Stephen Hawking
Stephen Hawking, en una imagen de 2016. GTRES

El pasado 14 de marzo fallecía a los 76 años el científico británico Stephen Hawking, pero el genio de la astrofísica moderna aún tenía conocimientos sobre el universo que compartir con el mundo, como demuestra su última obra, Breves respuestas a las grandes preguntas. El científico murió mientras trabajaba en el libro, que su familia y colegas terminaron con la ayuda de sus vastos archivos personales.

¿Existe un dios?, ¿cómo empezó todo?, ¿se puede predecir el futuro? o ¿qué hay dentro de un agujero negro? Son algunas de las diez preguntas a las que el cosmólogo trató de dar respuesta en las poco más de 200 páginas que forman el volumen.

Sin duda, la que más atención está suscitando es la relativa a la existencia de un dios. "No hay Dios. Nadie dirige el universo", escribe en el libro, donde además añade que "durante siglos, se creía que las personas discapacitadas como yo vivían bajo una maldición que fue infligida por Dios. Prefiero pensar que todo se puede explicar de otra manera, por las leyes de la naturaleza", según cuentan en la CNN.

Hawking sufrió de esclerosis lateral amiotrófica (ELA), un trastorno neurodegenerativo también conocido como Enfermedad de Lou Gehrig, durante la mayor parte de su vida adulta, años y años en los que el científico no ocultó en ningún momento su ateísmo.

"¿Tengo fe? Todos y cada uno de nosotros somos libres de creer aquello que queramos, y mi creencia al respecto es que la explicación más simple es que no existe dios. Nadie creó el universo y nadie dirige su destino. Esto me lleva a una profunda reflexión personal: Probablemente no existe un cielo ni ningún tipo de vida después de esta", dice Hawking, que en el pasado también habló de la existencia de formas de vida inteligente "allá fuera", llegando a advertir sobre los intentos de contactar con ellas: "Necesitamos tener cuidado al responder hasta que nos hayamos desarrollado un poco más".

Para Hawking, como dijo esta semana su hija Lucy durante el lanzamiento mundial del libro en Londres, lo más importante era "responder a las grandes preguntas de una manera accesible, entretenida y relevante para todo el mundo".

Una forma sencilla de comunicar conceptos complejos que ya demostró dominar en su Breve historia del tiempo, el libro que le lanzó a la fama a nivel popular en 1988, y en el resto de trabajos de una carrera que le convirtieron en uno de los autores de divulgación científica más aclamados de todos los tiempos.

Según Lucy Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas podría resumirse como "una llamada a la unidad y a la humanidad" para "encontrar soluciones" a los retos del mundo, entre los que reveló tácitamente el desasosiego que le producían a su progenitor el brexit y los nacionalismos.

Lucy señaló que su padre antes de morir estaba "preocupado" porque, "cuando los retos globales requieren una mayor unión y cooperación", la gente está adoptando un pensamiento "cada vez más local, fragmentado y dividido".

Sin embargo, aseguró que era "optimista sobre el futuro" porque creía "firmemente" en el ser humano y en "su habilidad para utilizar su inteligencia" con el fin de desarrollar "las herramientas para resolver los problemas".