A Felipe González no le asusta el artículo 155 de la Constitución, que define como el "último" instrumento político que "todo país descentralizado necesita" ante "la deslealtad institucional". El expresidente cree que se "descalifica" porque "no se lee" la Constitución. y, de hecho, opinó este martes que una aplicación más temprana de ese precepto de la Carta Magna podría haber contribuido a frenar el procés independentista en Cataluña.

Si tras la consulta independentista del 9N de 2014 "se hubiera requerido al president Mas a que deshiciera ese acto (...), y si no hubiera obedecido se hubiera aplicado el 155 de forma restringida", argumentó en una entrevista en la Cadena SER, no habríamos llegado hasta este punto. González sugirió que entonces, hace tres años, se podría haber suspendido al president de sus funciones, y criticó que en España "no se conoce la Constitución".

Preguntado por las palabras del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, quien este lunes advirtió de que el 155 seguirá en pie hasta que se produzca una investidura válida y haya un nuevo Govern, González consideró que "probablemente" no hay otro remedio y dejó claro que la investidura "exige la presencia física del candidato" y que eso "no tiene discusión", por lo que "es una broma" sugerir una investidura telemática o por videoconferencia, como plantean sectores independentistas. Felipe González aseguró que con ese mismo argumento podría ser investido presidente un "elefante".

Crítico con la prisión preventiva

Después de que en la tarde de este lunes los letrados del Parlament también rechazasen esa posibilidad, González advirtió a los independentistas de que es necesario "recuperar la institucionalidad", "frenar el deterioro de la economía" y "restaurar cierto nivel de confianza". En este sentido, apuntó que la posición de Puigdemont, fugado en Bruselas y partidario de intentar esa investidura a distancia, "perjudica a sus compañeros que están en prisión" y "a la causa independentista".

El también exlíder socialista agregó que, en todo caso, "lo que no es posible no se va a dar" y que, si bien los independentistas, con mayoría en el Parlament, "tienen derecho a formar Gobierno", tienen también "la obligación de formarlo respetando el Estatuto de Autonomía de Cataluña". También consideró que "no parece que haya ninguna posibilidad real de que se produzca" la independencia de Cataluña.

González alertó de que en estos momentos en Cataluña existe "una ruptura de convivencia" y una "fractura interna de la sociedad catalana", y destacó que "hay supremacismo en el independentismo catalán", aunque "no tan explícito como el de Trump"

Preguntado por la situación de los dirigentes independentistas que están en prisión preventiva, el expresidente respondió con un "sí, sin duda" a la pregunta de si estaría "más cómodo" si salieran de la cárcel. Además, admitió que tiene "dificultad para ver el delito de rebelión" que se les imputa, mientras que sí considera que en su conducta se dieron "prácticamente todas las condiciones" que definen el delito de sedición y que es "evidente" que cometieron malversación.

Orfandad política

González, que dijo que está de "año sabático", reveló además que "desde hace tres años y medio como mínimo" no ha tenido "ninguna conversación" con el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Tampoco habla, dijo, con el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, aunque dejó claro que está dispuesto a hacerlo tanto con uno como con el otro y, de hecho, cree que antes o después hablará con Sánchez: "Creo que va a ocurrir", apuntó. Con Albert Rivera, finalmente, dijo haber hablado "alguna vez, poco".

En todo caso, el expresidente dijo tener "cierto sentimiento de orfandad" en lo político por la "ausencia" de políticos capaces de decir "a dónde quieren llevar España en los próximos años". De Rajoy dijo que no lo ve capaz de emprender las reformas que necesita España, y de Sánchez prefirió no opinar demasiado: "Prefiero no intervenir en la toma de decisiones" en el PSOE, comentó. "No represento nada en el partido, soy un miembro más", zanjó.

Finalmente, dejó claro que entre las reformas que necesita España está la reforma de la Constitución, y rechazó la posilidad de que esos cambios en la Carta Magna se produzcan a través de una nueva interpretación del texto ya vigente, como la semana pasada sugierion los padres vivos del texto fundamental en la comisión territorial del Congreso: la Constitución, advirtió González en ese sentido, "no es un chicle". Apostó además por poner en marcha leyes para combatir cuestiones como la precariedad laboral, las dificultades que afronta el sistema de pensiones y la necesidad de una mejor educación.