Nicaragua
Manifestación contra el Gobierno del presidente, Daniel Ortega, en Managua. Jorge Torres / EFE

Miles de manifestantes en Managua y otras ciudades de Nicaragua pidieron este lunes pacíficamente la salida del poder del presidente, Daniel Ortega, y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, a los que acusaron de represión y violación de los derechos humanos en sus once años al frente del país.

"Que se vaya el dictador", "Los muertos no dialogan", "No te tenemos miedo", y "Daniel, te queremos fuera" eran lemas que podían leerse en algunas de las pancartas de la marcha por la capital, la más multitudinaria que se recuerda en décadas en el país.

La manifestación ocupó unos siete kilómetros de calles y tuvo lugar en el sexto día de las protestas callejeras que estallaron por la reforma de la Seguridad Social y que en muchos casos degeneraron en violencia con resultado de muertos a tiros, entre ellos un periodista que estaba transmitiendo en directo.

Organizaciones humanitarias han cifrado en al menos 27 los muertos y en casi 500 los heridos, mientras que el Gobierno informó el viernes pasado de diez fallecidos.

"¡No eran asesinos, eran estudiantes!" era otra de las consignas de los manifestantes, en alusión a quienes encabezaron las protestas, varios de los cuales están arrestados. Los asistentes acusan de la violencia desatada a las fuerzas de choque del Ejecutivo, conocidas como "turbas" que, aseguran, actuaron con el apoyo de la Policía.

La reforma, que subía las cotizaciones y bajaba las pensiones, fue derogada el domingo en un intento fallido por contener un descontento que dejó de tener sólo como motivo el tema de la Seguridad Social. "Es una oportunidad para nosotros para poder salir adelante, ya estamos hartos de esto. No queremos más dictadura, Nicaragua libre", respondió Emerson Velázques a Efe al preguntarle por qué se manifestaba este lunes en Managua.

Tras un fin de semana de actos vandálicos, saqueos, cajeros automáticos sin dinero y filas interminables en las gasolineras, este lunes una tensa calma reinó en el país, donde las clases fueron suspendidas y algunas calles mostraban todavía barricadas, llantas quemadas, piedras, troncos cruzados y desolación.

"Tenemos una calma y una normalidad que nos anima a todos, porque las familias nicaragüenses quieren tranquilidad", dijo al respecto la vicepresidenta Murillo, que reiteró el llamamiento al diálogo del Gobierno y dijo que la liberación de detenidos, sin dar una cifra, sentaba la bases para ello.

A lo largo de los últimos días, el oficialista Frente Sandinista de Liberación Nacional ha visto cómo perdía el apoyo incondicional que había recibido históricamente de bastiones como la ciudad de León, el barrio Monimbó en Masaya, universidades públicas, excombatientes del Ejército Popular Sandinista, y madres de excombatientes.

Intelectuales sandinistas opinan que detrás de la actual crisis, que ha puesto a Nicaragua en la agenda mediática mundial, existe un plan para sacar al mandatario del poder. Defensores del Gobierno consultados por Efe aseguran que las reformas del seguro social fueron tomadas como excusa para desatar la violencia, y que existe una estrategia del Movimiento Renovador Sandinista y otros partidos opositores, apoyados por ONG y medios de comunicación, para ejecutar un "golpe suave".