Imagine Dragons
El líder de la banda estadounidense Imagine Dragons, Dan Reynolds, durante su actuación en el DCode Festival. EFE

La lluvia fue ayer el principal miedo de los 25.000 asistentes que, bien como cita indispensable, bien como primer acercamiento al universo festivalero -en la misma universidad, ¿por qué no?- se enfundaron su chubasquero dentro del recinto del DCode.

El festival cierra la temporada de verano, y el tiempo parecía advertir que esta vez sería una despedida abrupta. Sin embargo, solo asomaron verdaderos chaparrones en los primeros bolos, una situación que poco importó a la fiesta de La M.O.D.A. ni a la dulce voz de Clairo que, con las gotas resonando en la carpa como un redoble de fondo, se las arregló para encandilar a los asistentes en el primer concierto de su gira otoñal a pesar de su corta edad y la sobriedad de su escenario.

Era mediodía y las nubes dieron tregua para dejar paso a Sidonie. Los curtidos barceloneses ejecutaron un directo algo más corto de lo que acostumbran -quizá la hora tuvo algo que ver-, pero en el que no faltaron temas como Fascinado, Nuestro baile del viernes o El incendio hilados con los más recientes No sé dibujar un perro, referencia a Dylan mediante, Carreteras infinitas o Siglo XX.

De plateado, en gama con el cielo sobre ella, Jorja Smith impresionó desde el principio. No hizo falta coreografía alguna, ni siquiera mediación con el público o salidas de guion en la lista de canciones. Hierática, fue capaz de dirigir a una gran banda a golpe de voz prodigiosa. Recuerda a Erykah Badu, a Keys y a Winehouse, y enarbola una seguridad que hace que, con solo un elepé en el mercado, ya sea una de las artistas jóvenes más codiciadas.

Tras Smith y un efectivo Sam Fender, llegó la dualidad. La mayoría de asistentes no podía abandonar el recinto, y solo quedaba elegir entre dos abanderados del círculo alternativo patrio. En un lado, Viva Suecia entonaban al amor y la melancolía; al otro, Shinova mostraban su potente despliegue guitarrero.

Todo confluyó en Izal. Antes, Albert Hammond Jr. y su eterna juventud brindaron un show que, sin desmerecer a su carrera en solitario, evocaba al punto más roquero de los Strokes, algo alejado del misticismo de Julian Casablancas; Bastille intentaron, con un potente directo en el que no faltaron su archiconocida Pompeii ni su reciente Happier, hacerse un hueco en la lista de los más recordados del festival.

Pero muchos esperaban a Mikel y los suyos. No es de extrañar: las canciones de Izal alcanzan su culmen sobre el escenario, e incluso los más reticentes a su nuevo indie se sorprendieron entonando Qué bien, Pánico práctico o Magia y Efectos especiales. Unos visuales dignos de cualquier cabeza de cartel internacional fueron el complemento ideal a un directo ejecutado con maestría, que encontró en El baile y El pozo un cierre perfecto.

Fantasía épica

Si Imagine Dragons fuesen una película, probablemente estaría dirigida por Peter Jackson. Los de Dan Reynolds desplegaron un carisma que suple con creces el hecho de que su discurso sea una constante repetición, tanto en forma como en fondo. Poco importaba eso frente a la epicidad de un concierto diseñado para lucir su medalla de cabezas de cartel, a pesar de que la sorpresa era difícil después de su triunfo en el Palacio de los Deportes el pasado abril.

Pero la consiguieron. Con un formato más festivalero, renunciaron al toque acústico para apostar por una potencia que no mermó en hora y media de concierto. Cañones de humo, tres disparos de confeti y luces por doquier aseguraron el trono a los londinenses. Como corona, un Believer que tumbó el recinto de la Complutense.

Más discretos fueron The Vaccines. sin pretensiones, supieron seguir la fiesta de esa parte del público que, después de la adrenalina del concierto anterior, tenía energías para más. Su punk divierte gracias a canciones como Post Break-Up Sex o If You Wanna, que muchos bailaron en los círculos de las últimas filas.

En la misma línea actuaron Kakkmaddafakka. Los noruegos se defendieron frente a una audiencia algo extenuada -al fin y al cabo, un puñado de horas y una decena de conciertos hacen mella en cualquiera-, y consiguieron animar a los más resistentes a golpe de éxitos antiguos -Your Girl, Is She- y temas nuevos en la misma línea -Blue Eyes-.