Mandela, el mito africano que se alzó contra el 'apartheid' y el sida

El expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela, en una fotografía tomada el 2 de julio de 2005 en un concierto para recaudar fondos contra la pobreza en Johannesburgo.
El expresidente de Sudáfrica Nelson Mandela, en una fotografía tomada el 2 de julio de 2005 en un concierto para recaudar fondos contra la pobreza en Johannesburgo.
Jon Hrusa / EFE

Se marcha el hombre, queda el mito. Nelson Mandela, que ha fallecido a los 95 años, deja esta vida como un héroe para los negros y un símbolo de paz y convivencia para todo el mundo. 'Madiba' —su nombre de clan— condujo a Sudáfrica hacia la democracia y, en 1994, puso fin a 300 años de dominio blanco cuando alcanzó la presidencia del país.

Sudáfrica, desde la colonización, era un país de mayoría negra dominado por una minoría blanca. Ese drama se convirtió en tragedia cuando, a mediados del siglo XX, una de las dos minorías blancas, los afrikáneres (blancos de origen holandés; el otro grupo blanco es de origen británico y juntos suponen el 10% de la población del país) llegaron al poder e instauraron una política de segregación racial conocida como apartheid. Con aquella legislación, la población negra no podría votar ni ocupar cargos públicos, los edificios oficiales tenían entradas para blancos y negros, los transportes públicos también estaban segregados y los negros no podía estar en zonas asignadas para la población blanca...

Aquella política discriminatoria aisló a Sudáfrica de la comunidad internacional. En el interior, encendería la llama de una lucha en la que iba a destacar un nombre propio: Nelson Rolihlahla Mandela, 'Madiba'. Un hombre que dedicaría su vida a construir una Sudáfrica donde blancos y negros pudieran convivir en mejor condiciones.

Nacido en 1918, su familia le esperaba como un gran líder de clan y él acabó comandando la revolución de su pueblo. En la universidad, ya huérfano de padre, conoció a Oliver Tambo —futuro dirigente del Congreso Nacional Africano (CNA)—. En aquellos tempranos años, Mandela ya destacó en la movilización estudiantil, y con la llegada del apartheid (1948), se convirtió en un peligro público para el poder blanco: trabajó en el primer bufete de abogados negros, reclutó jóvenes negros de todo el país para su lucha pacífica... Y fue arrestado en varias ocasiones.

En los años sesenta, la lucha racial se volvió más cruenta tras la masacre de manifestantes negros conocida como matanza de Shaperville en 1960. A partir de ahí, el CNA y Mandela comenzarán a pensar y diseñar una estrategia de lucha armada. 'Madiba' pasó por la cárcel brevemente y salió del país, pero a su regreso, es detenido y condenado a cinco años de cárcel por salir ilegalmente, una condena que se convirtiría en perpetua al descubrir la estrategia guerrillera conocida como 'Operación Mayibuye' entre sus documentos. Por ello, sería considerado como terrorista durante décadas: EE UU le mantuvo en su listado de posibles terroristas hasta 2008.

En 1964 ingresó en prisión y comenzó su condena que le llevaría a las penitenciarias de Robben Island y Pollsmoor. Precisamente durante el traslado entre ambas, en 1982, comenzó una campaña para su excarcelación que finalizó con el compromiso del gobierno para buscar una solución pacífica a la crisis del país. En 1989 caía el régimen afrikáner, desplazado por Frederick De Klerk tras un golpe palaciego. El nuevo líder sudafricano ordenó la libertad de Mandela quien, después de 27 años en la cárcel, fue liberado un 11 de febrero de 1990.

Juntos, con Mandela y De Klerk, blanco y negro, al frente, Sudáfrica experimentó una gran revolución democrática. La colaboración entre el CNA y el gobierno, a través del Foro de la Paz, dio el impulso final para que el país fuera aceptado internacionalmente. Se puso fin al sistema segregacionista, la pena de muerte y el estado de excepción. En los dos años posteriores se creó un gobierno de unidad con partidos multirraciales, se aprobó la Constitución y se celebraron en 1994 las primeras elecciones democráticas.

El 26 de abril de 1994 se ponía fin a 300 años de dominio blanco con la victoria de Nelson Mandela con el 62% de los votos. Su presidencia en coalición con De Klerk estuvo marcada por su reconocimiento internacional, llegando a integrarse en la ONU como miembro de pleno derecho. Tres años después y con la revolución democrática y antirracista ya finalizada, Mandela comenzó a despedirse de la política. En 1999, aquejado de un cáncer de próstata, dio paso a Thabo Mbeki en la presidencia.

Toda su vida, dedicada a la búsqueda de la igualdad entre blancos y negros, incluidos sus 27 años en la cárcel, terminaron con el "fin pacífico del régimen de apartheid y las bases para una nueva Sudáfrica democrática", como reconoció el Premio Nobel de la Paz que junto a Frederick De Klerk recibió en 1993.

Mandela puso las bases para la construcción de un país y un mundo mejor. Suya es gran parte de la responsabilidad de los avances sociales, políticos y económicos que Sudáfrica ha vivido en las últimas décadas, aunque aún existan en el país grandes diferencias sociales, violencia, sida y pobreza.

Una trágica vida familiar

Admirado por todo el planeta, la vida personal de Mandela estuvo llena de momentos trágicos. Se casó tres veces y tuvo 6 hijos. De ellos, tres fallecieron antes que su padre y afrontó dos divorcios.

De su primer matrimonio, una hija murió en edad de lactancia, otro en un accidente de tráfico en 1969 y un tercero, en 2005, a raíz de una enfermedad asociada al sida.  La muerte de su segundo hijo y de su madre coincidieron con estancia en prisión y 'Madiba' no pudo acudir a los funerales.

Su segundo matrimonio, con Winnie Madikizela, terminó tras 38 años y dos hijas. En su 80 cumpleaños, contrajo matrimonio con Graça Machel, la viuda del antiguo presidente de Mozambique.

Durante el Mundial de Fútbol celebrado en Sudáfrica, en 2010, un hito que demostraba que Sudáfrica ya era una país puntero e integrado en el mundo global, Mandela no pudo acudir a los actos de inauguración porque el día anterior, su biznieta, de diez años, fallecía en un accidente de tráfico.

En sus memorias, Mandela escribió sobre el dolor que le produjeron estas pérdidas y su decisión de anteponer su lucha política a su familia. "Tomé la decisión de anteponer el bienestar de mi pueblo al de mi familia", escribió.

Compromiso contra el sida

Los varapalos de la vida llevaron a 'Madiba' a su última gran lucha, tras abandonar la vida política y la lucha contra la discriminación y el hambre: el sida. En 2002 inició la campaña 46664, su número de preso, para recaudar fondos y luchar contra esta enfermedad. Tres años antes de que esa enfermedad que diezmaba y diezma el continente africano se llevara a su propio hijo.

Para entonces, Sudáfrica tenía una alta tasa de mortalidad por esta enfermedad, y el Gobierno se negaba a reconocerlo por tratarse de un estigma social. "Hace tiempo que vengo diciendo que hay que hablar abiertamente del sida y no esconderlo, es la única manera de demostrar que se trata de una enfermedad normal", afirmó ante los medios.

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