Javier Fernández
El patinador español Javier Fernández, en la exhibición final de la competición de patinaje de los Juegos de Pyeongchang. EFE

Javier Fernández ha decidido que no puede más. Lo hacía público, pese a que ya hacía tiempo que lo venía barruntando, en un evento del diario ABC, casi por sorpresa, dedicado al 40 aniversario de la Constitución. Sin que nadie lo tuviera previsto (iban a hacerlo después del Europeo de Bielorrusia, y hasta sus agentes de prensa se vieron sorprendidos), el español que cambió la forma de entender el patinaje artístico sobre hielo en todo el mundo confirmaba lo que ya era un secreto a voces.

Su 'Revolution on Ice' está siendo el centro de su vida desde hace ya tiempo, que además le está funcionando muy bien. Muy pronto se dio cuenta de que su cuerpo y su mente no iban a estar trabajando siempre a las altísimas revoluciones que le permitieron ser el rey del patinaje mundial, y por eso empezó a pensar en cómo potenciar su carrera profesional cuando se le hiciese muy cuesta arriba pisar una pista de patinaje.

Javier Fernández tiene claro que su figura trasciende, con mucho, la de los éxitos deportivos. Deja la competición pero no el patinaje. Él mismo lo decía en un vídeo, grabado a matacaballo tras soltar 'la bomba': tiene claro que él debe ser la punta de lanza para que no sea un 'rara avis', sino que detrás lleguen muchos más.

Lo explicaba Alejandro Blanco, presidente del Comité Olímpico Español, desde Tokio, donde se enteró de la noticia mientras asistía a la Asamblea General de los Comités Olímpicos Nacionales (ANOC). "Ha abierto el camino para que lo puedan seguir otros y nos ha enseñado que nada es imposible, que cualquier meta, con trabajo y sacrificio como el que él ha llevado a cabo desde muy pequeño, se puede lograr. Es único e irrepetible, y su legado permanecerá durante muchos años", destacaba el dirigente en declaraciones a Europa Press.

No le falta razón. Javier Fernández supo entender que para triunfar en el patinaje no sólo tenía que depurar la técnica hasta convertirse en un referente, sino que tenía que demostrar que era capaz de ofrecer espectáculo. Ese es su legado, que personifican hombres como Javier Raya o Felipe Montoya en la pista, y que decenas de jóvenes talentos muestran cada vez más en las pistas de hielo que empiezan aflorar por toda España.

Convertirse en Bruce Lee, en Chaplin, en Superman (de ahí su apodo de 'SuperJavi'), en un torero o en el Hombre de la Mancha hicieron de él un fenómeno, ya no sólo para el deporte español, sino para todo el gran público, que se topaba con sus vídeos en las redes sociales día sí y día también. Como otros pioneros en sus respectivos deportes (LaLiga unió a Javier Fernández con Carolina Marín, con la que comparte una gran amistad), conseguir convertir el patinaje en un tema de conversación en un país tradicionalmente futbolero es otro de sus logros, por el que será quizá más recordado que por sus podios, que son muchos.

Dos Mundiales (2015 y 2016), seis campeonatos europeos consecutivos (desde 2013 es el rey del continente) y una medalla de bronce olímpica en Pyeongchang, que le llegó a la tercera y que, pese a todo, sabe a muy poco para uno de los deportistas legendarios de este país. Tuvo que irse a entrenar fuera, a Canadá, donde el patinaje artístico es una religión y donde le reconocen como un auténtico referente. Ahora que vuelve a España, sueña con cumplir su sueño de crear un Centro de Alto Rendimiento dedicado a este deporte en Madrid.