Albert Rivera e Inés Arrimadas celebran el resultado de las elecciones de este jueves.
Albert Rivera e Inés Arrimadas celebran el resultado de las elecciones de este jueves. EFE

Las elecciones catalanas de este jueves tienen una inevitable lectura nacional, que retrata a Albert Rivera y a Ciudadanos como grandes triunfadores de la noche. La formación naranja obtuvo un triunfo tan histórico –nunca un partido no nacionalista ni independentista había ganado unas autonómicas en votos y escaños– como previsiblemente agridulce, porque los independentistas lograron revalidar la mayoría absoluta en escaños y tienen, por tanto, números para formar un Govern.

Para las otras tres formaciones de ámbito nacional, en cambio, la jornada deparó resultados peores: de la decepción del PSOE por no cumplir las expectativas creadas por Iceta al batacazo sin paliativos del PP, que ni siquiera tendrá grupo propio en el Parlament, pasando por la caída de Catalunya en Comú-Podem, incapaz de combatir la polarización en torno al debate nacional e introducir cuestiones sociales en el debate. Esta es la lectura del 21-D para los partidos nacionales:

Premio a la contundencia

Ciudadanos nació en Cataluña hace poco más de diez años como respuesta a la hegemonía nacionalista. Entró al Parlament en 2006, con tres escaños, resultado que repitió en 2010. Desde entonces, su ascenso ha sido imparable: en 2012 logró nueve actas y el 7,6% de los votos, en 2015 dio la campanada y fue segunda fuerza, con 25 actas y el 17,9%, y este jueves escaló otros 12 escaños, hasta los 37, y se impuso por casi cuatro puntos (25,4% contra el 21,6% de Junts per Catalunya).

PP, PSOE y Podemos han criticado en ocasiones la actuación de Ciudadanos en la cuestión territorial: fue el primer partido que reclamó aplicar el artículo 155, el que más duramente ha cargado contra el sistema educativo catalán y el que ha cuestionado los medios públicos controlados por la Generalitat. Pero lejos de castigar esa contundencia, el electorado catalán la ha recompensado y ha premiado a la candidatura naranja con un triunfo sin precedentes en unas autonómicas.

Aunque, salvo sorpresa, no sirva a Arrimadas para gobernar, el resultado tendrá implicaciones nacionales. En la noche de este jueves, Rivera avisó de que hay más votos naranjas que del resto de formaciones constitucionalistas juntas: "No podemos decidir por los que han bajado y han perdido muchos votos, no podemos hacer nada más". Ciudadanos, sexta fuerza en Cataluña en las municipales de 2015 y las generales de 2016, abandera ahora la respuesta al independentismo.

Batacazo del plan de Rajoy

La otra cara de la moneda la representa el PP de Rajoy y García Albiol. Fue Rajoy quien decidió activar el 155, disolver el Parlament y convocar elecciones en el plazo más breve posible. Para su partido, el resultado fue demoledor, pero del que pronosticaban los sondeos: tres escaños y el 4,2% de los votos, ocho actas y la mitad de votos que en 2015. Si se echa la vista atrás, la comparación es aún peor: en 2012, el PP tenía 19 escaños en el Parlament, con el 13% de las papeletas.

Menos de 24 horas después del descalabro, el jefe de gabinete de Rajoy, Jorge Moragas (Barcelona, 1965), abandonó este viernes la Moncloa al hacerse público que será el nuevo embajador de España ante la ONU, plaza que había solicitado hace meses. El candidato en Cataluña, Xavier García Albiol, rechazó por su parte dimitir porque dejaría al partido en una "situación muy delicada", aunque admitió que tendrá que haber un "replanteamiento profundo".

El líder del PP catalán insistió en que no está en cuestión la estrategia de su partido en la cuestión territorial, pero el escrutinio cayó, evidentemente, como un jarro de agua fría para la dirección popular. Está por ver si desencadena críticas internas relevantes. Por ahora, Génova se defiende achacando el resultado a la actitud "partidista" de otros, en referencia a Ciudadanos, según expresó Pablo Casado, vicesecretario de comunicación en la noche del jueves.

Primera decepción de Sánchez

También estuvo por debajo de lo esperado el PSC de Miquel Iceta. La tímida mejora de los socialistas –del 12,7% al 13,8%, y de 16 a 17 escaños– en esta primera cita electoral tras el retorno de Pedro Sánchez a la Secretaría General se convirtió en una decepción por las expectativas creadas por los sondeos –les daban al menos 20 escaños– y por el propio Iceta, que aspiraba a gobernar gracias a los vetos cruzados entre el resto. Su plan se derrumbó a medida que avanzaba el recuento.

Durante la noche, Ferraz vio cómo fallaban todas sus previsiones. Colaboradores cercanos a Pedro Sánchez habían vaticinado que Ciudadanos estaba hinchado en las encuestas, que la ventaja que sacaría al PSC no sería muy abultada y que las listas de Iceta mejorarían con claridad los resultados de 2015. La estrategia de campaña, con mensajes que apelaban a la reconciliación, el catalanismo, y con errores como la propuesta de indultar a los políticos presos, no ha dado frutos.

El secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, admitió que el resultado no era el "esperado, ni mucho menos el deseado". Hace apenas seis meses, Sánchez se impuso en las primarias del PSOE con el discurso de la España plurinacional, controvertido en algunos sectores socialistas. Después, apoyó la el artículo 155, decisión que suscitó consenso interno. Este jueves, el primer reto de su segunda vida al frente de Ferraz se saldó con un importante toque de atención.

Fracaso de los comunes

La alianza entre Catalunya en Comú (Barcelona en Comú, ICV, EUiA) y Podemos, finalmente, fracasó en su intento de vencer a la polarización entre independentistas y constitucionalistas e introducir cuestiones sociales en la agenda de campaña: ocho escaños y 323.000 votos (7,45%), tres actas y 44.000 papeletas (-1,5 puntos) menos que hace tres años. La lista morada no logró ser clave en el Parlament, ni tampoco hacer prosperar la vía del tripartito de izquierdas.

El resultado es especialmente negativo si se tiene en cuenta que, en 2015, la candidatura apoyada por Podemos se construyó a toda prisa: Catalunya Si que es Pot se armó a contrarreloj, con un candidato prácticamente desconocido –Lluis Rabell, procedente del ámbito del asociacionismo vecinal de Barcelona– y no pudo contar con el apoyo de Ada Colau, ya para entonces alcaldesa de Barcelona y que prefirió mantenerse al margen de la campaña autonómica.

Ni Colau ni un candidato de supuestas garantías –Xavier Domènech, hasta diputado de En Comú Podem– ha bastado a los comunes. A nivel estatal, Podemos carga con la mochila de defender un referéndum en Cataluña, y diputados como Carolina Bescansa criticaron la línea oficial por estar demasiado próxima al independentismo. Este jueves, el partido morado comprobó que esa estrategia, que puede restarle votos en el resto de la Península, tampoco funciona en Cataluña.