El rey Juan Carlos ha celebrado este viernes su 80 cumpleaños con una multitudinaria comida en el Palacio de la Zarzuela a la que han asistido los reyes y sus hijas, doña Sofía y la infanta Elena, aunque con la ausencia de la infanta Cristina y sus cuatro hijos.

Don Juan Carlos ha reunido a 70 comensales entre su entorno más cercano y otros miembros de su familia y de la de la reina Sofía, han informado fuentes conocedoras de la comida. Al frente de los invitados han estado don Felipe y doña Letizia, junto con sus hijas, la Princesa Leonor y la infanta Sofía. También lo han hecho la infanta Elena y sus hijos, Felipe Juan Froilán y Victoria Federica.

La principal ausencia ha sido la de la infanta Cristina y tampoco han acudido ni sus cuatro hijos, ni su marido, Iñaki Urdangarin, quien está pendiente de que el Tribunal Supremo resuelva el recurso sobre la sentencia del caso Nóos que le ha condenado a seis años y medio de cárcel.

A la comida estaban invitados las hermanas del rey Juan Carlos, las infantas Margarita y Pilar, con sus respectivas familias. También se ha extendido la invitación a toda la rama de los Borbón-Dos Sicilias, a la que el anterior jefe del Estado está muy ligado. De este grupo forman parte las primas de don Juan Carlos, Teresa e Inés, y el sobrino de estas, Pedro de Borbón-Dos Sicilias, duque de Calabria. La invitación se ha hecho extensiva a otros sobrinos y sobrinos segundos ante el deseo del rey Juan Carlos de tener a toda la familia alrededor para festejar su 80 cumpleaños.

La celebración en público se ha reservado para este sábado, cuando don Juan Carlos, con doña Sofía, asistirá a la ceremonia de la Pascua Militar junto a los reyes en el Palacio Real. Es la primera vez que Juan Carlos I acude al acto con la cúpula militar desde enero de 2014, meses antes de ceder el trono a Felipe VI después de casi cuatro décadas de reinado.

Va a ser el primero de los actos que Zarzuela va a programar durante 2018 para conmemorar el 80 aniversario tanto de don Juan Carlos como de doña Sofía, que los cumplirá el próximo 2 de noviembre.

La iniciativa de organizar diversos actos para festejar el 80 cumpleaños tiene lugar después de que el rey Juan Carlos transmitiera su malestar por que no se contó con él el pasado mes de junio en la conmemoración en el Congreso del 40 aniversario de las primeras elecciones democráticas de 1977.

Cuando don Juan Carlos cumplió 75 años, lo festejó en la intimidad y con la austeridad que imponía entonces la crisis económica, aunque recordó los momentos destacados de su reinado en una entrevista en la televisión pública con el veterano periodista Jesús Hermida.

En su 70 aniversario, en 2008, también lo celebró en privado, pero cuatro días más tarde convocó a casi 500 invitados, la mayoría de ellos figuras destacadas durante la etapa democrática, a una cena oficial en el Palacio de El Pardo, en la que estuvo acompañado por toda su familia.

Diez años antes, en 1998, el anterior jefe del Estado festejó su 60 cumpleaños en Bosnia con los soldados españoles que había destacados entonces en la misión de la OTAN en este país balcánico. "¿Qué manera hay mejor que esta de estar con mis tropas para celebrar mi cumpleaños? ", dijo aquel día don Juan Carlos, quien por la noche, lo celebró con un concierto de Plácido Domingo, Josep Carreras y Luciano Pavarotti. Cuando cumplió 50 lo celebró en familia y asistió a un concierto que le dedicó el violonchelista ruso Mstislav Rostropovich.

Su vida tras dejar el trono

Tres años y medio después de dejar el trono, la agenda de don Juan Carlos ha estado protagonizada durante este tiempo por los homenajes a su trayectoria, entregas de distinciones presididas por él y asistencias puntuales a conmemoraciones y actos económicos, culturales o deportivos.

Desde el ya histórico 19 de junio de 2014 en un discreto segundo plano, ha participado en una quincena de actividades públicas presididas por Felipe VI y ha protagonizado más de sesenta, de ellas una veintena acompañado por la Reina Sofía -la mayor parte en el último año- y 19 viajes internacionales, la mitad a Iberoamérica, donde ha revivido el orgullo de sentirse recibido como "el mejor embajador" y "salvador de la democracia" en España.

