Rudy Fernández
Rudy Fernández posa sosteniendo la Copa del Rey con Maite Arqué, alcaldesa de Badalona. (Efe)

Cuenta Rodolfo Fernández, padre de Rudy Fernández, que la primera vez que su hijo caminó en su vida fue en una cancha de baloncesto persiguiendo un balón.

Más de 20 años después, y en otra cancha de baloncesto, Rudy dio otro paso de gigante en su carrera: fue nombrado Jugador Más Valioso (MVP) de la Copa del Rey de Baloncesto y su equipo, el DKV Joventut, se llevó el título de campeón gracias a los 32 puntos del escolta.

Un título que da mayor proyección a un jugador que nació predestinado para triunfar: "Rudy siempre tuvo desde pequeño un talento innato para cualquier deporte de pelota", dice su padre, "pero el baloncesto lo lleva en la sangre". Lo dice, claro, porque él mismo y su mujer fueron jugadores de baloncesto.

Desde pequeño, Rudy apuntaba maneras. Su padre lo recuerda muy bien: "Era un niño muy activo y le encantaban los deportes. Con 3 ó 4 años le volvía loco montar a caballo en la finca de unos amigos. También jugó al fútbol sala y hasta el Mallorca de fútbol lo quiso fichar con 7 años".

Siempre tuvo desde pequeño un talento innato para cualquier deporte de pelota

Pero el baloncesto siempre tiró más. "Su juguete preferido siempre fue una canasta de estas que se colocan encima de las puertas. Su hermana Marta y él estaban todo el rato jugando partidos".

Ese talento innato, -que "no se entrena", advierte su padre- le llevó a fichar por el Joventut con once años. "Rudy tenía ofertas de seis equipos de la ACB pero elegimos el Joventut porque nos pareció que el entorno era el mejor para formarle como jugador y como persona".

La decisión de irse a Badalona fue un total acierto. "En La Penya le han ayudado a madurar, y Aíto ha hecho un gran trabajo con él", dice agradecido el padre del jugador de moda.

Esa madurez le sirve a Rudy para tomarse su éxito con calma. "Su madre y yo siempre le hemos inculcado unos valores sencillos pero importantes: el baloncesto es un deporte colectivo, donde el priman el trabajo, el sacrificio y el compañerismo".

Por eso, aunque dice estar "muy orgulloso" por el éxito de su hijo, Rodolfo Fernández no le da mucha importancia: "Sabemos que el triunfo es efímero y lo que cuenta es el trabajo diario y colectivo".

Le apetece mucho ir a la NBA, pero ya veremos, esto cambia mucho de un día para otro

Y también lo sabe Rudy, "un buen chaval, con un gran corazón", según lo define su padre, que confiesa que en el día de su gran triunfo, Rudy sólo lamentó la ausencia a de su hermana Marta, jugadora de baloncesto enrolada en un equipo polaco: "Siempre han estado muy unidos y los dos estaban un poco tristes por no poder compartir este momento".

Ser MVP de la Copa del Rey siempre ha supuesto un auténtico trampolín para cualquier jugador. A Rudy muchos lo ven el año que viene en la NBA. Ese es su siguiente paso, pero no se sabe cuándo lo dará, avisa su padre. "Le apetece mucho ir, pero ya veremos, esto cambia mucho de un día para otro y hay que seguir trabajando".