Donald Trump
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una reunión con funcionarios locales y estatales de seguridad escolar en la Casa Blanca. CHRIS KLEPONIS / EFE

La propuesta lanzada por Donald Trump de proporcionar armas a profesores entrenados, como una de las posibles soluciones a los recurrentes tiroteos y masacres en los centros de enseñanza de su país, es una más de las muchas ideas polémicas que el presidente de Estados Unidos ha puesto sobre la mesa desde antes incluso de ocupar el cargo.

Algunas de sus iniciativas no han pasado, de momento, de una declaración de intenciones, pero otras ya se han convertido en realidad, o bien han sido aprobadas, pero frenadas, o incluso tumbadas, en los tribunales o el Congreso.

Trump ha retirado a EE UU del Acuerdo de París contra el cambio climático, está intentando implementar un veto migratorio para ciudadanos procedentes de países de mayoría musulmana, ha decretado el fin del plan que protege de la deportación a cientos de miles de jóvenes indocumentados, ha obligado a renegociar el tratado de libre comercio de América del Norte (TLCAN), se ha dado de baja en el Acuerdo Transpacífico (TTP), ha intentado desmantelar el sistema de protección sanitaria puesto en marcha por su predecesor (el Obamacare), amenaza con congelar los fondos para las "ciudades santuario" que amparan a los 'sin papeles', ha reconocido a Jerusalén como capital de Israel, ha dado luz verde a los polémicos oleoductos de Dakota Access y Keystone, ha aprobado una reforma fiscal que supone el mayor recorte de impuestos (especialmente para las empresas) en décadas...

La lista es interminable, pero, de entre todas sus ideas y propuestas, estas seis son, probablemente, las más sonadas:

Profesores armados

Tras la masacre del instituto de Florida (17 muertos), Trump se ha visto sometido a una fuerte presión para dar algún paso adelante en favor de un mayor control de armas en Estados Unidos. Hasta ahora, el presidente se ha limitado a ordenar la prohibición de los dispositivos que aceleran el funcionamiento de las armas semiautomáticas, y a anunciar que se mejorará la base de datos federal de las personas con antecedentes penales, pero ha eludido una y otra vez hablar de más control, en sintonía con la poderosa Asociación Nacional del Rifle. Por lo que sí ha apostado, además de por dar una mayor atención a los problemas de salud mental de la población, es por armar a los maestros en las propias escuelas, como medida de protección.

Este mismo jueves Trump insistió en que prefiere que algunos profesores con un "entrenamiento riguroso" y que "entiendan las armas" puedan portar pistolas de forma "oculta" en las escuelas, y sugirió que puede compensárseles con "un pequeño bonus" económico. "Quiero que mis escuelas estén protegidas, igual que quiero que mis bancos estén protegidos", afirmó, añadiendo que para proteger una escuela son necesarios "100 ó 150 guardias de seguridad", y que una buena alternativa es armar a los profesores.

"Para un asesino o alguien que quiere serlo, una zona libre de armas es como un sitio al que podrían ir a comprar helado", dijo.

Un muro con México... que pague México

Fue una de sus propuestas estrella durante la campaña electoral, y también una de las que más controversia provocó: la construcción de un muro a lo largo de toda la frontera entre Estados Unidos y México, para evitar la entrada de inmigrantes indocumentados (muchos de ellos, "hombres malos", "criminales" y "violadores", en sus propias palabras).

Lejos de quedarse en una vaga promesa electoral, el presidente no solo ha mantenido su intención de construir el muro, sino que ha colocado la barrera en el centro del intenso debate sobre la política migratoria en el que están envueltos demócratas y republicanos. Cualquier concesión que Trump esté dispuesto a hacer al respecto tiene como precio, entre otras cuestiones relacionadas con el incremento de la seguridad fronteriza, la concesión de fondos para su muro.

