El verano siempre fue sinónimo de calor, de largas horas muertas, de vacaciones, de piscina, playa... y de helados.
En los años setenta surgieron en España los primeros helados comerciales fabricados en cadena. Eran helados de hielo o crema como los que había hasta entonces, pero éstos tenían nombre, forma y sabor propios. Precisamente esa característica y el que algunos de ellos no hayan variado con el tiempo ha hecho de alguno de estos caprichos estivales auténticos mitos de la infancia.
¿Quién no recuerda el Colajet? Una arriesgada combinación de cola, limón y chocolate con forma de cohete. Otros muchos se han hecho tan míticos que a más de uno pueden provocarle regresiones a la infancia.
Por ejemplo, el Negrito, uno de los primeros conos con la copa cubierta de chocolate, o el hielo de sabores: los flashes. A medida que creció la competencia, la imaginación de los heladeros trabajó más intensamente. Así nacieron el Frigopié, el Tiburón, el Mikolápiz, el Drácula...
Llevan purpurina, lanzan agua ...
Los helados han cambiado mucho en los últimos 40 años. La creciente competencia y el cambio de mentalidad de los más pequeños obliga a los fabricantes a reinventarse. Helados con formas imposibles e irreconocibles sabores, o postres helados que son a la vez un juguete son las últimas tendencias.
El Pirulo Bazooka, que lanza agua; el femenino Girlie, que es una varita mágica con purpurina; el Nesquik, al que le salen ‘pelos’, o el Spiderman, son algunas de las novedades de este año.



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