Aceite de girasol
El girasol reina entre las semillas oleaginosas en España GTRES

La relación del aceite de oliva con los hogares españoles no pasa por su mejor momento. La calidad sigue siendo la misma y se exporta más que nunca. Pero la sequía ha reducido las cosechas en los últimos años, la reducción de producto ha elevado sus precios y los consumidores, que sienten la cicatriz de la crisis aún fresca, están acudiendo al sustitutivo habitual en las cocinas del país: el aceite de girasol.

Así se desprende del Panel de Consumo que cada mes publica el ministerio de Agricultura y que muestra un consumo de 168,5 millones de litros de aceite de girasol en el último año por 340,9 millones de litros de aceite de oliva. El consumo del zumo de aceituna sigue reinando, cierto es. Pero mientras el extraído del girasol ha crecido un 20,8% en el último año... el de oliva ha perdido un 9,7% en el mismo período.

La tendencia tampoco juega en favor del olivar. El uso de ambos aceites crecía hasta los primeros embates de la crisis, pero entonces llegaron los despidos masivos y las estrecheces domésticas. El consumo de todos los óleos se redujo en los años posteriores... y ahora la recuperación le sienta diferente a cada uno. El girasol sí recupera su tope de 2009, pero el aceite de oliva sigue deprimido. Ahora se consumen 119 millones de litros menos que a comienzos de década. O lo que es lo mismo, se ha dejado de consumir uno de cada cuatro litros del producto estrella de la agricultura española.

Girasol

"Se debe al básicamente aumento de precios por la sequía, el agua es determinante", explica a 20minutos Primitivo Fernández, director de la Asociación de Envasadores y Refinadores de Aceites Comestibles (Anierac), una patronal que representa al 65% de embotelladores de aceite de oliva y al 90% de girasoleros y que en su informe anual de 2017 concluye que las ventas de girasol de sus asociados han superado ya a las del aceite de oliva. "Esto no pasaba desde hace más de 10 años... y aquella vez fue por una muy mala campaña de la oliva", recuerda.

La última cosecha y la pasada no han llegado a la media de las últimas campañas debido a la escasez de lluvias que ha mermado la producción. De los árboles españoles llegaron a salir 1,8 millones de toneladas de aceite de oliva, pero ahora apenas se rebasa el millón. "Los stocks tampoco han compensado esta caída, el resto de países mediterráneos tampoco han tenido buenas cosechas... así que los precios suben por las leyes del mercado".

Y suben mucho. Tanto en origen como en destino. El ministerio apunta un alza del 77% desde 2014 en el precio pagado en almazaras por el virgen extra (hasta 3,62€ por litro), un 87% en el virgen (3,53€) y un 81% en el suave e intenso (3,49€). El precio pagado en las tiendas también muestra este encarecimiento. El INE muestra en su estádistica del IPC un 36% de subida del aceite de oliva desde 2014 y solo en el último año la subida es del 10,9%.

La opción para muchas familias es clara. Si deben pagar los cinco euros por un litro de aceite suave de 0,4 grados para freir sus alimentos, muchos optan por el aceite de girasol que cuesta aproximadamente un euro. "Es que es más asequible", asegura Fernández sobre el aceite extraído de la semilla oleaginosa más consumida en España. "La crisis no ha terminado y las cuentas para la alimentación en muchos hogares se hacen con mucho cuidado".

El director de Anierac señala que se ha producido un "traslado" de consumo del aceite de oliva suave y al aceite de girasol. Pero no abandona el aceite virgen extra, un zumo de mayor calidad que se usa, principalmente, como aliño. Este aceite premium, cuando es de marca de fabricante, cuesta unos seis euros en las tiendas pero su venta apenas ha caído un 1,08%, mientras que los suaves e intensos han perdido un 17% y 24%, respectivamente.

"Los consumidores de virgen extra tienen una actitud distinta a la hora de comprar este aceite de extraordinaria calidad, no se dejan llevar tanto por el precio", dice Fernández. Tampoco sorprende. El último informe de Mercasa identifica que las familias que consumen más aceite de oliva son los de clase alta y media alta, las que habitan en grandes ciudades, las que no tienen hijos y los jubilados. Las que superan la media de consumo de semillas oleaginosas como el girasol, en cambio, son las de clases baja, media baja y la población inactiva.

Fuente: Mercasa

¿Sobreactúa el español con el aceite? El producto apenas pesa un 2% en el gasto doméstico anual en alimentación, así que un incremento de gasto del 10%, como el año pasado, no debería afectar demasiado al presupuesto de los hogares. "Y es que apenas afecta", analiza Primitivo Fernández; "pero la gente es muy sensible con el aceite de oliva porque todos los españoles lo conocemos, estamos pendientes de su precio... y sin embargo somos capaces de afrontar subidas mayores por una caña o en detergente sin prestarle tanta atención y sin dejar de adquirir estos productos".

"No somos racionales cuando compramos, seguimos procedimientos emocionales", añade Ismael Quintanilla, director de la Unidad de Investigación de Psicología Económica y del Consumidor (UIPEC) de la Universidad de Valencia. "El consumidor toma el 60% de sus decisiones de compra en la tienda, no se racionalizan. Así que imagínate qué deciden delante de un producto que tiene imagen de lujo y al que se apoda 'el oro verde'.

Quintanilla descarta que el cambio de la oliva por el girasol se adscriba a una compra inteligente. "Es simplemente un problema de precio", zanja este experto. "Hay gente que está viviendo con poco dinero y acomoda su cesta de la compra con un componente instintivo de supervivencia. El concepto de calidad que había en los ochenta, tan asociado a la clase media, se esta yendo por las cloacas porque la clase media esta desapareciendo. ¿Fidelidad al aceite de oliva? Ese concepto ha muerto, el consumidor cada vez está mas alineado y menos identificado con lo que consume".