De hecho, más polémico que el muro en sí es, quizá, el plan de Trump para financiarlo. El presidente ha tenido siempre claro que la obra la debe pagar México. A las pocas semanas de ser elegido, ya insistía en la idea: "No quiero esperar año y medio para llegar a un acuerdo con México. México pagará por el muro", dijo entonces.

El pasado 21 de enero, finalmente, Trump estampó su firma en una orden ejecutiva para destinar fondos federales a la construcción del muro. El presidente afirmó que las obras comenzarán "en meses" y que su planificación ocurrirá "de inmediato". Luego volvió a decir que, pese a que los contribuyentes estadounidenses adelanten los fondos para su construcción (a través del dinero del Gobierno federal) , México devolverá "el cien por cien" del coste.

"Todo se nos reembolsará en una fecha posterior con cualquier transacción que hagamos con México. Solo le digo que habrá un pago, que sucederá de alguna forma, quizás una forma complicada, lo que estoy haciendo es bueno para Estados Unidos, también va a ser bueno para México. Un México muy estable y muy sólido", afirmó.

Preguntado por la reiterada negativa del presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, a pagar la factura del muro, Trump respondió que el mandatario no puede decir otra cosa. "Él tiene que decir eso, tiene que decir eso", justificó el magnate neoyorquino.

Veto migratorio

Todo empezó cuando ni siquiera había sido elegido aún candidato a la presidencia por el Partido Republicano, a principios de diciembre de 2015. Alarmado por el al "odio" que, según él, siente parte de la comunidad islámica contra "los estadounidenses", Trump abogó por un bloqueo "completo y total" a la entrada de musulmanes en el país, hasta que las autoridades "averigüen lo que está pasando".

En enero del año pasado, ya en la Casa Blanca, Trump ordenó cerrar temporalmente las puertas a todos los refugiados e inmigrantes procedentes siete países de mayoría musulmana, convirtiendo la política de asilo en parte de su estrategia antiterrorista y de defensa. La medida ordenaba la suspensión de todas las acogidas de refugiados durante 120 días.

Desde entonces, el Gobierno de Trump ha presentado hasta tres versiones de su veto migratorio, añadiendo otros países que no son de mayoría musulmana, como Corea del Norte y Venezuela, y que distintos jueces se han encargado de paralizar, atendiendo principalmente a su inconstitucionalidad.

En el último revés para la Casa Blanca hasta el momento, un tribunal de apelaciones de Virginia falló el pasado día 15 contra la versión más reciente del veto, que restringe la entrada de los nacionales de ocho países (Chad, Irán, Libia, Somalia, Siria, Yemen, Venezuela y Corea del Norte). Los jueces determinaron que las declaraciones públicas que Trump ha hecho en Twitter y durante la campaña electoral pueden ser prueba de que, en realidad, el mandatario busca crear un "veto musulmán".

En la práctica, el veredicto no tiene grandes consecuencias legales, puesto que otro tribunal de apelaciones ya había fallado contra el veto. Como consecuencia, el Tribunal Supremo de EE UU fijó para abril una audiencia con el objetivo de estudiar la legalidad del veto, lo que significa que emitirá un veredicto antes del final de junio.

En cualquier caso, ese tercer veto, que fue proclamado el 24 de septiembre, entró en vigor por completo en diciembre del año pasado por orden del Tribunal Supremo.

Rearme nuclear

En lo que ha sido interpretado como un auténtico camino de marcha atrás tras décadas de esfuerzos internacionales, más o menos exitosos, por lograr una reducción de las armas nucleares en el mundo, o al menos, por detener su proliferación, Trump apostó en su primer Discurso sobre el Estado de la Nación, pronunciado ante el Congreso de EE UU el pasado 30 de enero, por "modernizar y reconstruir" el arsenal nuclear estadounidense.

