Del bulo al poder ciudadano: Las redes sociales se suben a las barbas de los medios

Twitter
Un teléfono móvil con la aplicación Twitter. (Johan Larsson)
  • La interacción entre internautas y medios es cada vez más intensa.
  • La Red amplifica falsedades, bromas y ataques, pero también destapa escándalos, informa con más libertad y moviliza a los usuarios.
  • Lista: Falsos 'tuits' que revolucionaron la red social.

Un usuario de Twitter se hace pasar por el diario El País y publica en su cuenta, para quien quiera leerle (empezando por sus más de 11.800 seguidores), que "la Casa Real ha confirmado el ingreso del Rey Juan Carlos" y que el estado del monarca es de "extrema gravedad". No es verdad. Se trata, según para quién, de una grave falsificación, de una simple broma o incluso de una prueba de la decadencia de un periodismo donde "ya nadie confirma nada". Técnicamente, es un bulo. En cualquier caso, el mensaje crece como la espuma y la etiqueta #DepMajestad se convierte en una de las más utilizadas y seguidas del día en España. Muchos se lo han creído (el tuitero ha utilizado el logo del periódico en su perfil), otros solo quieren seguir la guasa o responden indignados, algunos aprovechan para confundir el deseo con la realidad y no falta quien lo interpreta como un ataque al periódico, por haber despedido recientemente a 129 trabajadores de su plantilla. El País no se lo toma a risa: Además de publicar un duro artículo contra el tuitero responsable (Facu Díaz), amenaza con llevarle ante los tribunales.

El boca a boca ha existido siempre, pero nunca había sido tan rápido ni
tan frecuente
Otro tuitero, que, además, es bloguero y periodista, lanza una campaña en Internet contra un programa de televisión, escandalizado porque los responsables del espacio hayan pagado a la madre de un criminal condenado para que aparezca ante la audiencia. El efecto multiplicador es tan grande (y tan rápido) que, en apenas unos meses, y después de cientos de miles de mensajes, firmas y cartas, las empresas que se anunciaban en el programa empiezan a retirar su publicidad, hasta que el espacio tiene que ser suspendido. Tampoco en esta ocasión se queda la cosa ahí. La cadena (Telecinco) responsable del programa (La Noria) se querella contra el tuitero (Pablo Herreros), a quien responsabiliza de haberle hecho perder 3,7 millones de euros. Después, se echa atrás y retira la querella.

El denominador común en estos dos casos, y en muchos otros, es el poder de las redes sociales, un poder que, sea cual sea su alcance real, ha empezado a interactuar directamente no solo con el poder político (desde el 15-M hasta las revoluciones en el mundo árabe), sino también con los grandes medios tradicionales de comunicación. Y el problema es que, de momento, y salvo excepciones, no se trata de un diálogo fluido, sino de una tensa relación de amor-odio entre un modelo que se agota y otro que se impone; entre una forma unidireccional de hacer periodismo, con sus virtudes y sus defectos, y una forma multidireccional de comunicar las cosas, con sus virtudes y sus defectos; entre un señor mayor del que hay mucho que aprender, pero oxidado, y un adolescente lleno de riesgos, pero también de futuro.

Debate abierto

Es posible que, de momento, se trate de un debate de barra de bar, por muy grande que este bar sea, y por mucho más grande que vaya siendo cada día. Muchos usuarios habituales de las redes sociales, periodistas incluidos, tienden a proyectar al conjunto de toda la sociedad la magnitud de los temas que tratan, de un modo que no siempre responde a la realidad. En España, con datos del pasado mes de junio, hay casi cinco millones y medio de usuarios de Twitter, y el número de internautas españoles que acceden mensualmente a Facebook se acerca a los 18 millones. Parece mucho, y lo es, sobre todo si se tiene en cuenta el crecimiento (un 162% con respecto al año pasado, en el caso de Twitter), pero conviene no olvidar que, pese a que sube de forma imparable, la penetración de Internet en España no alcanza aún a la mitad de la población. Tal vez haya que poner en cuarentena, por tanto, el "no se habla de otra cosa" con que suelen interpretarse, por ejemplo, las tendencias principales (trending topics) de Twitter, sobre todo si incluimos en la ecuación la importante brecha generacional.

