Fumar en el trabajo

Fray ejemplo es el mejor predicador. Si es así, ¿cómo podemos ver situaciones tristes y lamentables en la educación y en la salud?


Me refiero a la costumbre existente por parte de algunos profesionales de la educación y de la salud que fuman en los lugares de trabajo, si no de cara abierta al público, sí en sus despachos o en otras dependencias.


 Creo que esto ya está más que regulado, pero he comprobado que no se respeta en sucesivas ocasiones. Así, es habitual ver a un profesor que se fume dos paquetes diarios o más, ya que pasa en el colegio bastante tiempo, fume y refume, con el consiguiente perjuicio; igual ocurre con algunos profesionales de la salud. No han aprendido la lección de que lo sembrado se cosecha.


Los niños y los enfermos son dos colectivos necesitados de ejemplo, y a la vez de una educación con un referente: el profesional, sea de la salud o de la educación. Por tanto, declaremos a todos los efectos los centros de salud, hospitales y escuelas, universidades... libres de humo y señalemos con el dedo a aquellos que queman su salud y a la vez están dando mal ejemplo a los hijos o incinerando nuestra propia salud.