"Nos dan igual las heridas con tal de llegar a Europa"

Muhammad (i) y Traoré (d), en el CETI de Melilla.
Muhammad (i) y Traoré (d), en el CETI de Melilla.
ÁNGEL CALLEJA

"Me duele mucho, pero que te pegue la policía marroquí es peor". Muhammad, que asegura ser de Mali y haber cumplido 19 años, es uno de los 470 afortunados que este martes consiguieron entrar en Melillasaltando la triple valla fronteriza que separa España de Marruecos.

La mayoría de ellos ha dormido en las tiendas de campaña habilitadas por el Ejército y la Cruz Roja en los patios y los exteriores del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). Allí, el frío cala, pero cualquier cosa es mejor que los más de cuatro meses de espera que ha tenido que aguardar en el monte Gurugú, que linda con la ciudad, escapando de las fuerzas de seguridad marroquíes.

"No teníamos comida, llovía... Los gendarmes venían y se llevaban a gente a otras ciudades, pero nosotros nos quedamos en Nador y entramos por la valla", rememora.

Y eso que el salto de este martes, sin ser el primero que intentaba, no fue fácil. De las alrededor de 1.500 personas personas que trataron de encaramarse a la defensa, solo 470 lograron superarla. En el camino, uno de sus compañeros se rompió la pelvis y otro se desgarró el antebrazo por la acción de las concertinas, como publicó20minutos. Muhammad, que lleva el tobillo derecho vendado por las laceraciones que le produjeron las cuchillas, ni siquiera se atreve a mirar la foto.

El salto, tal y como lo describe, se realizó en orden solo hasta el momento en el que la verja estuvo a la vista. En ese momento, echaron a correr y cada uno se las ingenió como pudo: "Me agarré y subí. Mucha gente se caía y tenía sangre. Al final quedamos unos pocos". Una vez en tierra firme, corrieron al CETI, donde besaron el suelo y recibieron las curas de urgencia de Cruz Roja.

El sacrificio, incluido el año y medio de peregrinaje hasta llegar a España, ha merecido la pena: "Nos dan igual las heridas con tal de poder llegar a Europa. No tengo a nadie en España, ni Francia, ni Alemania.... Ni primos ni hermanos. Pero mi familia es muy pobre y no quiero pasar más hambre".

A su lado, Traoré asiente y muestra sus manos, remendadas por tres partes y con apósitos para evitar que los cortes, aún en carne viva, se infecten. También señala a Mali como su patria, aunque prefiere no precisar su edad ni dar detalles sobre cómo ha llegado hasta aquí. "Tuvimos muchos problemas con la policía marroquí. He venido para poder ayudar a mi familia", zanja con rapidez.

Ni uno ni otro tienen muy claro que será de ellos ahora. Como recién llegados, sus únicas pertenencias son la ropa que llevan puesta y un cubierto para comer el menú que el CETI les ofrece.

La única información que manejan es que de Melilla pasarán a la Península y, de ahí, quién sabe. Desconocen cuánta gente hay esperando en el Gurugú. "Muchos", aseguran, y ninguno teme a las cuchillas: "Cortan aunque te tapes, pero da igual. Van a saltar. Quieren trabajo y comer".

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