Between Konark and Puri, Orissa, India, 1956
Un carro tirado por bueyes en la India. Foto de Marc Riboud tomada en 1956 © Marc Riboud - Courtesy Rubin Museum of Art

Marc Riboud (Lyon-Francia, 1923) siempre mostró una apasionada fascinación por Asia. Desde mediados del siglo XX viajó por todos los caminos que pudo para retratar lugares y personas que, en muchos casos, no habían estado nunca ante la lente de una cámara de fotografía. Sus imágenes de China, Nepal, India, Irán, Afganistán, Pakistán y Japón no pretenden buscar una imposible parcialidad, porque Riboud siempre tuvo presente que las imágenes son tan parciales como la persona que las hace. Como mucho, suele decir el maestro francés, un fotógrafo debe aspirar al humanismo, el compromiso y el ánimo de comunicar mediante imágenes "comprometidas".

La exposición Witness at a Crossroads: Photographer Marc Riboud in Asia (Testigo en la encrucijada: el fotógrafo Marc Riboud en Asia) selecciona un centenar de copias originales de los primeros recorridos del reportero por zonas lejanas de Extremo Oriente durante la década de los años cincuenta, cuando era todavía un joven reportero no demasiado conocido. La muestra, en cartel hasta el 23 de marzo, se celebra en el Rubin Museum of Art de Nueva York, el único centro de arte de la ciudad dedicado a la zona de los países atravesados por la cordillera del Himalaya.

Tiempo detenido

La colección, conformada por piezas poco exhibidas o inéditas, podría pertenecer, por las actitudes y escenarios humanos que muestra, al siglo XIX, cuando grandes área del Lejano Oriente eran poco menos que desconocidas en el resto del mundo. Además de mostrar las razones que llevaron al fotógrafo a enamorarse de Asia —la vida simple y dura en comunidades aisladas, la belleza de los paisajes y la sensación de tiempo detenido—, justifican las razones que llevaron a la agencia Magnum a invitar a Riboud a integrarse como socio en el colectivo en 1953. El gran patrón de la agencia, Henri Cartier-Bresson fue quien recomendó a al recién incorporado reportero que iniciase un profundo periplo por Asia para que bregarse en el enfrentamiento con culturas diferentes.

Riboud capturó un periodo de significativos cambios en Asia El fotógrafo, dicen desde el museo, "capturó un periodo de significativos cambios" y la llegada progresiva de la "modernización a la vida diaria" de los países que retrató. La muestra forma parte de una serie de eventos del Rubin para "iluminar el profundo impacto de las culturas asiáticas en el trabajo y la obra de artistas contemporáneos de todo el mundo", añade la coordinadora de la exposición, Beth Citron.

Primer extranjero en la Revolución Cultural maoísta

Entre las fotos de Witness at a Crossroads destacan los brillantes tanteos de Riboud con la composición. En Forbidden City (1957) una silueta se enfrenta a los edificios nevados de poderosos ángulos de la Ciudad Prohibida de Pekín, en una época en que China estaba inmersa en la convulsa Revolución Cultural maoísta —Riboud fue el primer fotógrafo occidental en ser admitido en el país durante la época—.

Un solitario ciclista en el desfiladero de Jáiber, entre  Afganistán y PakistánRoad to Khyber Pass (1956) muestra a un solitario ciclista afronta la carretera sin asfaltar que conduce al estratégico desfiladero de Jáiber, entre Afganistán y Pakistán, zona entonces libre de las presiones bélicas que llegarían con el tiempo. Darjeeling (1956) es una melancólica visión  de la ciudad india en un día lluvioso y Camel Market (1956) muestra el bullicio de un mercado de camellos en el Rajastán.

Fascistas en el Valle de los Caídos

Una década después de firmar esta colección Riboud, que ya era un reportero consolidado y colocaba sus trabajos —entre ellos un reportaje de fascistas españoles en el Valle de los Caídos— en las publicaciones de referencia (LifeNational Geographic, Paris Match, Stern...), hizo la que quizá sea su imagen más conocida, la de una joven hippie enfrentándose con una flor a soldados armados con bayonetas durante una manifestación contra la guerra de Vietnam ante el Pentágono de los EE UU.

La chica 'hippie' Jan Rose Kasmir, de 17 años, enfrentándose con una flor a las bayonetas Las imágenes de la chica, Jan Rose Kasmir, de 17 años, dieron la vuelta al mundo y al día siguiente fueron publicadas masivamente por la prensa de todo el globo. El gesto de la aniñada hippie —una flor contra las bayonetas— quedó tan anclado en la sociedad civil que ha sido repetido innumerables veces en otras protestas. A Riboud le valió para ser invitado por el régimen comunista de Vietnam del Norte a retratar la guerra desde el lado antiestadounidense. Fue el único no vietnamita en gozar de ese privilegio.

Ingeniero fracasado

Tímido y apocado desde niño y autodidacta (nunca estudió fotografía), Riboud iba para ingeniero, pero pronto descubrió que aquello no era lo suyo. Fue su padre, en 1937, quien le regaló una cámara Vest Pocket Kodak. Se la entregó al tiempo que pronunciaba un deseo que fue premonitorio: "Si no sabes hablar, quizá sepas mirar".

Las fotos no pueden cambiar el mundo, pero sí mostrarnos su crudeza Riboud siempre ha defendido la tesis de que la fotografía "es fondo y forma" y debe contener "un orden y un ritmo, como en la música". Ferviente paladín de los derechos humanos, su aserto más citado es que las fotos "no pueden cambiar el mundo, pero sí mostrarnos su crudeza".