También se ha encargado de compromisos internacionales en representación de España, sobre todo investiduras de presidentes iberoamericanos, compatibles con la condición de exjefe del Estado que le permite vivir esta relativa "jubilación" lejos del foco de los medios informativos.

Su actual estatus, inédito en España, por el que conserva el tratamiento de Rey sin ser ya monarca, ha permitido a don Juan Carlos simultanear sus compromisos como miembro de la Familia Real con frecuentes viajes privados dentro y fuera de España -algunos a destinos exóticos- y con la recuperación de una de sus aficiones deportivas favoritas: la competición de vela.

Así, la compra por su inseparable amigo José Cusí de una embarcación clásica avalada por un brillante historial le ha devuelto la pasión por el mar y ha hecho realidad su sueño de volver a conquistar triunfos en regatas internacionales con un nuevo Bribón, años después de que sus problemas traumatológicos le obligaran a renunciar a la Copa del Rey de Vela en Mallorca.

Los hechos que marcaron su reinado

Muy lejos queda ya aquel 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de Francisco Franco, cuando, preocupado y agobiado por el peso de la responsabilidad, pedía a sus compatriotas desde la tribuna de las Cortes generosidad, altura de miras y unidad para abrir todos juntos "una nueva etapa en la Historia de España".

En este complejo proceso, plagado de obstáculos e intentos de desestabilización, fue decisiva su habilidad para sintonizar con las inquietudes y preocupaciones de los distintos actores de la vida política nacional, representantes de ideologías enfrentadas, animado por el objetivo de ser "el Rey de todos los españoles", como le había insistido su padre tantos años.

La figura paterna de don Juan marcó para siempre el carácter de aquel niño nacido en Roma en 1938, que con tres años vivió su primer traslado familiar, a Suiza, que a los ocho fue alejado de sus padres para ingresar en un internado de Friburgo y que, fruto de la educación estricta y la gran responsabilidad asumida tan pronto, conserva desde entonces esa mirada triste, que le ha acompañado en momentos clave.

Golpeado por la traumática muerte de su hermano Alfonso en 1956, se despidió de la infancia cuando, con diez años, abandonó Estoril y pisó por primera vez suelo español en la estación de Villaverde Alto para dar paso a una etapa marcada por el pulso de don Juan con Franco y tutelada por el dictador, que le trataba como el hijo que no había tenido y mantuvo con él una relación compleja, afectuosa pero difícil.

Tras completar su formación militar en los tres Ejércitos y su preparación académica superior, comenzó una nueva vida al conocer a Sofía de Grecia, cuya forma de ser y actuar, prudente y guiada por la lógica y el sentido práctico, complementaba el carácter extravertido, intuitivo y espontáneo del joven Juan Carlos.

Cuando las Cortes aprueban la propuesta de Franco para que sea designado su sucesor a título de Rey, en julio de 1969, ya es padre de tres hijos y, a partir de ese momento y especialmente de su proclamación como soberano en 1975, su vida familiar se desarrolla de forma inseparable a sus responsabilidades institucionales y las de la Reina.

Su relación de amistad y entendimiento con Adolfo Suárez en los difíciles años de la transición fue decisiva para llevar a buen puerto aquel proceso y su actitud serena en la noche del 23F, clave para desactivar el golpe de Estado, le otorgó un prestigio y reconocimiento nacional e internacional difícil de superar.

El recuerdo de aquel momento histórico y de su contribución a la democracia le ha acompañado desde entonces y ha ayudado a recuperar su imagen pública desde que abdicó, después de unos años de continuo desgaste en los que a la investigación judicial de su yerno Iñaki Urdangarin y de su propia hija Cristina, finalmente absuelta, se sumaron sus frecuentes operaciones y el polémico viaje a Botsuana.

Su insólito "lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir" abrió el camino que condujo su reinado hasta comprender que su último deber era renunciar a la corona y dar el relevo a su hijo en el momento oportuno para favorecer la supervivencia de la institución.