Tamara de Lempicka. La bella Rafaela, 1927, óleo sobre lienzo
La exposición incluye en torno a 200 piezas procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestadores. © Tamara Art Heritage / ADAGP, Paris/ VEGAP, Madrid, 2018 TAMARA DE LEMPICKA

En el mundo del arte, como en otras muchas disciplinas, existen personas que crean tanta, o incluso, mayor atracción que sus propias obras. La pintora de origen polaco Tamara de Lempicka (1898-1980), sin lugar a duda, ocupa un puesto de honor en este pódium de 'vidas fascinantes'.

La experta en arte italiana Gioia Mori lo tiene claro. Ha dedicado una década a reconstruir los pasos que llevaron a esta artista desde la Europa del Este de finales del siglo XIX al México del siglo XX -país donde fallecería en 1980- y para ella, Lempicka es la simbiosis perfecta entre ambas cosas: "fue un personaje pero también una gran artista".

Mori, que ha comisariado la exposición que ahora dedica a Lempicka el Palacio de Gaviria en Madrid, la define, ante todo, como un símbolo de modernidad: "Fotografía, cine, moda... Tamara tomaba en préstamo elementos de todas estas artes y esto es un síntoma de su modernidad y también una muestra de su gran visión de futuro. Lo interesante es que, a la vez, también se inspira en lo antiguo. Era una gran estudiosa de la obra de Bernini o Miguel Ángel y esto se refleja en sus pinturas".

La propia artista lo resumiría así: "Vivir rodeada de los objetos creados por nuestros bisabuelos... ¿por qué? Creemos nosotros mismos. Yo trato de vivir y crear de modo que tanto mi vida como mis obras lleven la marca de los tiempos modernos".

Con todos estos ases en la manga, Lempicka se erigió durante los años 20 en abanderada del art déco, movimiento que destacó por sus motivos geométricos, colores brillantes y formas rotundas. La transgresión de la artista fue fundamental pero también se unió su tesón: "era una trabajadora incansable, podía pintar durante doce o catorce horas diarias", señala la comisaria.

Antes de 1925 -año clave para el art déco gracias a la Exposición Internacional de Artes Decorativas en París- Tamara ya era uno de los nombres más solicitados del mundo del arte, aparecía en todos los periódicos, los encargos no cesaban de crecer y, por extensión, se convirtió en una de las pintoras más adineradas de la época.

Lo maravilloso en su caso es que, al mismo tiempo que su producción pictórica crecía, revolucionaba el mercado y se convertía en un icono, su vida de glamour propia de una actriz de Hollywood tampoco dejaba indiferente a nadie. Llegaría a París tras la Primera Guerra Mundial huyendo de la revolución bolchevique y allí entraría en contacto con las vanguardias y se codearía con personajes como Cocteau, Joyce, Colette o Isadora Duncan.

Allí también se compraría una casa en la Rue Méchain 7, decorada por su hermana Adrienne Gorska (la primera polaca que logró licenciarse en arquitectura) que sería alabada en varias publicaciones de la época como "ejemplo de la modernidad"; y daría rienda suelta a su fascinación por la moda. Tomando como modelo a la actriz Greta Garbo, buscó posicionarse como "la mujer más elegante" de París y se dejó retratar por los fotógrafos de las estrellas: Lorelle, D'Ora, Maywald...

Casada en dos ocasiones, Tamara nunca ocultó sus amores femeninos. De hecho, inspiraron diversas pinturas que ella llamaba 'visions amoureuses' y que ahora pueden verse en esta exposición: Sa tristesse (1923), La hermosa Rafaela (1927) o Las muchachas jóvenes (1930).

Dividida en diez secciones, Tamara de Lempicka. Reina del art déco es la primera exposición retrospectiva que se le dedica en Madrid (la segunda en España, ya que hubo otra en Vigo hace una década). Incluye en torno a 200 piezas procedentes de más de 40 colecciones privadas, museos y prestadores y podrá visitarse hasta el 24 de febrero de 2019.

Lo original en este caso es que sus obras -agrupadas por temáticas como el París de los locos años 20, la moda, sus amores lésbicos o su etapa en Los Ángeles, a donde llegaría antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial- están colocadas en ambientes decorados con objetos déco proporcionando al visitante una experiencia inmersiva. De esta manera, pueden verse muebles, lámparas, vidrieras, fotografías y grabaciones de época e, incluso, algunos de sus trajes y sombreros diseñados por Descat, Vionnet o Schiaparelli.

Lempicka en España

En el verano de 1932, Tamara de Lempicka llega a España donde visitará Málaga, Sevilla, Córdoba, Toledo y Madrid. Publicaciones españolas de la época recogen su fascinación por las pinturas de El Greco y Goya. Dos años después conocería a Alfonso XIII durante el exilio italiano de éste. El monarca posaría para ella (encuentro del que se pavonearía en innumerables entrevistas viviendo ya en Estados Unidos) pero el cuadro se creía desaparecido hasta la fecha. Después ochenta años, la comisaria de la muestra la ha localizado y podrá admirarse por primera vez en esta exposición.