Tradicionalmente se ha creído que la inyección letal causa en el ejecutado una muerte instantánea e indolora. Sin embargo, un estudio realizado por la universidad de Miami derrumba este mito.
Según los científicos responsables de la investigación, la inyección letal podría causar la muerte por asfixia, con lo que algunos de los ejecutados sentirían dolor y serían conscientes de su fallecimiento.
La inyección contiene una mezcla de bromuro de pancuronio, tiopental sódico y cloruro potásico que, teóricamente, anestesia al preso, le paraliza los músculos y le produce una parada cardiorrespiratoria.
Sin embargo, el hecho de que en alguna ocasión hayan sido necesarias varias dosis para ejecutar al condenado demuestra que esto no siempre es así.
Muerte por asfixia
Según el estudio, el tiopental no consigue anestesiar al reo durante todo el proceso de ejecución y el cloruro potásico no causa un paro cardíaco fulminante, de modo que la defunción se produciría por asfixia, dado que todos los músculos están paralizados.
Los científicos concluyen que la visión tradicional de la inyección letal, que la colocaban como "la más humana en comparación a la silla eléctrica o la cámara de gas, [...] es cuestionable".


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