Los erasmus viven en el Casco Viejo,  y los de aquí no  pueden pagarlo
Moritz Meenen. estudiante erasmus de alemania.
Las librerías, los cafés, el pintxo, las guapas, los guapos, el adoquín y el cannabis consentido. El Casco Viejo es sexy para el joven que busca piso de alquiler. Sólo que sus precios son más altos que en el resto de barrios de Bilbao. Por eso, el joven autóctono se retira a zonas más baratas y el estudiante europeo se instala en este lugar codiciado. 827 universitarios extranjeros llegaron a la UPV Euskadi el curso pasado.

«Es una tendencia clara que ya lleva años. Los jóvenes de fuera buscan alquiler en el Casco Viejo, aunque sea algo más caro», explica el responsable de Inmobiliaria Artea, que opera en el Casco Viejo.

La diferencia es clara. Un piso de dos habitaciones en el Casco Viejo sale por 850 euros, según un anuncio encontrado en www.alkila.net. Una vivienda de idénticas condiciones en Sarriko, baja a los 650 euros. O sea, vivir en la zona bohemia de Bilbao cuesta 200 euros más. Y ese recargo criba al veinteañero autóctono.

La tendencia es perceptible en el barrio. Cada vez más rubios y acentos extranjeros pasan con la compra en la mano o potean en los bares. Además, los estudiantes de paso se libran de un problema que echa atrás a muchos vecinos bilbaínos: el coche.

El Casco Viejo es peatonal y causa quebraderos de cabeza a los vecinos con vehículo que viven en él. Los estudiantes de Erasmus (beca concedida a los universitarios europeos) rara vez traen su coche a Euskadi.

Extranjero en le barrio de los estudiantes

Moritz Meenen. estudiante erasmus de alemania. 24 años.

«Es un barrio vivo, de casas viejas»

Tiene la piel morena porque hace surf, y su casa huele a café porque acaba salir la cafetera. Moritz Meenen es de Hamburgo (Alemania) y vive desde el mes pasado en la calle Tendería del Casco Viejo. Ha llegado a Bilbao a estudiar asignaturas de Ingeniería Industrial y Económicas. «Cuando conocí Bilbao, vivir en el Casco fue mi sueño. Es un barrio vivo, abierto, hay mucha gente, casas viejas, los pintxos…».

Y, ¿qué haces cuando no estudias? «Pues toco la guitarra un rato. O me pillo la tabla y me voy a hacer surf. Y si no, voy con mis amigos por el barrio a comer pintxos y beber algo». Vida estudiantil, que complementa con la diversión nocturna.

Desde su balcón otea la Plaza Unamuno, lugar de quedada, y se adivina Somera, calle de jaleo. Moritz convive con vascos, cuya personalidad admira. «Sí, al principio son un poco fríos, algo tímidos. Pero estás con ellos unos días y enseguida se preocupan por ti».