La decisión es polémica, porque varios estudios, entre ellos uno de la Universidad de Miami, demostraba que el método puede hacer sufrir al reo de manera innecesaria. De hecho, este estudio decía que el condenado no siempre está anestesiado. Otro estudio de Human Rights Watch señalaba que causa un fuerte dolor durante la agonía.
Dramático fue el caso de la ejecución del puertorriqueño Angel Nieves Díaz, que estuvo 34 minutos agonizando antes de morir.
La inyección contiene una mezcla de bromuro de pancuronio, tiopental sódico y cloruro potásico que debería anestesiar al preso, le paraliza los músculos y le produce una parada cardiorrespiratoria.


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