Fundación Vicente Ferrer
Juan Manuel Viera, pocos días antes de volar a la India para correr una maratón diaria durante un mes en apoyo de la Fundación Vicente Ferrer. JORGE PARÍS

Una maratón diaria, hasta completar mil kilómetros, recorriendo la India de norte a sur, atravesando caóticas megaurbes como Mumbai, parques naturales plagados de tigres, osos y serpientes, y con temperaturas que rozarán los 40 grados. Es el reto que se ha marcado Juan Manuel Viera, con un "motivante" objetivo: ayudar a la Fundación Vicente Ferrer a seguir "logrando milagros" en su camino hacia la erradicación de la pobreza.

"Esta es de las pruebas más importantes que uno hace en la vida", afirma este director de banco de Las Palmas de Gran Canaria pocos días antes de coger el vuelo que le ha llevado directo a la aventura, una aventura para la que ha pedido una excendencia de un mes y la comprensión de su mujer y sus dos hijos. "A la familia la tengo que poner en un pedestal", reconoce entre risas, el mismo humor con el que cuenta que "a la gente le sorprende" que alguien que trabaja en banca haga algo así. "También hay humanidad en los bancos", agrega sin perder la sonrisa.

Juan Manuel, de 48 años, colaboraba con la fundación a través del apadrinamiento, hasta que en 2015 le convencieron para que viera in situ la labor que la organización realiza en el país asiático: "Te quedas impactado. Primero porque pese a las condiciones en las que viven y lo complicado que es su día a día, aquellas personas nos dan lecciones de valores. También me impactó que la fundación llega a más de tres millones de habitantes, pero en la zona hay 168 millones en extrema pobreza, por lo que queda mucho por hacer. Y en tercer lugar me impresionó conocer la situación de los chenchus, una tribu cuya esperanza de vida es de 42 años".

Este runner aficionado volvió de aquel viaje convencido de implicarse más activamente en la ayuda humanitaria y creó la Anantapur Ultramaratón, una carrera solidaria que en enero cumple su cuarta edición. Para darle precisamente un impulso y promocionar la cita de 2019 surge el nuevo desafío que arrancó este lunes en Delhi y que se prevé que finalice en torno al día 27 en Bathalapalli, lugar donde está enterrado Vicente Ferrer. 

'Un km, una vida'

La Anantapur Ultramaratón, bajo el lema Un km, una vida y que empezó con Juan Manuel como único corredor, tiene ya 120 participantes, ha permitido que 630 niños indios sean apadrinados y ha recaudado 178.000 euros. Este año se logró dinero para reconstruir el pueblo de Yerragunta: 36 familias que contarán con casas, un pozo, electricidad... y cuyos hijos podrán dejar de hacer un largo trayecto para ir al colegio.

"Estos mil kilómetros están muy enfocados a los dos objetivos principales de la Anantapur Ultramaratón: volver a apadrinar al mayor número de niños posible y reconstruir otra aldea", explica este canario. Esa segunda aldea se llama Sundaraiah y en ella viven 45 familias sin casas, sin agua, sin calles, sin escuelas... "Nos están esperando. Hacer 42 kilómetros diarios no va a ser fácil, ni física ni psíquicamente, pero ese es mi mejor doping", afirma. 

Juan Manuel le ha dedicado muchas horas a entrenarse para un mes en el que sabe que llevará a su cuerpo a límites poco habituales, con pruebas, más que de velocidad, de resistencia. "Para afrontar esta aventura uno se mueve siempre entre la conciencia y la inconsciencia", admite. 

Seis horas diarias de carrera

Cada jornada arrancará sobre las cinco de la mañana, con aproximadamente seis horas de carrera por delante. "Yo una maratón la corro en tres horas y media más o menos pero aquí tengo que dosificar, no puedo ir a tope", comenta este voluntario. A partir de las once dedicará el tiempo a visitas culturales, reuniones y a desplazarse al punto de partida de la siguiente etapa. En la primera parte del viaje, cada dos días cogerá un avión y a partir de la semana y media, esos desplazamientos los realizará en un vehículo: "En esa segunda parte haremos 120 kilómetros diarios, 42 corriendo y el resto, en coche". 

"En cuanto a las estancias, en cada sitio tenemos dos o tres opciones. En función de cómo se vaya dando el día, en un margen de 20 kilómetros tenemos tres alojamientos distintos en los que podernos quedar. En la medida de lo posible será en aldeas pero también tenemos algunos hoteles alternativos", cuenta.

Si preparar semejante logística ha podido resultar complejo, a Juan Manuel lo que más le preocupa es alimentarse adecuadamente y llegar a ingerir las 6.000 calorías que va a necesitar. La posibilidad de llevar comida liofilizada ha sido inviable por lo que espera poder ingerir muchos frutos secos, fruta, arroz... intentado evitar por todos los medios el picante. 

En esta experiencia, Juan Manuel está acompañado de Faustino León, quien realiza las labores de avituallamiento, y de Jaime Ramos, que se encarga de documentarlo todo. Han aprendido primeros auxilios y llevan medicinas y un plan de seguridad elaborado por dos médicas. Ellos costean de su bolsillo un proyecto que oscilará entre los 9.000 y los 16.000 euros. "Nosotros no recibimos nada. Va todo a la fundación", resalta el impulsor de la idea, que aprovecha para lanzar el mensaje de que "las ayudas llegan": "Lo hemos visto. Ves cómo las cosas cambian y te das cuenta de que erradicar la pobreza es posible".