Gracias, Micaela

Le escribo a una chica anónima que me atendió desinteresadamente el sábado pasado en la boca de metro de La Latina, calle Maldonadas. Me dijo su nombre, creo recordar que era Micaela, pero con el aturdimiento también podría ser otro similar. Era una chica de treinta y tantos, morena de piel y de pelo, extranjera (por el acento no parecía sudamericana; puede que fuera de algún país del este). Me abrí una brecha en la cabeza y ella estuvo conmigo, acompañándome y dándome ánimos.

Yo sangraba abundantemente y me asusté mucho, aunque no perdí el conocimiento. No había mucho que hacer hasta que llegara la ambulancia, pero le pedí que por favor no me dejara sola, y ella no se movió de mi lado. Entre toda la gente que se acercó a curiosear (el morbo de la sangre, supongo) y que me hizo un corrillo, sólo ella vino a socorrerme realmente. Me cogió de la mano y me dijo que estuviera tranquila, y la verdad es que me tranquilizó muchísimo.

Me llevaron a la Concha y me dieron tres puntos, ahora ya estoy bien. Pero en el momento me agobié muchísimo, porque la sangre es muy escandalosa. Ojalá hubiera en este mundo más gente como ella... Gracias de corazón, Micaela.