Falciani: Un bandido encantador

  • El informático que ha puesto en jaque los secretos del paraíso fiscal suizo es un tipo listo: colabora con la Hacienda española y clama su inocencia.
  • Vende historias dignas del mejor Bond y hoy vive oculto y protegido en España.
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Hervé Daniel Marcel Falciani, en la ilustración, extrabajador del banco suizo HSBC.
Hervé Daniel Marcel Falciani, en la ilustración, extrabajador del banco suizo HSBC.
LPO

Hervé Daniel Marcel Falciani (Mónaco, 9 de enero de 1972) es un tipo afable. Cuando habla nunca alza mucho la voz; es ordenado, metódico, educado y listo. Muy listo. En los 168 días que pasó encarcelado en España, primero en Barcelona y luego en la prisión de Valdemoro (Madrid), hizo creer a todos (funcionarios y compañeros de reclusión) que no le costó nada aprender español, cuando lo cierto es que ya lo manejaba con algo de fluidez. Igual que otros tres idiomas.

Hábil como el que más, Falciani duró muy poco en el módulo 1 de la cárcel madrileña (donde están los más peligrosos). Él sabía que su fama lo precedía y solo era cuestión de tiempo que se le buscara un destino más cómodo: el módulo de respeto, el 8, donde se vive mejor junto a presos menos conflictivos. Mientras estuvo en el 1, dejó que se le acercaran compañías nada recomendables. José Ignacio Rocha Fernández, el Nacho, en prisión por el intento de asesinato del mediático abogado Emilio Rodríguez Menéndez, enseguida se hizo su sombra, su protector. Rocha quizás esperaba sacar algo a cambio, pero a la dirección de Valdemoro no le gustó la relación y no tardó en cambiar a Falciani de módulo. Ya tenía lo que quería, solo con dejar que se le acercaran tipos peligrosos. Después del 8 pasó al módulo 5, donde hay un pequeño taller con ordenadores de libre disposición. Que nadie se preocupe. No los llegó a tocar.

"Un tío agradable, siempre leyendo los periódicos y viendo las noticias. Nunca ocasionó ningún problema. Obedecía las normas y se dejaba querer", asegura quien le conoció entre rejas. Falciani, ingeniero informático, nacido en Montecarlo (donde viven su mujer y su hija de 7 años, enferma) y con pasaportes francés e italiano, solo pidió comunicar dentro de la cárcel con tres teléfonos: el de su esposa Simona, el de su madre (italiana) y el de su abogado. Su letrado es de renombre: Joan Garcés, asesor de la ONU y del presidente chileno Salvador Allende hasta el mismo día de su muerte.

Con su familia siempre hablaba de cosas personales y banales... lo importante lo hablaba con  su abogado. Y lo importante era trabajarse su libertad. Falciani, a través de Garcés, hizo llegar a las autoridades españolas el mensaje de que si lo ponían en libertad y no lo extraditaban a  Suiza, daría a España la información tributaria más jugosa de toda su historia. Estaba harto de prisión. "Es el mejor sitio para conocer a los amigos y a los enemigos", llegó a decir a uno de los funcionarios.

El mensaje fue claro: la lista de 659 evasores fiscales (entre ellos el banquero Emilio Botín) que el Gobierno francés (después de quitársela a Falciani) entregó a España en mayo de 2010 es más amplia. Estos 659 nombres no son los únicos defraudadores con pasaporte español que hay en los tres gigas de información que él se llevó cuando trabajaba en el HSBC (Hong Kong Shangai Bank Corporation). El caramelo era tan grande que representantes de la Fiscalía Anticorrupción y de la UDEF (la unidad policial más nombrada en España debido a los múltiples casos de corrupción) decidieron visitarlo discretamente en prisión durante los meses de septiembre y octubre.

Falciani también pidió ser incluido en un plan especial de protección de testigos. Teme por su vida. Él conoce algunos nombres comprometedores que aparecen en la larga lista que se llevó. Cuentas, titulares, apoderados y movimientos que organizó en unos 25.000 ficheros. "Creemos que tiene 127.000 cuentas de 80.000 clientes", explican fuentes policiales. Lo que más le preocupa es la información de clientes procedentes de EE UU, México y Colombia, testaferros y empresas pantallas del narcotráfico. El Senado de EE UU ya puso en julio del año pasado el dedo acusador contra el HSBC en un informe de 335 páginas. Tanto, que el banco aceptó pagar una multa de 1.900 millones de dólares después de que la entidad financiera admitiera una cierta permisividad con criminales de todo el mundo que emplean sus servicios para lavar dinero del narcotráfico o del terrorismo.

