Fernando Trueba
El director Fernando Trueba.

Tras Chico & Rita, Fernando Trueba regresa con El artista y la modelo, una película rodada en blanco y negro, y en francés.

Nueva película y buena crítica.
Con la crítica hay un problema: estás de acuerdo con las que dicen que tu película es buena, y consideras idiotas las malas. Así que eres tú mismo el que debe analizar qué has hecho, ver en qué te has equivocado. No veo mis películas, prefiero las de los demás, como tampoco leo mis entrevistas... Casi ni me miro al espejo.

¿Perdemos mucho tiempo mirándonos al espejo?
No solo eso: acabas odiándote, creándote inseguridades y problemas. Hay que mirar hacia fuera. Si quisieran que nos mirásemos a nosotros mismos, nos habrían puesto los ojos al revés, pero no están hechos para eso, sino para mirar al resto. Sobre todo si uno es un contador de historias.

El cine siempre ha estado en peligro y sometido a vaivenes económicos ¿Por qué hace películas?
Para los demás y para el cine. Para contribuir a un arte que me gusta, a un patrimonio al que intento aportar algo, dadas mis posibilidades.

¿Se quiere más a una película que a otra?
Son como los hijos: los quieres igual, pero distinto. ¿Que si las hay mejores y peores? Por supuesto. Pero eso ya lo saben los demás, yo no las pongo a competir.

¿Por qué salen mejor o peor?
Intento no pensar mucho en eso... Una película no es algo lineal, sino momentos, fragmentos. Pienso en las cosas que nos deja el cine: escenas, besos... Momentos llenos de magia, poder y evocación. A mí me haría ilusión provocar eso mismo con mis películas, porque es algo muy bonito.

Hablando de cine: ¿está en peligro con los últimos recortes?
El cine siempre ha estado en peligro y sometido a vaivenes económicos. Sobre todo en un país como el nuestro, donde se lo hemos vendido a los extranjeros: nuestro público, nuestra lengua... Pero ha pasado en todos lados. En 1897, poco después de ser inventado, el cine ya estaba en crisis. Al final del periodo mudo o con la televisión estuvo a punto de irse al carajo, pero ahí sigue. Ahora es Internet, el precio... Estamos en un proceso difícil de transformación, de reordenación, y todo será complicado.

¿Cómo lo lleva usted?
Me afecta, pero tengo una máxima: tenemos que derrotar al derrotismo. Como director de cine, mi única forma de luchar contra el derrotismo es hacer películas, e incluso dedicárselas a los que quieren hacernos desaparecer.

¿Quiénes son esos?
Los que quieren saldar cuentas pendientes, los que quieren vengarse de este sector porque han hecho un análisis muy equivocado de la realidad y los acontecimientos.

Me ha faltado tiempo para hacer todo lo que quiero hacer y escribir... ¡qué pena no poder vivir tres veces! Y usted les contesta con una película en blanco y negro, y que reivindica la pausa y el pararse a observar las cosas.
¡Es que tenemos que recuperar el control de nuestro tiempo! Tenemos que volver a mirar, a tocar... La tecnología nos sobrepasa y nos abruma porque nos usa, cuando somos nosotros los que tenemos que usarla para nuestro propio placer y beneficio. Y la película sí, habla un poco de eso, de que siempre será mejor una caricia que mandar un tuit.

La película dice que, cuando uno empieza a comprender la vida, es momento de marcharse. ¿Qué va comprendiendo usted?
Que me ha faltado tiempo para hacer todo lo que quiero hacer y escribir... Supongo que es un proceso natural, algo normal. Ahora pienso... ¡qué pena no poder vivir tres veces! ¡Habría escrito en una, me habría dedicado a la música en otra! Tengo la sensación de que he dejado mucho por hacer, porque no he tenido tiempo.

Un Oscar... Le ha cundido.
No tengo esa sensación, sino la de haberme entretenido mucho. En cosas que me gustan y divierten, eso sí, pero hay gente mucho más regular y eficaz trabajando. Yo le doy demasiadas vueltas a todo.

¿Qué vuelta da a las manifestaciones, a las protestas?
Que la gente quiere decidir por ella misma, reglas del juego justas, que los políticos estén al servicio de los ciudadanos. La democracia es el sistema menos malo que existe y cosas como la de estos días la refuerzan.

¿Qué se logrará con todo esto?
Esta es una lucha continua, que no se acaba nunca. Es el día a día de los humanos, luchar para conseguir trabajo y dignidad. Pero a la gente del cine nos pasa lo mismo: luchamos por el dinero, como tuvo que hacerlo hasta Chaplin.

Aida Folch, protagonista de El artista y la modelo

Seis años después de que Trueba le ofreciera el papel, por fin la actriz vio cómo el proyecto se hacía realidad. En él, es la modelo de un escultor y quien viene a devolverle la vida.

¿Qué tal en el Festival de San Sebastián?
La película gustó mucho, y es un placer hablar de algo que te gusta tanto y de lo que estás tan orgullosa. No había una butaca libre, y la crítica también la aplaudió. 

¿Qué puede aprender el público con el filme?
Habla de la creación artística, pero también de mirar las cosas y tener paciencia. Degustar el aceite de oliva, mirar un dibujo... Pero también de las relaciones humanas. Del intercambio entre personas y generaciones.

¿Irá la gente a verla?
Es una película que rompe normas muy establecidas en el cine actual, como la acción o la afición por lo rápido, pero es que hay mucha gente harta de eso, y harta de no poder disfrutar de las cosas, harta del estrés, de estar encerrado en uno mismo comunicándose solo por Facebook o Twitter.

¿Le ha cambiado la vida?
La experiencia me ha enriquecido mucho. He crecido, porque he aprendido muchas cosas, he puesto mi corazón en algo que me divertía y he aprendido a saborear el momento. 

¿Cómo saborea el momento?
Exige un trabajo personal. Muchas veces, solo encerrándome en casa y leyendo. O haciendo un curso de cocina. Disfrutar está en nosotros, y en no dejarnos comer por esta sociedad.