'Hector and Andromache', 1968
'Héctor y Andrómaca' (1968), obra de Giorgio de Chirico basada en una pintura suya de 1912 y del mismo nombre Giorgio de Chirico - Private collection. Courtesy Galleria d’Arte Maggiore, Bologna

La soledad, la melancolía y el misterio rodean a los maniquíes en las pinturas de Giorgio de Chirico (1888-1978). El artista, nacido en Grecia y de padres italianos, comenzó entre 1910 y 1911 a gestar su "pintura metafísica" con obras que encandilaron a artistas como Dalí y Magritte cuando no eran más que unos principiantes y resultaron precursoras del surrealismo.

Las pinturas de perspectivas imposibles y plazas desérticas no correspondían a las corrientes vanguardistas que surgían en Europa en los años anteriores a la I Guerra Mundial: Chirico abrazaba la modernidad y la cultura grecorromana a partes iguales; era lúgubre sin ser escandaloso, se adentraba en el silencio interior de los sueños y del subconsciente.

Dueña de una de las mejores colecciones de arte italiano de principios del siglo XX, la Estorick Collection de Londres anuncia para el 15 de enero Giorgio de Chirico: Myth and Mystery (Giorgio de Chirico: mito y misterio), una inusual exposición organizada en colaboración con la Galleria d'Arte Maggiore de Bolonia (Italia) que se adentra en la producción escultórica del autor, mucho menos conocida que las pinturas.

"Un espectro que se muestra a sí mismo y nos sorprende"

De Chirico empezó a esculpir a finales de los años sesenta, creando pequeñas versiones en bronce de las enigmáticas figuras —semejantes a autómatas y maniquíes, articuladas y esbeltas— que pueblan sus lienzos. Ya en la recta final de su vida, no le costó cosechar éxitos. En 1972 ganó por el premio italiano de escultura Ibico Reggino en conjunto con Henry Moore.

Es como ver gente en una habitación que creíamos vacíaLa exposición reúne obras que reproducen los motivos más famosos de Chirico y representan a personajes de la mitología griega como el príncipe troyano Héctor y su mujer Andrómaca; el dios olímpico Hermes o las musas, todos previamente representados en pinturas. Además, la muestra incluye bocetos previos y estudios de los trabajos escultóricos.

Aunque no trabajó en tres dimensiones hasta relativamente tarde, el medio fue estimulante para el artista desde el principio. Sus obras más famosas están llenas de volumen y en sus escritos hizo mención de las cualidades especiales de la escultura con respecto a la pintura. En 1927 escribía en un ensayo: "en el museo (...) la aparición de una estatua (...) es similar a ver gente en una habitación que creíamos vacía. (...) Aparece ante nosotros en su aspecto más solitario y es más un espectro que se muestra a sí mismo y nos sorprende".