"Como parte de nuestra Defensa, debemos modernizar y reconstruir nuestro arsenal nuclear, con la esperanza de nunca tenerlo que usar, pero haciéndolo tan fuerte y poderoso que disuada cualquier acto de agresión", dijo el presidente, acudiendo a los argumentos que, en buena parte, sostuvieron la Guerra Fría. "Quizá algún día en el futuro haya un momento mágico en el que los países del mundo se junten para eliminar sus armas nucleares. Desafortunadamente, todavía no hemos llegado ahí", añadió.

A principios de este año, la cadena CNN ya había adelantado que el Pentágono prepara un plan para poner al día el arsenal nuclear estadounidense ante la amenaza de Corea del Norte. El plan implicaría una inversión de un billón de dólares en las próximas tres décadas, según este canal.

Trump también advirtió de que los misiles de Corea del Norte podrían amenazar "muy pronto" el territorio estadounidense, y que él responderá con una "presión máxima", y no con "complacencia". "Las experiencias pasadas demuestran que la complacencia y las concesiones solo incitan a la agresión y la provocación. No repetiré los errores de los gobiernos anteriores que nos han llevado a esta peligrosa situación", afirmó el presidente.

Más tarde, el pasado día 12, Trump señaló que el único motivo para modernizar el arsenal nuclear de EE UU es que "otros" países están haciendo lo mismo, y aseguró que, si esas otras naciones pusieran fin a su escalada armamentística, Washington también lo haría. "Estamos incrementando nuestros inventarios de prácticamente cada arma, estamos modernizando y creando una nueva fuerza nuclear y, francamente, lo estamos haciendo porque otros lo hacen. Si ellos paran, nosotros pararemos", dijo.

Destruir Corea del Norte

En plena escalada de la tensión entre Washington y el régimen norcoreeano, y en medio de un cruce de acusaciones e insultos entre los líderes de ambos países, Trump amenazó con responder a las provocaciones y los ensayos con misiles balísticos de Pyongyang con "un fuego y una furia nunca vistos en el mundo".

Posteriormente, el pasado mes de septiembre, el presidente estadounidense volvió a cargar contra el "régimen depravado" de Kim Jong Un, señaló que la paciencia de su Gobierno tiene un límite y afirmó que estaba dispuesto a "destruir totalmente" Corea del Norte si aumentaban las amenazas. Lo dijo durante su primera intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. "Ojalá no sea necesario", añadió.

Un desfile militar

Según reveló el diario The Washington Post, hace unas semanas, Trump ha pedido al Pentágono que organice un desfile militar en Washington similar al del Día de la Bastilla, la Fiesta Nacional de Francia.

Un portavoz del Pentágono indicó que el proceso se encuentra aún en su "infancia", y fuentes del Departamento de Defensa explicaron que el presidente aseguró que quería un desfile "como el de Francia". La Casa Blanca  matizó por su parte que Trump ha solicitado al departamento que "explore" la idea. "El presidente Trump ha mostrado su increíble apoyo a aquellos que sirven a la patria arriesgando sus vidas cada día para mantener el país a salvo", afirmó, añadiendo que el mandatario ha pedido al Pentágono que "explore la posibilidad de realizar una celebración en la cual los estadounidenses puedan mostrar su aprecio".

Trump se encontraba de visita en Francia el año pasado cuando tuvo lugar el Día de la Bastilla. Posteriormente, el magnate hizo alusión al desfile militar como "uno de los mejores desfiles" que ha visto nunca. En septiembre, el presidente estadounidense indicó a su homólogo francés, Emmanuel Macron, que cuando volviese a Estados Unidos realizaría un desfile militar el 4 de julio, el día de la fiesta nacional estadounidense, en Washington.

Estados Unidos no organiza un desfile militar a gran escala desde junio de 1991, después de ganar la primera Guerra del Golfo y con George Bush padre en la Casa Blanca. De hecho, los desfiles militares a gran escala en Estados Unidos son poco habituales y reservados a celebraciones posbélicas. Los hubo después de la guerra civil estadounidense, en 1865; una vez finalizada la Primera Guerra Mundial en 1919 y también en 1946, después de la Segunda Guerra Mundial.