Ana Peleteiro, una chica predestinada, una atleta genial y ¿una futura estrella de la televisión?

Ana Peleteiro en las rondas preliminares de triple salto femenino durante los Juegos Olímpicos 2020.
Ana Peleteiro en las rondas preliminares de triple salto femenino durante los Juegos Olímpicos 2020.
Juan Ignacio Roncoroni / EFE

Ella dice que con Guadalajara es suficiente. Allí entrena desde hace años junto a la gran Yulimar Rojas, bajo la atenta mirada del mito Iván Pedroso, tras su reconciliación. Desde la primera vez que la vio, el gran Iván sabe que Ana puede conseguir lo que quiera, o casi. También el planeta expectativas la tiene en su más alta estima: campeona del mundo júnior, campeona de España, campeona de Europa, medallista mundial indoor y, por fin, medalla de bronce olímpica para esta gallega de 25 años. 

Ana llegó a la cita nipona por fin alineada, tras un comienzo de año irregular en el que no entendía porque entrenaba tanto para luego no rendir. Cuestión de impaciencia: sus resultados fueron mejorando, entonándose tras el pasado Campeonato de España y en su punto para los Juegos, sus primeros. Se acercó en Londres 2012, una lesión frustró Río y ahora, por fin, nada falló.

Y qué miedo le tenía Ana a la cita de Tokio, a ese estadio vacío, sin gente aplaudiendo. "Yo soy hija única y siempre he necesitado cariño, espero que no me afecte ver las gradas así", había dicho. No a lugar: en la calificación voló sin problemas sobre la distancia exigida y en la final llegó consciente de que la medalla pasaba por rondar los 15 metros y, en consecuencia, batir el récord de España.

Y la atleta gallega ofreció sus mejores prestaciones en un escaparate inigualable. Yulimar apenas tardó un salto de 15,41 para apartar al resto de competidoras del sueño del oro. La plata, en posesión de la portuguesa Mamona, también quedó demasiado lejos desde los primeros momentos. Ana dirigió entonces su mirilla hacia el bronce, que pareció asegurar yéndose en el segundo salto a los 14.77, nueva plusmarca nacional. Pero el sueño se alejó cuando Ricketts superaba esa marca. Quedaban dos saltos y Peleteiro no estaba dispuesta a dejar escapar la ocasión: ofreció al mundo el mejor salto de su vida, 14,87 metros, récord de España, medalla de bronce y la felicidad eterna. La final escondía todavía un último regalo, cuando Yulimar Rojas se fue a los 15.67 metros para cerrar el concurso y batir el récord mundial. Una bestialidad. Dos medallas para Guadalajara.

Ahora, Ana lo celebrará como se merece, tomándose un respiro en un año frenético, soñando ya con París 2024 y oteando otros horizontes que siempre le llamaron la atención. No es Ana una deportista focalizada por y para el atletismo: ahí están sus divertidos vídeos en las redes sociales o sus peripecias en el reality de El Desafío, donde se enfrentó sin problemas con Santiago Segura. Reconoce que aquella experiencia le descentró tanto como llamó la atención, y algo debió hacer bien entonces, porque las ofertas han seguido llamando a su puerta. Pero hasta que ese momento llegue, que aún queda, Ana seguirá a lo suyo, en Guadalajara, volando por el aire para aterrizar en la arena 15 metros más allá. Desde pequeña lo hace mejor que nadie. Es su destino.

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