Sintecho
Una imagen de archivo de un sintecho. ATLAS / ARCHIVO

Acceder a una vivienda es cada vez más difícil para las personas más vulnerables económicamente, según ha constatado Càritas Diocesana de Barcelona, que este jueves ha informado de que en 2017 atendió a 743 familias sin hogar, lo que supone un incremento del 36% respecto a 2016 (546). También se registró un aumento durante los cuatro primeros meses de este año en relación al mismo periodo del año anterior, del 25%.

Además, ha señalado la responsable de Análisis Social e Incidencia de la organización, Miriam Feu, un 53% de las 12.165 familias atendidas en 2017 no tenía una vivienda digna, lo que representa un incremento de más de cinco puntos porcentuales en comparación con 2016. En este grupo se engloban las que viven sin techo, de realquiler, ocupando un piso o acogidas por familiares, amigos o entidades sociales.

Esta problemática hizo que el año pasado Càritas de Barcelona tuviera que destinar 1.342.296 euros a gastos relacionados con la vivienda, el 47% del presupuesto que dedicó a ayudas económicas. A través de estas, de la mediación y de ofrecer 1.351 plazas en pisos y centros residenciales, la entidad evitó que 3.629 personas se quedaran en la calle en 2017.

Feu ha atribuido el crecimiento de las dificultades para acceder a un hogar, en parte, al encarecimiento de los precios de los alquileres. "Nosotros ofrecemos viviendas temporales a personas sin recursos y no pueden dejarlas porque no les alcanza el dinero para acceder a un piso", ha dicho.

Por su parte, el director de Càritas de Barcelona, Salvador Busquets, ha apuntado que "un hecho diferencial de la pobreza en la capital catalana es la falta de vivienda social" y ha pedido incrementarla "del actual 2% al 15%", para llegar a la media europea, así como regular el precio del alquiler. Asimismo, ha reclamado "un acuerdo de las fuerzas políticas del Ayuntamiento" para construir entre 1.500 y 2.000 pisos públicos al año durante una década.

A lo largo de 2017, la entidad, que presta ayuda a quienes están más necesitados económicamente, atendió a un total de 22.635 personas, un 0,9% más que en 2016 (22.435) y más del doble que en 2007, antes de la crisis, cuando fueron 9.692. Al 65% ya las había atendido en años anteriores.

El 77% de las personas en edad laboral que acudieron a Càritas de Barcelona estaba en paro y el 17% tenía un empleo precario que no le permitía llegar a fin de mes, un porcentaje que aumentó tres puntos respecto a 2016 (14%). "Cada vez que iba a buscar trabajo lo encontraba, pero de dos horas, cuatro días...", ha explicado Isidro Sánchez, uno de los atendidos, que gracias a la entidad logró finalmente "un contrato de seis meses". Por su parte, Busquets ha apuntado que "tener trabajo ya no garantiza unas condiciones de vida dignas".

Respecto a la composición de las familias a las que Càritas de Barcelona prestó ayuda, en el 44% había niños y el 17% eran monoparentales. Sara Corte, una madre soltera de dos hijos que también acudió a la organización, ha contado que le consiguieron plaza de guardería. "Desde ese momento para mí las cosas fueron cambiando. Antes se me caía el mundo", ha afirmado.

El 41% de los atendidos el año pasado fueron españoles y el 59%, extranjeros, de los que el 25% estaba en una situación administrativa irregular.

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