Jorge Lorenzo
Jorge Lorenzo, en Brno. EFE

Jorge Lorenzo nunca fue el héroe de la película. Sólo sus fieles espartanos le han seguido de manera incondicional allá donde ha ido, pero sea por su carácter, por su ya extinta chulería o simplemente porque no genera la simpatía de otros, entre la afición española no ha gozado nunca del cariño masivo del que sí goza Marc Márquez, por citar a la estrella del momento.

Cuando cambió las alas de Yamaha por Ducati, su '99' se coronó con dos diablescos cuernos, pero en ningún momento esperaba que eso fuera sinónimo de atravesar un infierno. La situación de Lorenzo ha cambiado de manera radical en los últimos dos años. Ha pasado ser firme candidato al título de campeón del mundo, de ser un ingrediente fundamental en la salsa de MotoGP, a un mero complemento anecdótico que acaba siendo un breve a final de página.

Cambiar de casa nunca es fácil, y en el caso de Lorenzo ha sido como pasar de vivir en una mansión con mayordomos a un minipiso de 10 metros cuadrados. En Yamaha, el español gozó de la condición de primer piloto, hasta que los galones de Valentino Rossi se impusieron. Los del diapasón tuvieron que elegir: o abrirle la puerta a una de las mayores leyendas de la historia del motociclismo, o a Lorenzo. Cuando el balear empezó a llamar a puertas para cubrirse las espaldas, desde la marca japonesa no se opusieron, bajo la idea de que no quieren con ellos a quienes no muestran una lealtad total.

Tras tantear a Honda (la posibilidad de una dupla Márquez-Lorenzo estuvo sobre la mesa, con Pedrosa como víctima), en Ducati le ofrecieron la oportunidad y el reto de convertirse en el líder que llevan buscando desde que se fue Casey Stoner. Sin embargo, pocas fábricas son tan volátiles como la de Borgo Panigale, y Lorenzo lo está sufriendo en sus carnes. Desde que se estrenó con el equipo rojo, tres podios (un segundo puesto y dos terceros) han sido sus mejores resultados. Para un piloto acostumbrado a ganar, como mínimo, una carrera desde que dio el salto a la máxima categoría, no es algo agradable.

Que Andrea Dovizioso, mucho más asentado en el equipo, le esté superando de manera notable, tampoco le ayuda a calmar los ánimos. Mientras Lorenzo pena por llegar a posiciones cercanas al podio, su compañero suma 30 puntos más, con una victoria incluida. Aunque ha abandonado en las dos últimas citas, sigue siendo el líder del equipo italiano, tanto por resultados como por relevancia. Danilo Petrucci, que está en el equipo satélite de Ducati, está a la expectativa acerca de lo que ocurra con Lorenzo, porque es el primer candidato a quedarse con su montura.

Mugello, que está a sólo 60 kilómetros de la fábrica de Ducati, será el escenario de la próxima cita del campeonato. Y, quizá, también el que determine el futuro de Jorge Lorenzo.