The Parakeet and the Mermaid, 1952
Uno de los últimos recortables que hizo Matisse, 'El periquito y la sirena' Stedelijk Museum, Amsterdam. Acquired with the assistance of the Vereeniging Rembrandt and the Prince Bernhard Cultuurfonds © 2014 Succession H. Matisse / Artists Rights Society (ARS), New York

Era uno de los creadores con más talento de la primera mitad del siglo XX, un superdotado capaz de abarcar estilos y agotarlos, pero también uno de los más obcecados en buscar la esencia de la emoción mediante la práctica artística. Henri Matisse (1869-1954) se afanó durante toda su vida en perseguir lo que llamaba la "pintura verdadera". La encontró, ya viejo y enfermo, en la década final que precedió a su muerte —un ataque al corazón a los 84 años—, mediante el papel y las tijeras.

El Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) exhibe hasta el 8 de febrero de 2015 Henri Matisse: The Cut-Outs (Henri Matisse: los recortables), un viaje al exuberante mundo que construyó el maestro cuando decidió "dibujar con tijeras", como él mismo decía. La muestra, con más de un centenar de piezas elaboradas con papel pintado a la aguada, recortado y ensamblado, introduciendo un nuevo lenguaje que nunca antes había sido desarrollado ("pintar con tijeras", lo llamaba) y que tendría gran trascendencia en escuelas futuras del siglo XX, entre ellas el pop-art.

Formas vegetales, abstractas y geométricas

La radical nueva aproximación de Matisse a la creación era la consecuencia de una obsesión que persiguió al prolífico pintor francés durante toda su vida: la búsqueda de la armonia definitiva entre el c0lor y la línea, un unión que entendía como "esencial" para lograr "transmitir al emoción". Los recortables, con los que creaba formas vegetales, abstractas o geométricas que luego disponía en vivísimas composiciones que jugaban con el contraste, el minimalismo del significado y la espectacularidad de las técnicas decorativas, le tuvieron ocupado durante diez años, cuando ya estaba de vuelta de los géneros artísticos y sufría de una delicada salud.

Cada uno era único, pero también  ornamental y ambiental Aunque inicialmente los recortables eran de pequeño tamaño, Matisee terminó por hacer montajes que ocupaban todas las paredes de una estancia, conformando murales que el artista consideró la culminación de su carrera por el compromiso radical de los cut-outs con el color y la forma. Tenían, decía el pintor, el estatus de obras de arte porque cada uno era un objeto único, pero también participaban de las cualidades de lo ornamental y lo ambiental, creando un producto híbrido y nuevo.

'Voy a hacer mi propia piscina'

La exposición del MoMA —que ha lanzado una completa web para disfrutar de la experiencia en línea y a distancia— nace del proceso de restauración de The Swimming Pool, el espectacular y bellísimo recortable que Matisse realizó en el verano de 1952 en la habitación que ocupaba en el Hôtel Régina de Niza, en la Costa Azul. Al pintor le encantaban la luz y el ambiente de las piscinas, pero sufría bajo el sol y el calor, y anunció: "Voy a hacer mi propia piscina".

Recortó bañistas y buceadores y los colocó a lo largo de una cenefa en la habitación del hotel Encargó a su asistenta y secretaria Lydia Delectorskaya que colocase una línea de papel blanco a la altura de los ojos en todas las paredes del cuarto, recortó papeles con forma de bañistas y buceadores pintados de color azul ultramarino y los colocó a lo largo de la cenefa de papel, componiendo in situ una dinámica escena de algo parecido a un ballet submarino. La obra, adquirida por el MoMA en 1975, ha sido restaurada a conciencia y vuelve a estar a la vista del público.

'Reconsideración' de los recortables

La exposición quiere formular una "reconsideración" de los recortables de Matisse como obras pioneras de la pintura ambiental, económica (sólo requería de pintura gouache, papel y tijeras), con presencia escultórica porque aprovechaba la textura y los materiales de las paredes y era mutable y adaptable cuando se trasladaba de lugar. Los organizadores sostienen que Matisse fue el primer artista en atisbar las posibilidades del nuevo medio y en utilizarlo de manera independiente.

'Jazz', de 1947, fue el primer 'libro de artista' Aunque no empezó a desarrollar la técnica con intensidad hasta los años cuarenta, el pintor ya había trabajado con ella en 1930 en la confección de un mural en el que fijó piezas recortadas de papel sobre un lienzo. También la empleó para el diseño de portadas de libros y los decorados de escenografías de ballet, portadas para la revista Verve y el volumen ilustrado Jazz (1947), uno de los primeros libros de artista del siglo. Fotos, bocetos y ejemplares de estas obras están presentes también en la muestra de Nueva York.

Recuerdos de Tahití

Entre las obras destacadas de la maravillosa antología aparecen también Oceania, the Sky y Oceania, the Sea, realizadas sobre las paredes del estudio del artista en París en 1946 como proyección de los recuerdos de un viaje de Matisse a Tahití en 1930; los intrincados recortables que cubrían las paredes de la casa de campo de Vence sugiriendo un manto vegetal; el diseño de la capilla de la misma localidad; The Parakeet and the Mermaid, donde se pueden apreciar influencias del arte oriental; la serie de los cuatro desnudos azules, que raramente se han expuesto juntos, y The Sheaf, el último recortable que firmó.

Estoy en medio de mi propia jungla Las posibilidades plásticas y narrativas de los recortables son destacadas por el MoMA, un museo que tiene, aseguran sus responbsables, "una especial vinculación" con Matisse, el artista a quien gustaba llenar las paredes e incluso el suelo de formas fantásticas, imaginarias, esquemáticas o caprichosas para imaginar que cada habitación podía ser un mundo. "Estoy en medio de mi propia jungla", solía decir a sus amigos cuando le preguntaban.