Por eso Falciani salió de la cárcel de Valdemoro un día antes de que la Audiencia lo hiciera oficial. Su auto de libertad es del 17 de diciembre de 2012, pero él abandonó la prisión a las 15.00 horas del día 16 (como ya adelantó 20 minutos) con chaleco antibalas y protegido por ocho policías. Las medidas de seguridad exigían que saliera en libertad antes de que se hiciera público a los medios. Era lo pactado. Su destino, un piso que muy poca gente conoce, protegido por agentes especiales. De hecho, cambia de escondite cada poco tiempo.

El auto de la sección segunda de la sala de lo Penal de la Audiencia lo dejó claro: "El reclamado ha colaborado y sigue colaborando con las autoridades de diversos estados de la UE tanto en investigaciones financieras como tributarias, de blanqueo de capitales, financiación de terrorismo y corrupción". En un principio, hubo dudas sobre las ofertas de Falciani. España ya había enviado una comisión rogatoria a la Justicia francesa para que remitiera una copia del disco duro interceptado a Falciani. Pero el extrabajador del HSBC fue listo y dio a entender claramente que aunque la Justicia gala le había requisado en su día el ordenador de su casa, guardaba copias. Ahora, cuando ya lleva más de dos meses libre, protegido y colaborando estrechamente con equipos de la UDEF, la Fiscalía Anticorrupción y la Agencia Tributaria, las dudas sobre Falciani se han empezado a disipar.

"La información práctica que tiene Falciani es vital", señalan fuentes tributarias. "Él sabe cómo descifrar los movimientos de las cuentas. No solo interesa el saldo final cuando Falciani copió la lista, sino los extractos de movimientos, el camino que ha podido recorrer el dinero, las rentas generadas cada año", explican las mismas fuentes. Falciani sabe que es un testigo muy útil.

La Agencia Tributaria inició en junio de 2010 una gran operación burocrática para ponerse en contacto con los 659 defraudadores que le había pasado Francia e invitarles así a presentar declaraciones complementarias de renta y patrimonio y pagar lo que debían ahorrándose la multa. Hay que tener en cuenta que las deudas fiscales prescriben a los cuatro años si no hay delito, o a los cinco si hay delito fiscal. No había tiempo que perder. "¿Por qué decidió la Agencia Tributaria formular un requerimiento de declaración complementaria en lugar de iniciar un procedimiento de inspección? La razón se encontraba en la proximidad de la prescripción del ejercicio 2005. Esta circunstancia impedía disponer del tiempo necesario para llevar a cabo un análisis detallado de la información recibida y valoración de su fiabilidad, circunstancias que desaconsejaban el inicio de un procedimiento inspector frente a un gran número de contribuyentes. Es por ello por lo que se optó por la vía del requerimiento con interrupción de la prescripción", reza una respuesta parlamentaria de Hacienda para justificar las actuaciones contra los evasores de la lista Falciani. Una excusa vaga, ya que iniciar una inspección interrumpe igualmente la prescripción durante doce meses, para poder así finalizar esa inspección y perseguir supuestos delitos fiscales.

De los 659 defraudadores, solo 293 presentaron declaraciones complementarias. Y de esas 293, 151 no fueron lo 'completas' que deberían haber sido, ya que se hallaron "explicaciones insatisfactorias y falta de coincidencia con los datos de la Agencia Tributaria". Simple y llanamente: no dijeron toda la verdad. En estos 293 expedientes, los de los españoles que decidieron pagar tras ser pillados, se interrumpió la prescripción, por lo que el cómputo de cuatro años comenzó de nuevo. Esto ha permitido a Hacienda seguir investigando y reclamar en los 151 casos en los que hay dudas sobre lo pagado. No ocurrió lo mismo en los otros 366 expedientes que no respondieron a Hacienda.

En estos último casos, Hacienda envía sus investigaciones a la Fiscalía y luego solo se interrumpe el plazo de prescripción penal si un juez dicta un auto de procesamiento contra los evasores o si la Fiscalía abre diligencias. Esta empezó a trabajar con los primeros casos en enero de 2011 y ya lleva 400. Por eso es tan importante Falciani. Porque en la mayoría de los nombres que hay en su lista (datos de 1998 a 2008) el delito fiscal ya ha prescrito o está a punto de hacerlo. Los datos de 2007 prescriben penalmente en junio de 2013, y los de 2008, en junio de 2014. Apenas hay tiempo.  Y la información que pueda facilitar Falciani es vital para que la UDEF investigue y, posteriormente, un juez ordene procesamiento en los casos de evasores más huidizos que así lo requieran.