La novedad (cada vez menos nueva, por otra parte), es que ahora lo que se habla en el bar acaba ocupando páginas de periódicos y derribando programas de televisión; que la onda expansiva de un mensaje, tanto si es cierto como si no, se ha multiplicado por mil, y que los medios de comunicación se hallan ante un panorama nuevo, al que están obligados a dar respuesta si quieren seguir vivos. El boca a boca ha existido siempre, pero nunca había sido tan rápido ni tan frecuente.

¿Tenemos los ciudadanos más poder con las redes sociales, o somos más manipulables?Y lo fascinante, en todo caso, es que se trata de un debate que, como todos los debates recién nacidos, está repleto de preguntas: ¿Tenemos los ciudadanos más poder con las redes sociales, o somos más manipulables? ¿Dónde está el límite de una broma? ¿Son simplemente bromas o se trata de algo más serio? ¿Son desmedidas las reacciones de algunos medios contra, al fin y al cabo, meros individuos, cuyas iniciativas se expanden como la pólvora gracias a la escalabilidad de la repercusión de cualquier cosa en las redes sociales? ¿Entienden los medios de comunicación esta nueva realidad? ¿Cómo asimilan algunos de los conceptos inherentes a las redes, como el humor, o el efecto fogonazo?: Muchos temas logran una audiencia espectacular en apenas unos días, pero se olvidan igual de rápidamente, como en el caso de los vídeos virales, ¿cómo valorar su trascendencia? ¿Estamos ante la puntilla a la menguante credibilidad de los medios tradicionales a los ojos de cada vez más lectores? ¿Son las redes la oportunidad para el surgimiento de un periodismo más independiente y más libre, o una simple jaula de grillos? ¿Hay una fractura cada vez mayor entre la ciudadanía (internauta, sobre todo) y los medios? La 'bondad' o 'maldad' de Internet depende, obviamente y como todo, de la forma en que se use. ¿Cómo estamos usando la Red en estos casos?

Probablemente hay tantas respuestas como usuarios de las propias redes sociales. Ahora, al menos, todos ellos pueden expresarlas en una plataforma pública.

Aceleración y jerarquía

Jorge Galindo, sociólogo y profesor en el Instituto de Formación Continua de la Universidad de Barcelona, señala en la web Politikon que "Twitter no es ni bueno, ni malo. [...]. Tiene un efecto de ultra-aceleración de las noticias sin confirmación posible de fuentes en origen que facilita, por un lado, que eventos reales se difundan en un santiamén desde múltiples puntos. Pero también, por otro, es tremendamente fácil de manipular. Como informarse es un acto bastante costoso para los individuos y Twitter sirve información inmediata en bandeja y no contrastable con una difusión a través de redes de confianza ya establecidas, y permite difundir a un coste muy bajo (con un solo click se hace retweet), en menos de una hora una noticia falsa cruza fronteras".

Acudimos
a los medios tradicionales
a confirmar
o desmentir
la veracidad
de una noticia
Galindo añade, no obstante, que cuando se trata de una noticia específica y no de una reflexión o interpretación más general, las falsedades duran poco: "Curiosamente, acudimos a los medios tradicionales a confirmar o desmentir su veracidad [...].  Y si no hay nada en ninguno de ellos, damos por sentado que es un bulo. En otras palabras, sigue existiendo una jerarquía de fuentes".

Lo que está claro es que algunos de los afectados por estas 'bromas' no están dispuestos a que los autores queden impunes: En el Reino Unido, Lord Alistair McAlpine, antiguo tesorero del Partido Conservador británico y asesor de la entonces primera ministra Margaret Thatcher, ha iniciado una campaña para exigir compensaciones a miles de usuarios de Twitter que difundieron el rumor de que el político había abusado de un joven en los años setenta. El rumor resultó ser falso, pero el daño ya estaba hecho.

