Mural en Londres
Mehdi Ghadyanloo posa frente al mural que ha pintado en Londres aprovechando la inaguración de su exposición de cuadros Photograph: Marcus Peel - Courtesy Howard Griffin Gallery London

Hasta los 18 años, Mehdi Ghadyanloo (1981) trabajó en el campo. Como sus padres, era campesino en Karaj, veinte kilómetros al este de Teherán, la capital de Irán. Creció durante la sangrienta guerra con Iraq (1980-1988), que terminó con ambos bandos declarándose vencedores y dejó al menos un millón de muertos del lado iraní —la otra parte jamás hizo públicas cifras de bajas estimadas—. El padre de Mehdi fue llamado a filas y el temor fue una constante en la vida del niño.

Ghadyanloo, que ahora es el artista urbano más famoso de Irán, expone por primera vez en Londres. Para celebrar el evento ha decidido hacer un mural en la pared de un callejón del este de la capital inglesa. La escena contiene el silencioso miedo de aquel niño granjero, pero la sensación ha sido transformada por el onirismo surrealista: una pareja de muchachas hacen girar una comba que salta un crío más chico. El niño está a punto, aunque parece no darse cuenta, de atravesar un agujero circular de una marquesina perpendicular al mural. Sobre ella le esperan, curiosos y temibles, dos enormes cuervos que lo convertirán en presa si sube un poco más en los saltos.

'La respuesta de Teherán a Banksy'

En la espectacular obra de este artista al que han bautizado como "la respuesta de Teherán a Banksy" abundan el pavor al vacío y las amenazas intangibles. Los cuadros que expone en Perception (Percepción), en la Howard Griffin Gallery londinense hasta el 2 de abril, son acrílicos sobre lienzo oscuros y tenebrosos, con grupos de personas idénticas y alienadas que son aplastadas por cubos pétreos, están encerradas en ellos o suben por escaleras que no conducen a ninguna parte. En otra obra, un reactor de pasajeros seccionado se mantiene en al aire sobre un grupo de sillas flotantes y vacías. En otra más, varios niños montan en bicicleta sobre un gigantesco bloque de piedra mientras sobre ellos revolotea una bandada de pájaros amenazantes.

Algo terrible va a suceder o ya ha sucedido y nos hemos enterado En los cuadros —"llenos de miedo", admite al artista— la sensación que prevalece es la inquietud por algo terrible que, estamos seguros, va a suceder o ha sucedido sin que nos hayamos enterado y el temario está asentado en los grandes referentes de Ghadyanloo, los surrealistas y simbolistas y, más que ninguno, el metafísico Giorgio de Chirico y sus seres-autómatas y profundamente solos en espacios que ponen en duda la razón de las tres dimensiones. Al contrario, los murales callejeros del artista iraní se abren a otros significados.

Campaña de 'embellecimiento'

En la enorme y muy contaminada megaciudad de Teherán —casi 8,5 millones de habitantes en el término municipal y más de 12 en al área metropolitana, la 29ª más poblada del mundo— hay más de un centenar de murales de gran superficie pintados por el artista, elegido en 2006, mientras estudiaba en la universidad, como uno de los encargados de llevar adelante una campaña de embellecimiento de la metrópolis apadrinada por las autoridades municipales, dispuestas a mostrar arte urbano en algunas de las cinco mil medianeras de distritos especialmente caóticos y castigados por un desarrollo no planificado.

Grandes tornillos en las medianeras de un edificio, andamiajes que conducen al vacío... Las obras callejeras de Ghadyanloo —cien de las más de 800 encargadas por el municipio— hacen un muy buen uso del trampantojo, la técnica de engaño a la vista conseguido con la transformación de las perspectivas y otros efectos ópticos. No se trata de murales ilegales —perseguidos como delito por la administración iraní— y el artista prefiere considerarlos como protestas contra la polución urbana, intentos de que la ciudad "tenga unos cielos más claros, menos grises", pero en algunos es posible adivinar un asomo de crítica a la deshumanización: grandes tornillos en las medianeras de un bloque de viviendas, andamiajes que conducen al vacío...

No sólo propaganda

En una ciudad "conocida sobre todo a través de la lente de la guerra, las sanciones y los embargos, la mayoría de los occidentales asumiría que el arte mural en la capital de Irán sólo se limita a un programa de propaganda del régimen", anotan desde la galería de Londres, que concede al arte urbano, por muy tutelado que sea, el poder de "subvertir" las nociones preconcebidas por el desconocimiento y el aislamiento de la capital iraní.

Los murales de Ghadyanloo, añaden, se han mimetizado con Teherán y ahora "son parte del tejido de la ciudad". La gran escala de los trabajos y la ubicación en medianeras muy visibles "dominan el paisaje visual" contemporáneo de "una metrópoli que ocupa el  puesto 82º entre las ciudades más contaminadas del mundo" según la Organización Mundial de la Salud.

Imágenes de una utopía en las paredes de la ciudad Para Ghadyanloo el propósito del arte callejero es "embellecer esta ciudad gris y contaminada", proporcionado "un espacio público compartido para soñar" mediante ilusiones ópticas, personajes que desafían la gravedad, perspectivas radicalmente alteradas e imaginería surrealista. Es un ejercicio de "escapismo" para "proyectar imágenes de una utopía en las paredes de la ciudad".

'Suspensión de la vida'

Aunque no abiertamente político, la obra de Ghadyanloo resume la sensación colectiva de "suspensión de la vida", sobre todo entre los jóvenes de su generación, nacidos después de la revolución de 1979 y criados durante la guerra y en los años de aislamiento y amenazas internacionales. Se trata de personas con "vidas dictadas por fuerzas externas y un futuro siempre incierto".

Los puntos ciegos de un país que es a menudo mal entendido y mal interpretado Esta percepción es aún más clara en la obra sobre lienzo del artista, que nos traslada "a los puntos ciegos, al corazón, de un país que es a menudo mal entendido y mal interpretado" y a una sociedad donde "los límites del discurso aceptable están severamente limitados por el estado". Sus temas y lenguaje —paisajes vacíos y formas arquitectónicas sombrías, un mundo silenciado y habitado por objetos flotantes que proyectan sombras amenazadoras sobre las personas aplastadas por debajo, máquinas impersonales...— son "universales", concluyen los organizadores: "la esperanza, la anticipación, la pérdida y la tristeza".