Tragarse los sentimientos para poder animar... y jugar

  • Los 60 españoles contratados por la Federación Catarí vivieron un duelo "extraño" contra España, a la que mostraron "respeto" en el himno y la indumentaria.
  • Los aficionados coinciden en los momentos de tensión y sufrimiento: "Quieres explotar de alegría pero no puedes".
  • El español Valero Rivera, seleccionador de Catar, se alegró de la victoria de España, donde juega su hijo: "A veces no me podía molestar si metía gol".
  • Su hijo también sufrió: "Me he tragado los sentimientos para seguir en pista".
Miembros de la Peña Furia Conquense animan a Catar durante el Mundial de balonmano 2015.
Miembros de la Peña Furia Conquense animan a Catar durante el Mundial de balonmano 2015.
Pili Sánchez

Son las siete de la tarde en Doha (Catar) y suena el himno español en el pabellón de Lusail. Las cámaras se centran en los 'Hispanos', donde reina la seriedad. Nadie sonríe. Aginagalde, Viran Morros, Joan Cañellas y compañía miran al horizonte abrazados ante la incógnita del desconocido contrincante que juega con el factor cancha. En la pista también anda un Valero Rivera Folch cabizbajo, con su padre como rival y la presión como máxima motivación. Los 50 segundos que dura la sintonía son una fiesta para un pequeño grupo de españoles que ondea las manidas banderas taurinas y algún que otro abanico. Para otros sesenta compatriotas, también en la grada, se convierten en una pesadilla: les toca animar a Catar y, por tanto, callar.

Los 60 contratados por la Federación catarí se mantienen entonces de pie, "por respeto", pero no se atreven a emitir el mínimo sonido. Al contrario que en anteriores partidos no llevan la indumentaria catarí. "Fue un momento muy extraño. El corazón está con España, y sientes el himno, lo vives... pero no puedes hacer ningún gesto", explica Pilar Sánchez, una de las integrantes de la Peña Furia Conquense. "Yo sentí orgullo", añade su compañero Sergio Checa. "Tienes el sentimiento de nación a la que perteneces, el partido ya es otra historia".

Las sensaciones fueron similares en la propia pista, donde el español Valero Rivera dirigía al conjunto catarí. "A veces no me podía molestar si metía gol España", dijo tras el enfrentamiento. "He tenido sensaciones extrañas, son jugadores a los que quiero mucho, no solo Valero", su hijo, quien anotó los tres primeros tantos del encuentro. "Quería que los metiera todos, porque siempre me alegro cuando mete gol. El partido era más difícil para él que para mí, porque yo estoy fuera y él tiene la presión". Así lo confirmó el extremo: "Me he tragado los sentimientos para poder jugar".

Un día después todavía se comenta el momento en el Holiday Villa de Doha. "Fue muy raro, porque somos españoles hasta la médula. Teníamos dentro a nuestra querida España, pero siempre con la mente fría porque hemos venido aquí con un cometido y muy mentalizados. Somos ya personas adultas", argumenta Pilar ."Hay momentos en los que quieres explotar de alegría pero no puedes porque te ha contratado el rival. Sí sientes esa emoción de que España puede ganar, pero te tienes que morder un poco", añade Sergio. Para la tercera integrante de este pequeño grupo, Rosa del Burgo, la sensación nunca dejó de ser "rara", aunque su afónica voz indique que disfrutó animando a los 'suyos'. "Nos debemos a Catar por todo lo que ha hecho por nosotros que no ha hecho España".

El encuentro fue más que divertido. Los locales ofrecieron mejor balonmano del esperado, poniendo contra las cuerdas a la selección de Manolo Cadenas en varias ocasiones. Un extramotivado Valero Rivera Jr mantuvo al campeón del Mundo por delante la primera parte. Para entonces, los 'mercenarios' —como se han denominado en su blog con guasa, por las críticas recibidas— ya se habían mentalizado. "Los primeros minutos fueron muy raros, pero si llevas tres partidos animando a unos jugadores al final, por inercia, te metes en el papel sin darte cuenta", explica Toni, de la 'Charanga la joven mafia'. "Además, con los dos equipos clasificados, quieres apoyar al que en teoría es más débil".

A la vuelta del descanso los de Valero Rivera sorprendieron con grandes minutos que les situaron tres goles arriba, poniendo en serios problemas al combinado español. "La sangre es la sangre, y sufres", dice Pilar. Para Toni, la clave de ese periodo estuvo en la propia grada. Influye mucho la afición. "Los cataríes no saben de balonmano, animan y ya está". Tienen sus propios cánticos, pero disfrutan de las coreografías preparadas por la peña conquense. "Se les nota la falta de afición, pero forman bullicio. Se ponen al lado de nosotros, llevan sus timbales, megáfonos... y nos hacen partícipes. Lo han hecho todo a base de talonario, y les falta entendimiento, pero ponen voluntad".

Los aproximadamente 7.000 asistentes al lujoso pabellón ponen de manifiesto el efecto que este grupo ha producido en los cataríes."Nuestra afición va a más, lo estamos comprobando partido a partido. Y es contagioso, se nota en las gradas. Los cataríes están encantados, y ya bailan con nosotros".

Distinto trato a las mujeres

El ritual de estos aficionados es similar cada jornada. Si no hay partido, hay excursión. Si hay partido, el autobús les deja pronto en el pabellón para ir caldeando el ambiente. Pero al Lusail las mujeres entran por una puerta y los hombres por otra, con un férreo control de seguridad. "Nos cachean, a ellos hombres y a nosotras mujeres, y entramos por distinto sitio aunque vayamos a la misma zona", explica Pilar, quien reconoce que le costó ir al Mundial por el choque cultural, "por ideología y religión".

Esa distinción se traslada al pabellón, donde la mujer se mantiene en un segundo plano poco habitual en occidente. "El 90% del personal con peto, de limpieza, asistencia, etc., es masculino. En la organización es difícil ver mujeres, aunque también se ve alguna", detalla Sergio.

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