabajo valioso. No venimos a quitar un trabajo a nadie, lo que estamos haciendo es necesario. A las compañeras que no han llegado al proceso de reconocer que este trabajo es importante, que piensen que tienen un trabajo que hace que se mueva el mundo, que avancen las sociedades.  Y lo que tenemos que pelear es porque nos lo valoren.

¿Y qué diría a los empleadores?
Que se pongan en la piel de esas trabajadoras. ¿Qué harían ellos si estuvieran en un trabajo en el que no tuvieran derecho ni Seguridad Social ni a vacaciones y se les gritara? Siempre digo a los empleadores que es muy fácil tener a una trabajadora de hogar con sus derechos, es solo tener la voluntad de hacerlo, simplemente eso. Y hay que decirles también que hay empleadores que ya lo hacen y es una satisfacción cuando cumples con esos derechos hacia esa trabajadora y que compensa. Yo llevo 21 años en la misma casa y sé bien que vamos a sacar ventajas para las dos partes. Tú me dejas a mí tus tesoros  y yo voy a estar ahí, nos vamos a sentir cómodos, no vas a tener la preocupación de que si me ofrecen otro trabajo me vaya. Y a los empleadores que tienen a una trabajadora de hogar y no tienen recursos suficientes para tenerla en condiciones, que reclamen  porque tenemos derecho a políticas públicas. Estamos dejando en manos de los empleadores y de los trabajadoras una responsabilidad que es de las administraciones públicas. Esto es una mesa de tres patas, empleadas de hogar, empleadores y Estado. El Estado no está haciendo nada, las familias que pueden tener una trabajadora en condiciones, muchas veces no la tienen, y otras familias que tendrían trabajadoras en condiciones, no tienen los recursos.  Hay muchas políticas de igualdad y reconocimientos a las mujeres, pero pocas ayudas para esta gran empresa que son los hogares.

Por último, ¿qué les pediría a nuestros políticos?
Que pongan el tema de los cuidados en el centro. Hay políticas que hacen que son paños tibios mientras hay vidas de mujeres lapidadas por trabajar en condiciones paupérrimas. Que dejen de darnos cursitos de formación, que muchas veces no valen para nada y que dejan fuera a las mujeres sin papeles, y que vayan verdaderamente al fondo de la situación. Los cuidados ahora en las administraciones públicas están tomados por empresas que contratan a unas trabajadoras de ayuda a domicilio en condiciones muy precarias y nosotras exigimos desde siempre que a esas empresas les hagan unos pliegos éticos y hemos querido entrar como cooperativas, pero no nos dejan y las Administraciones Públicas no quieren romper con esos dos monopolios. Hay una ley de extranjería que es incoherente y que tienen que tener en cuenta, porque hay muchas mujeres sin papeles ejerciendo este trabajo. Hay que terminar de ratificar ese convenio 189 de la OIT, pero no solo eso, hay que aplicar las medidas como en otros países de los que podrían tomar ejemplo. Y hay que hacer políticas públicas para mejorar esta situación.