Monjas
Dos monjas caminan por la calle. EUROPA PRESS

En su escrito semanal, Rodríguez defiende la necesidad de que la Iglesia ore y se preocupe por las monjas de clausura -más de 40 en la Diócesis-, y cree que sería "saludable" para los católicos "conocer los distintos monasterios, porque muchos los desconocen por completo y el desconocimiento lleva consigo no amarlos y no apreciarlos", citando entre ellos también el de los monjes que viven en el monasterio de Nuestra Señora de Monte Sión en Toledo.

A su juicio, aunque las monjas son apreciadas, no se entra "ni en las dificultades que tienen, en tantos casos por falta de vocaciones, ni qué tesoro puede perder la Iglesia si no hay vida contemplativa", y añade que "frente al ateísmo práctico de tantos en nuestra sociedad, que están absorbidos por las cosas de acá y tienen a Dios como palabra sin sentido, es necesario reconocer que unas personas, las contemplativas, dedicadas por entero a Dios en la soledad y el silencio, significan ir derechos a Dios como realidad realísima que llena por entero el corazón humano y lo rebosa".

El arzobispo asegura que el hombre o mujer contemplativo "no se desinteresa del prójimo y de todo lo realmente humano" y a través de su existencia entera "dan testimonio de que Dios es mayor que cualquier otra realidad", y añade que, en su opinión, la falta de vocaciones para la vida contemplativa es un "problema de todos".

Finalmente, en su escrito, Braulio Rodríguez admite que en la ciudad de Toledo "hay muchos que se preocupan seriamente por el futuro de los muchos monasterios que aquí existen" pero afirma que "no todo el que escribe sobre el futuro de estas casas de contemplación está preocupado por las monjas y el valor del testimonio de su vida", sino por qué pasará con lo que hay dentro de esos monasterios desde el punto de vista del patrimonio.

"A estas personas yo quisiera exhortarles a que consideraran que un monasterio sin monjas pierde su significación y se convierte en museo, algo tal vez valioso, pero muerto, que sólo suscita cosa pasada, no viva. Y ellas, las monjas, merecen otra cosa", concluye.

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