gato lengua
Un gato se asea con su lengua. WIKIPEDIA

Los gatos domésticos duermen una media de 14 horas al día, pero cuando están despiertos emplean hasta un cuarto de su tiempo en lamerse para eliminar las pulgas y los restos y refrescar el pelo que recubre su cuerpo.

Sus lenguas están cubiertas de cientos de espinas puntiagudas curvadas en la misma dirección llamadas papilas, que son las responsables de darle un tacto tan áspero a su sinhueso.

Según un estudio publicado esta semana en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences', estas finas estructuras contienen una cavidad vacía en la punta que desempeña un papel clave en el aseo felino.

"Ya se había estudiado antes cómo aumenta la cantidad de pulgas si los gatos no se asean y ya había estudios microscópicos de las papilas. Pero nosotros hemos sido los primeros en descubrir que las papilas tienen un hueco que está involucrado en los lametones", ha declarado el investigador David Hu, coautor del trabajo.

Cada cavidad en forma de "U" se encarga de recoger saliva de la boca para luego distribuirla por el pelo en los lengüetazos. En concreto, cada uno de los huecos puede almacenar hasta 4.1 microlitro de saliva, cantidad equivalente a una décima parte de una gota de colirio.

Además, con cada lametón, la lengua deposita cerca del 50% del fluido en el pelaje para refrescarse y regular la temperatura corporal.

No todos los felinos pueden

De esta forma, el alivio que experimentan los gatos tras el aseo depende de si las papilas pueden penetrar en el pelaje hasta llegar a la piel. Esto explica por qué a algunas especies de gatos domésticos, como los gatos persas de pelo largo, les cuesta mucho acicalarse.

"Las papilas tienen que llegar hasta la piel para disolver los aceites y el resto de materiales. Los gatos persas tienen el pelaje demasiado grueso como para que penetren las papilas. Como no pueden llegar a la piel, el gato no se puede asear por completo", añade Hu.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores alexis Noel y David Hu grabaron imágenes de alta velocidad de gatos lamiéndose y emplearon una técnica de tomografía computarizada, así como medidas de la potencia del lamido, para entender el mecanismo que se esconde detrás de cada lengüetazo.

También, analizaron el órgano de seis especies diferentes de félidos -gato montés, puma, irbis, tigre y león- que recogieron después de su muerte.

A partir de los datos obtenidos, los autores del estudio diseñaron un cepillo inspirado en la lengua del gato. De acuerdo a los investigadores, esta herramienta puede ser útil para acabar con los alérgenos del pelaje de gato y para aplicar lociones y medicamentos en la piel del felino.

Sus púas curvadas permiten, además, desprender el pelo sobrante con facilidad, lo que les diferencia de los cepillos tradicionales.