La verdad es que es imposible calcular la cantidad del dinero evadido a Suiza por los españoles de la lista. Los más optimistas, según algunas cifras publicadas, hablan de 100.000 millones. Lo más pesimistas, de 10.000 millones, porque no todos los clientes van a ser como el banquero entre banqueros, Emilio Botín. Él y su familia pagaron al fisco cerca de 200 millones para regularizar sus 'olvidos'. Los Botín no habían declarado, entre 2005 y 2009, unos 900 millones que había en una cuenta abierta en el HSBC por el padre de la saga en los años treinta. Tras el aviso de Hacienda, los Botín pagaron, para regularizar esa cantidad, 200 millones. En total, Hacienda consiguió recaudar alrededor de 300 millones, en lo que el Gobierno socialista calificó como "la mayor regularización de la historia de España". El alto patrimonio de Botín no quiere decir que todos los clientes del HSBC sean tan ricos como él, ni que oculten tanto dinero en las opacas cuentas suizas. No hay que olvidar que para abrir una cuenta en el HSBC hay que ingresar un mínimo de 'solo' 1,62 millones de euros.

¿Ciudadano ejemplar o ladrón?

Pero Falciani, ¿es un ciudadano ejemplar o simplemente un ladrón de datos, un informático metido a hacker? Lo que está claro es que copió la lista privada de clientes del banco para el que trabajó durante seis años. ¿Sustrajo los datos persiguiendo un fin altruista o simplemente porque quería venderlos al mejor postor y sacar un beneficio por ello?

Él siempre ha defendido que hizo lo que hizo porque la banca está liderada por "corruptos y mentirosos". Ese fue el mensaje que lanzó desde la cárcel de Valdemoro a los grupos de fans que proliferaron entonces en las redes sociales. Incluso se llegó a cartear con ciudadanos españoles. "En su última etapa en la cárcel escribió mucho. La gran mayoría de las misivas las hizo en inglés, pero también se atrevió con algunas en español", señala un funcionario que estuvo con él.

Las reflexiones de Falciani pululan por la red y, por ejemplo, han sido publicadas por la revista asturiana Altántica XII. "¿Confían en una banca mentirosa, falsificadora y corrupta?", se pregunta el monegasco.

En una carta a la que ha tenido acceso esta revista, fechada el 25 de octubre en Valdemoro, asegura: "... como luchador reconozco que conseguir justicia es una lucha. Mi interés en la vida es compartir: verdad, amistad, ideas, información útil para no perder de vista el objetivo, transparencia contra la corrupción y los chanchullos que dañan a la mayoría [...] En la historia existía el muro de Berlín para separar dos ideologías, hoy está el muro del secretismo de la banca para mantenernos apartados de la información que nos merecemos. No te preocupes porque me encuentre en prisión [escribe a su interlocutora], si estoy encarcelado es una oportunidad para compartir lo mejor, la información útil y verdadera, y me siento feliz por ello".

Gloria de Haro, barcelonesa, se carteó dos veces con él desde prisión. "La correspondencia era para darle mi apoyo", señala. "De sus párrafos se percibe que es una persona honesta, que siempre ha querido que se hiciese justicia y que acabó escandalizado de su etapa de informático en ese banco suizo y sabiendo que los paraísos fiscales son grandes responsables de la situación que estamos viviendo".

Falciani siempre ha promulgado su inocencia en todos los foros donde lo han querido escuchar. El 21 de diciembre de 2009 concedía una polémica entrevista al diario francés Le Figaro, en la que aseguraba que en el año 2006 alertó al Gobierno suizo de lo que había encontrado. "Como no me respondieron, me dirigí a otros países". ¿Y qué es lo que había encontrado? Él se define como un relojero que trabajaba en un reloj excepcional, y ese reloj tan lujoso no era otra cosa que el archivo informático del secreto bancario suizo. Todo un pastel servido en bandeja a un ingeniero licenciado en el mejor instituto tecnológico de Francia, el Sofía Antibes. Información por la que pagaría cualquier administración tributaria.

