A diferencia de las garrapatas de los perros, mucho más comunes, estos arácnidos hematófagos (se alimentan de sangre) tienen un tamaño mayor, son más propios del otoño y del invierno y suelen encontrarse en zonas de media o alta montaña, en animales como ovejas o jabalíes, según ha explicado el doctor Ferran Segura, director de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas Parc Taulí-UAB.
Al penetrar en la piel de una persona, este tipo de garrapata, denominada "Dermacentor marginatus", transmite una infección bacteriana que, pese a no ser grave, puede provocar serias molestias y secuelas a quienes la padecen.
Por el momento, el Hospital de Sabadell ha identificado una cuarentena de casos, en su mayoría niños (un 80 por ciento de los pacientes) y esquiadores y montañeros, que sufrieron las picaduras de las garrapatas tras pasear por el campo, por zonas boscosas o altas latitudes.
Pese a que Sabadell (Barcelona) es uno de los municipios más grandes de Cataluña, con más de 200.000 habitantes, el doctor Segura explica la alta incidencia de esta enfermedad en la zona por el hecho de que es un territorio rodeado de bosques y montañas y por la cada vez más evidente aproximación de los jabalíes a las ciudades.
De hecho, no hace falta un contacto directo con estos animales para que las garrapatas se enganchen al cuerpo, ya que, una vez saciados de sangre, estos ácaros aguardan en la hierba alta o en las ramas a que pase otra persona u otro animal al que engancharse para poder seguir practicando el parasitismo.
Esta táctica de "ataque" podría explicar por qué los niños son las principales víctimas de las garrapatas "Dermacentor marginatus".
"Las garrapatas se ponen a la altura adecuada para saltar sobre los animales, así que cuando pasa un niño casi siempre se posan en la cabeza y se esconden entre el pelo, donde están protegidas. En los adultos se pegan en las piernas y el cuerpo", comenta Segura.
Las garrapatas se ponen a la altura adecuada para saltar sobre los animales" (Ferrán Segura)
Es cuando las garrapata están infectadas por la bacteria "Rickettsia slovaca" cuando transmiten la enfermedad a los humanos, quienes, pasados entre cuatro y diez días de la picadura, empiezan a mostrar síntomas como fiebre, inflamación de los ganglios, dolor muscular, malestar general, dolor de cabeza y una incipiente alopecia y una mancha rojiza alrededor la zona de la picada.
En principio, todas estas molestias desaparecen rápidamente con el inicio del tratamiento antibiótico, aunque en ocasiones la alopecia puede prolongarse durante años.
El doctor Segura subraya que lo más importante a la hora de evitar este tipo de problemas es la prevención.
Cuand se regresa del campo hay que revisar todo el cuerpo para estar seguro de que no hay garrapatas enganchadas"
"Siempre que se regresa del campo hay que revisar todo el cuerpo para estar seguro de que no hay garrapatas enganchadas, sobre todo en los sitios que se suelen pasar por alto, como los pies, las ingles o la cabeza", señala el investigador.
Si se descubre que, efectivamente, la garrapata ya se ha incrustado en la piel, lo más conveniente es extraerla cuanto antes con unas pinzas metálicas, asegurándose de que se arranca la cabeza, ya que, si no, "no se soluciona el problema".


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