Gareth Bale
Gareth Bale, durante uno de sus últimos entrenamientos con el Real Madrid.  EFE

La salida de Gareth Bale es asunto prioritario para el Real Madrid en este mercado estival. Se ha convertido en cuestión de estado para el club que preside Florentino Pérez porque es el jugador que va a dejar más réditos económicos con su salida.

Zinedine Zidane, que regresó al club con todos los galones, ha dejado muy claro que no cuenta con él y en las oficinas de Chamartín saben que no va a ser fácil encontrar acomodo al galés. Le restan tres años de contrato, a razón de 15 millones netos por cada uno de ellos.

Sus ambiciones deportivas son limitadas y, por supuesto, están por debajo de sus ambiciones económicas. Está cómodo en la capital de España y no piensa perdonar ni un solo euro para marcharse. Además, es un convencido de sus posibilidades como jugador y está convencido de que será capaz de cambiar el parecer de Zidane durante el trayecto, dure lo que dure.

La recomendación de su agente, Jonathan Barnett, es clara: el tiempo juega a nuestro favor y no hay que dar ni un solo síntoma de flaqueza en el camino. De momento, se encuentra en Montreal, donde el Real Madrid ha iniciado el stage de pretemporada.

Para el club blanco, donde las salidas se han convertido en la máxima prioridad, la historia del galés no parece tener un epílogo sencillo, porque son pocos los equipos que están dispuestos a pagar una ficha tan alta y además el cierre del mercado de la Premier el 8 de agosto puede cerrar alguna de las puertas más esperadas, especialmente la del Manchester United, donde el Real Madrid quiere desatascar la operación Pogba, el gran deseo de Zidane, tras la llegada de Hazard.

Por eso, en las oficinas del Santiago Bernabéu, se atendió con mucha atención la llamada del Shanghai Shenhua. Las conversaciones entre el club chino y José Ángel Sánchez, el director general existieron porque el club de la Superliga china aseguró, en primera instancia, estar dispuesto a pagar 25 millones netos por temporada al galés.

El Madrid, conocedor del esfuerzo en el salario, empezó pidiendo 40 millones por el traspaso, sabiendo que se ahorraría 30 millones brutos del jugador por temporada. Para la tesorería blanca, una operación redonda que, entre la venta y el ahorro, ascendería a 130 millones para las arcas del club, 40 de traspaso más 90 de la ficha. El futbolista se planteó seriamente el cambio de aires, ya que Shanghai es la ciudad más vanguardista de China, donde su calidad de vida, golf incluído, estaría garantizada.

Sin embargo, la salida de Quique Sánchez Flores, hasta hace dos semanas técnico del club, cambió la hoja de ruta del equipo de Shanghai y el ambicioso plan de fichajes, en el que también se incluía al exmadridista José Callejón, aún jugador del Nápoles. Desde su llegada, Quique transmitió al club chino la necesidad de cambiar su nómina de extranjeros.

Bale nunca ha estado en los últimos tiempos más cerca de marcharse. El Shenhua, en su cambio de rumbo, pese al cariño que la afición dispensó a Quique Sánchez Flores, durante su travesía, prescindió del técnico español y desistió de los fichajes de Bale y de Callejón, alegando motivos personales, fichó a un entrenador chino y esta semana anunció la contratación de El Shaarawy, un buen jugador pero en un escalón muy inferior al de Bale.

La inesperada oferta pero tentadora por el galés se convirtió en un cuento chino.