La ganadora

La ganadora - Cartel
Título V.O.:
The prize winner of Defiance, Ohio
Año de producción:
2005
Distribuidora:
Sony Pictures
Género:
Drama
Clasificación:
Todos los públicos
Estreno:
1 de junio de 2007
Director:
Jane Anderson
Guión:
Jane Anderson
Música:
John Frizzell
Fotografía:
Jonathan Freeman
Intérpretes:
Woody Harrelson (Kelly Ryan), Julianne Moore (Evelyn Ryan), Laura Dern (Dortha), Simon Reynolds (Ray), Ellary Porterfield (Tuff Ryan)

Fotogramas de la película

Sinopsis

En los años 60, Evelyn Ryan es una madre comprometida y una ama de casa a la vieja usanza. Tiene diez hijos y un marido alcohólico en una época de necesidades económicas para las familias numerosas. Sin embargo, Evelyn tiene algo que la diferencia del resto de mujeres de su condición: el don para las palabras. Aprovechando esa faceta, comienza a presentarse a concursos millonarios organizados por grandes corporaciones. Gracias a su creatividad e ingenio, mantendrá unida a su problemática familia. Basada en el libro de Terry Ryan "The Prize Winner of Defiance, Ohio", "La ganadora" es el debut en la gran pantalla de la guionista y autora teatral Jane Anderson. La norteamericana ya había dirigido algún que otro telefilme (Normal) y había escrito el guión de las películas "Donde reside el amor" y "Te puede pasar a ti". En este caso, Anderson se ha decantado por una historia real de tono dramático, ambientada en la Norteamérica sesentera de los concursos de ingenio y las esposas modélicas. La encargada de dar vida a Evelyn Ryan es Julianne Moore. La nominada a un Oscar por "Las horas", "Lejos del cielo", "El fin del romance" y "Boogie Nights", vuelve a las pantallas españolas tras el reciente estreno de "Ellas y Ellos". Su marido en la ficción es Woody Harrelson (El último show, El gran golpe), que vuelve al cine convencional tras la experiencia futurista de "A Scanner Darkly". Otra de las protagonistas es Laura Dern (Yo soy Sam), que hace unos meses estrenó "Inland Empire" a las órdenes de David Lynch.

Crítica

A punto estuvo Robert Zemeckis de asumir en primera persona los mandos de dirección de un producto que viene a ilustrar la faz menos novelesca del sueño americano, no su contraluz, ojo, sino la dimensión menos romántica del mito. Finalmente delegó en la inexperta Jane Anderson que, no obstante, sale indemne del envite respirando nostalgia de la América de los cincuenta a pulmón abierto y moldeando con rigor, con la plástica museística de una lata de cacao de una América boyante que no era tan boyante. La ganadora explora con sonrisas de felicidad cariacontecida, como si de un panfleto costumbrista de elogio de aquel espejismo de familias cristianas, ejemplares y de dientes blancos se tratara, pero que en el fondo es un melodrama sigiloso que Douglas Sirk pudiera haber gustado, que desenmascara la falacia de una era de marketing explosivo, de consumistas feroces y profesionales devorados por un bombardeo publicitario incansable en los albores de la era televisiva y en las mejores horas de los días de radio.

Anderson ilustra la entelequia del sueño americano desde la perspectiva de una familia numerosa asediada por las penalidades y que sólo es capaz de agarrarse a la inercia de ese progreso de dos velocidades aprovechándose precisamente de los atajos que esa vorágine consumista promovía en forma de concursos mil para amas de casa modelo que esperaban sumisas al buen marido tejiendo en casa, oyendo la radio, amando a los cachorros y enviando etiquetas promocionales con la esperanza de llevarse a casa por la cara un juego de sábanas, una lavadora, un abono para la lavandería o un cheque de los que te cambian la vida. La ganadora es una fábula que celebra el instinto de supervivencia disertando sobre esa mitología sucedánea de la felicidad que emanaba la ilusión de un imperio de las oportunidades, matizando con comas, puntos e incluso conjunciones adversativas. Anderson, que atavía su película como un mural tradicional e idealizado, sólo en apariencia, de la América de la opulencia, jugando con los mecanismos de comunicación con el espectador, entre una narrativa clásica y un diálogo en primera persona de la madre coraje, desde la estimulante interacción de una propuesta estructural (y un montaje) perfectamente ágil, se reivindica con un estimable debut en el mundo del cine (una larga trayectoria televisiva la contempla).

La complicidad de Julianne Moore, tan adorable y entrañable como las circunstancias exigen es laguinda de un pastel bien presentado y mejor elaborado que, no obstante se olvida a la misma velocidad que se consume. Y es que, por mucha historia real que avale la propuesta, La ganadora no es más que una anécdota convertida en película, con éxito, pero sin alardes.

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