Miles de archivos copiados

Ya no se supone, está confirmado, que Falciani copió miles de archivos durante dos años, 2006 y 2007. Como una hormiguita, día tras día iba exportando desde su ordenador de trabajo a un portátil de su propiedad los ficheros comprometidos. Falciani había llegado a Suiza desde la filial del banco en Mónaco. Fue destinado al departamento de seguridad e información, en un pequeño despacho en el número 2 de la calle General Guisan, en Ginebra. La ley obliga a los bancos a diseñar un sistema de archivo que les permita conservar sus datos. En la sede de Ginebra, Falciani se da cuenta que los estándares de seguridad no son los correctos, y llega a declarar incluso a un periódico que los directivos suizos hacen oídos sordos a las recomendaciones que ordena la dirección del banco desde Londres. Tras hablar con el diario galo Le Figaro, lo hace con el italiano Il Sole 24 Ore en junio de 2010. "Algunos bancos violan las leyes internacionales para que no sea posible seguir los flujos de dinero".

Los siguientes movimientos en su vida parecen sacados del próximo guión de la saga Bond. En febrero de 2008, Falciani viaja a Beirut (el Líbano) acompañado de una mujer francesa de origen libanés llamada Georgina Mikhael, de 34 años, compañera suya en el HSBC. El Gobierno suizo los acusa de viajar allí para vender los archivos copiados a un hipotético comprador en la sede de Beirut del Banco Audi. Un viaje extraño, teniendo en cuenta que este banco, sospechoso de albergar clientes con dinero de procedencia oscura, tiene también una sucursal en Suiza.

Falciani utiliza para desplazarse un pasaporte falso a nombre de Ruben al-Chidiack, aunque él asegura que todo fue una trampa, y que solo acudió a una cita para reunirse con autoridades de un país, sin especificar. Algo enrevesado y peligroso si lo que solo perseguía era entregar los datos de los evasores fiscales del HSBC a la Hacienda, por ejemplo, de Francia. Es en ese viaje cuando la Asociación Suiza de Banqueros detecta que alguien se ha hecho con los secretos del HSBC. Saltan todas las alarmas.

El 29 de mayo de 2008 la Justicia suiza abre una investigación por un caso de espionaje económico. En diciembre de ese año, Falciani es identificado como el hombre que se había presentado en el Banco Audi como Antoine. Es detenido e interrogado, como su compañera Georgina, que también quiso contar la versión de su historia en otro diario francés. Si Falciani lo hacía en Le Figaro en diciembre de 2009, ella saldría a la opinión pública un mes después en Le Monde. "Yo no soy una fugitiva. El señor Falciani sí, que huyó cuando la Justicia suiza lo llamó a declarar. [...] El objetivo de Falciani era vender esos datos, no luchar contra la corrupción y Al Qaeda, como él dice".

Georgina, que luego hizo una gira por algunos medios galos, ha recalcado que siempre ha ido a testificar cuando la Justicia suiza la ha requerido. "Él me ha manipulado, no sabía de dónde procedían los datos". Georgina asegura que nunca trabajó en el mismo departamento de Falciani, pero que quedaban a comer porque él le atraía y porque el monegasco siempre mostró un gran interés por la cultura y la política del Líbano, donde ella había nacido. Al parecer, le propuso que viajaran juntos allí porque buscaba contactos en bancos privados para después crear una pequeña empresa consultora que trabajara con las entidades. Ambos crearon una sociedad con sede en Hong Kong bautizada Palorva, que mezclaba el alias internauta de ella, Palomino, y el nombre de él, Hervé.

Georgina asegura que durante sus citas con directivos de bancos, ocho en total, Falciani siempre iba con su ordenador privado y que les intentó vender datos que ella desconocía, que estaban cifrados. También asegura que fueron los directivos de uno de los bancos libaneses quienes advirtieron a Suiza. Como toda historia que se precie, siempre debe aparecer un topo. La película se enrevesa aún más. Falciani ha llegado a asegurar que fue 'contratado' por un servicio secreto, en el marco de la lucha antiterrorista, para descubrir a un topo (una mujer) infiltrada dentro del  HSBC. Falciani desconfió de Georgina y la llevó al Líbano para tenderle una trampa.

El desenlace

La Policía detiene e interroga a la pareja en diciembre de 2008, pero Falciani huye a una casa que tiene en Francia cuando es puesto en libertad. Sabe que Francia no extradita a sus ciudadanos. Es un tipo hábil. Suiza dicta entonces una orden de detención internacional contra él, y el informático es arrestado de nuevo en el pueblecito galo de Castellar. Allí lo visitan agentes franceses el 20 de enero de 2009. Son muchos los que piensan que Falciani, ese tipo listo, pactó con la Fiscalía francesa cuando esta requisó en su casita de Castellar el ordenador donde estaban todos los evasores fiscales del HSBC. Falciani no fue extraditado a Suiza y la información que proporcionó al Gobierno francés ha supuesto un terremoto en las finanzas galas. Hasta el ministro francés de Economía dio una gran rueda de prensa para informar de lo encontrado en poder de Falciani.

