El coñac cotizado por su edad
Los coleccionistas llegan a pagar precios exorbitantes.

Las montañas de Mariovo, en el sur de Macedonia, esconden un valioso tesoro de decenas de cajas de coñac, enterradas allí durante la Primera Guerra Mundial por el ejército francés y que objeto de deleite de coleccionistas de toda Europa.

Las botellas de coñac fueron encontradas en la sierra de Kajmakcalan, en la zona fronteriza con Grecia, escenario de la Primera Guerra Mundial.

Después de 17 kilómetros de camino no asfaltado en coche todoterreno por el borde del cañón del río Crna, se llega a la aldea de Staravina, en que otrora había 130 casas y unos 600 habitantes, pero donde hoy apenas quedan 15 ancianos.

Allí, unos pastores encontraron hace 15 años las primeras botellas, pero al principio no se atrevieron a probar su contenido, ya que el paso del tiempo había destruido sus etiquetas. Sin embargo, desde que saben que se trata de un valioso coñac, el licor no falta en ninguna de las fiestas locales.

Miembros del ejército búlgaro, canjeaban prisioneros de guerra franceses por una botella de buen coñac galo
"En mi familia bebimos el último coñac que teníamos hace unas semanas en una boda que celebramos en Bitola", contó Petko Petkovski "Churuko", uno de los ancianos de la aldea. .

Una de las leyendas que cuentan los ancianos sobre la Primera Guerra Mundial era que, como miembros del ejército búlgaro, canjeaban prisioneros de guerra franceses por una botella de buen coñac galo. Los habitantes de las aldeas de la zona han encontrado botellas sueltas en varios lugares y en Staravina incluso se han hallado baúles enteros con coñac.

"Nosotros encontramos tres botellas. El coñac era espeso como tocino derretido, y el alcohol nos daba un golpazo en la cabeza aún al beber una sola copa", cuenta Petre Nisheski, uno de los vecinos de la aldea.

Por su antigüedad, el coñac tiene hoy un valor de varios miles de euros por botella. Campesinos de la zona, que quisieron permanecer anónimos, aseguraron que han vendido botellas a coleccionistas extranjeros por entre 3.000 y 5.000 euros la unidad. "Suelen venir franceses, austríacos y griegos", comentan.