Niño utilizando un teléfono móvil
La mayoría de niños tienen su primer teléfono móvil a los diez años. THINKSTOCK

En Francia se aprobó el pasado mes de diciembre una ley que prohibirá, a partir del próximo curso, el uso de teléfonos móviles en centros escolares, salvo para fines didácticos. Esta medida se aplicará en las escuelas elementales (6 a 10 años) y el collège, el primer ciclo de la educación secundaria (11 a 14 años).

Macron ha cumplido su palabra, ya que en su campaña electoral de 2017 planteó esta reforma, que cumple las ideas del ministro de Educación Jean-Michel  Blanquer de implantar una educación más tradicional. Blanquer define el aula como "una pequeña república donde se aprende a escuchar, a entenderse, a cooperar y aprender lo que está en juego en la vida colectiva".

Cuando en España se tuvo noticia de esta medida, las posiciones de los expertos en educación y políticos se dividieron. Para algunos, como Íñigo Errejón, la reforma francesa fue una fuente de inspiración. Aunque no aboga por aplicar la prohibición radicalmente, en declaraciones a El Independiente defendió que "hay que recuperar el valor de la palabra" y que "las cosas más importantes de la vida no se aprenden a través de una pantalla".

El futuro candidato a las elecciones autonómicas planteó aplicar medidas en la Comunidad de Madrid para "buscar el equilibrio entre las ventajas de la tecnología como herramientas de aprendizaje y las desventajas, como las distracciones, el ciberbullying o la adicción".

Varios expertos en educación coinciden en que prohibir no es educar y que se debe introducir la tecnología en las aulas para que los jóvenes aprendan a utilizarlas de forma responsable. Los móviles tienen muchas más utilidades que conectarse a las redes sociales, y se pueden potenciar desde los centros educativos.

Según el profesor Guillermo Bautista, investigador de Ciencias de la Educación en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), "estos dispositivos son un elemento fundamental de socialización para los niños, igual que para los adultos, por lo que la escuela no puede apartarse de esta realidad".

En España el 75% de los adolescentes de entre 12 y 15 años tiene móvil. Algunos expertos, coinciden con María Zabala, que en una entrevista con El Español declaró que "si los prohibimos estarán esperando a cuando salgan del colegio para usarlos con más ahínco". Ella también apuesta por su introducción en las aulas "de manera responsable a través de buenas prácticas educativas".

De momento, en España no hay leyes que regulen estas conductas, las normas concretas son responsabilidad de cada centro, aunque el Real Decreto de Derechos y Deberes de los Alumnos prohíbe cualquier comportamiento que altere el ritmo de la clase o pueda molestar a los alumnos, entre los que se suele incluir el uso del móvil.