La siguiente parada de su vida es el puerto marítimo de Barcelona. Allí llega el 1 de julio de 2012. Casualidades o no, se le pide la documentación en un control rutinario. Esta vez no viaja con pasaporte falso y su nombre está unido irremediablemente a una orden de búsqueda y captura. Es detenido y días después encarcelado en Valdemoro. Suiza lo quiere y exige su repatriación.Y volvemos al principio. Lo que está claro es que Falciani no quiere volver a Suiza. Allí lo acusan de violación del secreto comercial, espionaje económico y violación del secreto bancario. Le pueden caer siete años de prisión. La Fiscalía española no quiere extraditarlo, más teniendo en cuenta el trato al que ha llegado con él y que en España no existen esos delitos. Justo lo contrario. Nuestras leyes obligan a denunciar todo indicio de blanqueo. Y Falciani tiene mucho más que indicios, tiene pruebas.

Pero en España, en los casos de extradición, la postura de la Fiscalía no es vinculante, por lo que la última palabra es de la Audiencia. Y si aun así se decidiera enviarlo a suelo helvético, el Consejo de Ministros, en última instancia, podría oponerse a la orden de extradición. Mientras, EE UU ha hecho llegar a España su interés por ser el siguiente en acogerlo. Ya se reunió con él en París en 2012. Y, al parecer, habría hecho llegar a su abogado inmunidad judicial y protección como testigo. Falciani, el ladrón, el hacker, el azote de la banca, el cazador de topos, el bandido encantador, sigue siendo un tipo listo.

'Lista Falciani'

Suiza siempre ha acusado a Falciani de robar los datos del HSBC, y ha exigido, primero a Francia y luego a España, que extraditen al monegasco. Falciani se llevó de los ordenadores del HSBC nombres, apellidos, profesiones, nacionalidades, teléfonos, direcciones, relaciones familiares de los titulares, cuentas, saldos y movimientos. La lista Falciani provocó todo un terremoto diplomático entre Francia y Suiza. El Gobierno galo acusó a Suiza de engaño cuando le pidió que registrara la casa de Falciani sin decirle qué iba a encontrar en ella. Después de analizarlos, Francia entregó a muchos países datos de sus respectivos evasores.

  • 8.933 evasores franceses había en la lista Falciani, entre ellos directivos de los importantes imperios Nina Ricci y L’Oreal.
  • 6.963 italianos. Trascienden nombres como los modistos Valentino y Balestra, el joyero Gianni Bulgari y la esposa de Flavio Briatore.
  • 2.059 griegos. El periodista griego Kostas Vaxevanis publicó todos los nombres, y la Justicia helena lo llevó a juicio. Fue absuelto.
  • 300 monegascos, paisanos de Falciani, apa-recen también en el listado del HSBC. La prensa apenas se ha hecho eco.
  • En España, 659 evasores figuran en la lista que Francia proporcionó en un principio a la Hacienda española. La carta que se adjunta (arriba) es la misiva tipo que Hacienda envió a todos ellos para informarles de que había tenido conocimiento de que tenían cuentas sin declarar en el HSBC. La carta que se muestra es real, y se envió a un importante empresario español que tenía abiertas cuatro cuentas en el banco suizo. Ahora, con la ayuda de Falciani, se están investigando otros 700 nombres. La lista Falciani es vital, por ejemplo, para la Audiencia Nacional, con el fin de investigar a imputados que están relacionados con otras causas.
  • 12.000 clientes del HSBC proceden de América. Destacan 2.000 mexicanos, unos 1.000 estadounidenses y un núme-ro destacado de brasileños.
  • 300 marfileños también aparecen en la lista, junto a 250 egipcios, 250 sirios y unos 150 iraníes. Por haber hay hasta cinco residentes en la Polinesia.
  • 180 países. La compleja lista de Falciani alberga clientes del HSBC procedentes de 180 países distintos, como Angola y Madagascar.
  • Heinrich Kieber es el predecesor de Falciani. También trabajó en un banco con sede en un paraíso fiscal, el Lienchtenstein Global Trust Group. Él solito logró hacerse con los datos de 5.828 clientes del banco (con un patrimonio total de 5.000 millones de euros) y se los vendió a los servicios secretos alemanes por la módica cantidad de cinco millones de euros. En ese listado había 200 cuentas de evasores españoles. Al final, la Agencia Tributaria pudo actuar contra 67 de ellos. Alemania compartió los datos de Kieber con 13 países y la prensa germana publicó que ofrecían siete millones por su cabeza.
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