Susana Heredia, superviviente de cáncer de ovario
Susana Heredia, presidenta de la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario (ASACO). JORGE PARÍS

Susana, como la mayoría de las mujeres que padecen o han padecido cáncer de ovarios, no tenía ningún síntoma específico. Hasta que, de la noche a la mañana, empezó a perder peso y se notó un bulto en el vientre. "Un quiste", le dijo el ginecólogo. Un quiste que había que quitar y analizar y que no presagiaba nada bueno. El diagnóstico fue un carcinoma mucinoso en estadio II. "Lo que más me impactó fue cuando me dijeron que tenía que darme quimioterapia", cuenta Susana, que entonces tenía 35 años, estaba casada y tenía dos niños de tres y ocho años. Aquella palabra, quimioterapia, fue como una bofetada de realidad que la sumergió de golpe en una profunda incertidumbre. "Te preguntas si te vas a morir, qué va a pasar con tus hijos, con tu familia, con todo".

Como ella, más de 3.000 mujeres son diagnosticadas cada año de cáncer de ovarios, el cuarto en cuanto a incidencia de cáncer en mujeres y causante de más de 1.900 muertes anuales. Su principal problema es la ausencia de síntomas. Eso, y la actual inexistencia de mecanismos eficaces para una detección precoz, fundamental a la hora de obtener un buen pronóstico. En este sentido, el papel de la cirugía es clave, tanto a la hora del diagnóstico como del tratamiento, del que es su eje principal.

Si la otra persona no lo sabe llevar, un cáncer ginecológico puede hacer mucho daño a la pareja A Susana la operaron por segunda vez en febrero de 2011, cuatro meses después de la intervención para quitarle el quiste. "Me abrieron desde el esternón hasta el pubis y me quitaron más de 70 ganglios, el útero, los ovarios, las trompas de falopio, el apéndice y grasa de debajo del pecho".

De aquel quirófano en el que estuvo ocho horas salió limpia de su cáncer, pero con una menopausia prematura para la que no estaba preparada y con un duro tratamiento de quimioterapia por delante que tendría que afrontar. "Aquello acabó con mi matrimonio. Durante un tiempo desaparece la libido, tu prioridad es recuperarte, ponerte bien, te sientes exhausta... " Y a ello había que sumar su cicatriz, que no curaba bien, y el trauma por la pérdida del pelo. "No es fácil tener relaciones sexuales en ese estado", explica. "Si la otra persona no lo sabe llevar, un cáncer ginecológico puede hacer mucho daño a la pareja".

La "quimio" tampoco ayudó. "Los efectos secundarios te dejan hecha polvo, aunque depende de la persona. Yo había días que no me podía levantar de la cama, la recuerdo con horror", relata. Pero lo que llevó peor fue lo del cabello. Cuando comenzó a caerse "a lo bestia", se lo cortó para reducir el impacto en sus hijos y empezó a usar el pañuelo. Su obsesión era acabar el tratamiento y salir con su pelo en las fotos de la comunión de su hija, y lo consiguió. "Lo tenía al 1", recuerda.

Impacto emocional

El fuerte impacto emocional que tuvo que afrontar Susana es el mismo que viven muchas mujeres a las que les es diagnosticada esta enfermedad. A diferencia del de mama, actualmente no existen mecanismos eficaces de detección precoz para el cáncer de ovario, y un diagnóstico temprano es fundamental a la hora de un mejor pronóstico: la supervivencia estimada a 5 años cuando el tumor es detectado en estadio I ronda el 90%, mientras que el detectado en estadios III y IV oscila entre el 20 y el 30%.

Ahora tengo una vida sexual plena y mucho más satisfactoria que antes Susana tuvo suerte. Su matrimonio no sobrevivió, pero ella sí, y está muy satisfecha del camino recorrido. Descubrió una infidelidad y tuvo el valor de separarse, con lo que se vio sin trabajo y con dos niños pequeños en una casa de alquiler. Buscó trabajo de camarera y pronto empezó a encadenar empleos y ascender. Hoy trabaja en el departamento comercial de un conocido restaurante madrileño y está encantada de haberse reincorporado al mercado laboral. "Mis jefes se portan muy bien y estoy muy orgullosa de lo que he conseguido. De todo lo malo se saca algo bueno y estoy feliz de ver lo bien que estoy ahora, lo que he avanzado como mujer y lo que he crecido como persona, lo que han madurado mis hijos", cuenta.

Actualmente se somete a una revisión cada tres meses y tiene pendiente una operación del pecho por prevención. "Es como la que se hizo Angelina Jolie", explica, "pero prefiero esperar un poco. Ahora veo una aguja y me echo a temblar". Tiene un "novio maravilloso", una "vida sexual plena y mucho más satisfactoria que antes" y sueña con escribir un libro para ayudar a otras mujeres con su experiencia. "Para mi fue fundamental conocer a otras pacientes que habían pasado por lo mismo hace mucho tiempo. Por eso fue una liberación encontrarme con Asaco", explica.

Susana se refiere a la Asociación de Afectados por Cáncer de Ovario, que hoy preside. "Hablar con otras personas y saber que han sobrevivido es importante, sobre todo con un cáncer como este, poco conocido. Es muy de emociones y alienta mucho saber que tienes un futuro".