Plaza de La Merced
Una foto de la época en la Plaza de la Merced que quedaría en ruinas tras el seísmo.

El 1 de noviembre de 1755, los onubenses se levantaron dispuestos a asistir a los oficios religiosos que se celebraban con motivo del Día de los Difuntos. La gente llenaba las calles de la capital desde primera hora para aprovechar la jornada festiva pero la mayoría no pudo llegar a los templos para participar en las misas matinales.

Sobre las diez de la mañana, se produjo un intenso terremoto que se originó en la falla Azores-Gibraltar, de 8,5 grados en la escala de Richter, que dejó 90.000 muertos en la capital portuguesa y se notó en gran parte de España. Una de las zonas más afectadas fue Huelva.

Muchos pensaron que se trataba de un castigo divino al coincidir con Todos los Santos

En la provincia onubense, sólo en Ayamonte murieron más de 1.000 personas y en La Redondela y Lepe 400, a las que se sumaron más de 200 vecinos ahogados en otras zonas costeras. El seísmo y el posterior tsunami destruyeron el 80% de la flota pesquera y arrasaron casi en su totalidad los pueblos del litoral y la capital.

Los vecinos de las viviendas bajas tuvieron que refugiarse en chozas, en localidades próximas o huir a los montes más cercanos. En aquella época muchos pensaron que se trataba de un castigo divino al coincidir con la festividad de Todos los Santos.

El conocido como "terremoto de Lisboa" dejó en ruinas la ciudad y, por este motivo, el trazado de Huelva es más moderno que el resto de las capitales andaluzas. El derribo de los edificios, en su mayoría templos, y el lento crecimiento de la ciudad en esos siglos hizo que gran parte del patrimonio onubense desapareciera.

La ciudad recuperó en pocos años la normalidad

Todos los monumentos quedaron destruidos tras el temblor. Las torres de San Pedro, la Concepción y la Victoria no aguantaron la fuerza del terremoto. El Castillo de Huelva, situado sobre el cabezo de San Pedro, fue arrasado por completo y el convento de La Merced tuvo que ser remodelado por peligro de derrumbes.

También sufrió daños el desaparecido Arco de la Estrella, en la calle Marina, conocido como la puerta de la ciudad. Una ciudad que se volcó con las labores de reconstrucción y consiguió recuperar la normalidad en pocos años pero dejó enterrados bajos los escombros siglos de historia.

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