Un anciano de 80 años de edad, que necesita dos muletas para caminar, Enrique Moragues, acude semanalmente desde hace 18 años al centro penitenciario de Picassent (Valencia), así como a la sede de la fundación Arzobispo Miguel Roca-Proyecto Hombre de la ciudad para ayudar como voluntario a reclusos y toxicómanos.
Al salir de la sede de la fundación, situada en la calle Esteban Pernet de la capital valenciana, Moragues se dirige en su propio vehículo hacia el Centro Penitenciario de Picassent, donde colabora en talleres de manualidades para los reclusos del módulo 1, donde Proyecto Hombre mantiene una unidad terapéutica.
El anciano también escribe poesías para los reclusos del centro penitenciario de Picassent y para los usuarios de Proyecto Hombre, ya que "la realidad de estos chavales es muy dura y con amabilidad y una sonrisa todo es más llevadero en la vida", apunta.
El voluntario, que había sufrido en años anteriores una grave lesión de espalda crónica, inició su colaboración en Proyecto Hombre con una muleta y, desde hace unos años la situación empeoró, lo que le obligó a caminar con dos. En un principio Moragues, que está casado y tiene dos hijos, iba acompañado de su mujer, pero ahora ella se queda en casa, y le ayuda a comprar la comida que después cocina para los integrantes de Proyecto Hombre.
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