Este es un repaso a varios casos recientes de encontronazo entre redes y medios, una historia de rumores convertidos en noticias, de bromas que acaban en demandas, de campañas que han llegado donde nunca habrían podido llegar hace solo unos años, y de escándalos periódisticos que ya no pasan desaparcibidos:

Golpe de Estado en Portugal, y el Rey, muy grave

A principios del pasado mes de abril, al menos dos usuarios, conocidos como Mikel NhaoFacu Díaz, lanzaron en Twitter el bulo de que se había producido un golpe de Estado en Portugal. La 'historia' estaba apoyada por fotomontajes con logos de conocidos medios de comunicación, e incluía la etiqueta #prayforPortugal (reza por Portugal). La falsa noticia se difundió rápidamente. Los autores lo justificaron como un ataque a la credibilidad de los medios ("Lo bueno de Twitter es que ahora nosotros también nos podemos inventar noticias como hace la prensa", dijo Mikel Nhao), y también como una forma de llamar la atención ("Ahora que ya tengo vuestra atención. Hace un par de días se recortaron 27.300 millones de euros de los PGE. ¿Eso no es un Golpe de Estado?", dijo Facu Díaz). Ambos se enzarzaron posteriormente en una discusión sobre la autoría del bulo, insultos incluidos. Pese a lo que se llegó a afirmar, la agencia Associated Press no informó del bulo ni le dio cobertura alguna. El diario El País (el otro medio suplantado), explicó que "habían sido víctimas de un bulo en Twitter".

Muchos medios de comunicación quedan en evidencia publicando las noticias extraídas directamente de esta red social sin contrastar nadaEl mismo Facu Díaz ha protagonizado hace tan solo unos días otro de los casos más seguidos y comentados por la comunidad española en Twitter, al ser el origen de un nuevo bulo, el mencionado mensaje en que se 'informaba' de que la Casa Real había "confirmado "el ingreso del Rey Juan Carlos" (se supone que en un hospital), y que el estado del monarca es de "extrema gravedad". Para ello, el usuario difundió la noticia usando el logo copiado de la cuenta oficial de El País, y afirmado después que el diario "había borrado" su información. Más tarde escribió otros tuits como "El miércoles le iban a operar, y el Rey Juan Carlos sufre hoy una grave crisis pulmonar". Una vez más, el rumor -o la broma- se propagó (a través de la etiqueta #DEPMajestad) y, una vez más, el autor justificó el bulo indicando que "en Twitter el cachondeo está a la orden del día", y que "muchos medios de comunicación quedan en evidencia publicando las noticias extraídas directamente de esta red social sin contrastar absolutamente nada, hecho que, por desgracia, no resulta novedoso".

Facu Díaz se defendía así ante la reacción de El País, que, además de amenazar con los tribunales, le dedicó un artículo en su sección editorial bajo el título de "Una falsificación muy grave": "¿De verdad es todo tan fácil? ¿Es posible que cualquier ciudadano tenga la posibilidad de robar la identidad de The New York Times, o de Le Monde, o de El País, y pueda enviar una noticia falsa a todo el mundo? Y a la vez, ¿es posible que miles o cientos de miles, o millones de usuarios de Twitter se crean todo lo que aparece bajo esas firmas, y que ni siquiera tengan el impulso de ir a comprobarlo en la web de esos medios?", indicaba el diario. "No fue una simple gamberrada. Es un engaño intolerable que afecta a la credibilidad del medio y a los ciudadanos, expuestos a bulos sin control", concluía.

Las vueltas que dio (y sigue dando) 'La Noria'

El caso del periodista y bloguero Pablo Herreros y su cruzada contra el programa La Noria, de Telecinco, ha acabado también en un enfrentamiento con la cadena, aunque por motivos muy diferentes. En octubre del año pasado, Herreros inició una campaña en Twitter para que las empresas que se anunciaban en el mencionado espacio, conducido por Jordi González, retirasen su publicidad del mismo. Herreros protestaba así por el hecho de que la cadena hubiese pagado por aparecer en el programa a la madre de Francisco Javier G. M., conocido como 'El Cuco' y condenado por encubrir el crimen de Marta del Castillo. La campaña tuvo un gran eco en las redes sociales y las empresas acabaron retirando su publicidad, lo que llevó a Telecinco a sustituir La Noria por El gran debate, un programa similar.

Un año después, Mediaset (la productora) demandó a Herreros por los presuntos daños económicos causados con aquella campaña. Le pedía una indemnización de 3,7 millones de euros y le acusaba de delitos que podían suponer hasta tres años de cárcel. La denuncia provocó las protestas de miles de internautas, que firmaron una petición en Change.org para que los anunciantes retiren su publicidad de Telecinco. El próximo 4 de diciembre el bloguero tenía que testificar como imputado por "amenazas y coacciones" a las marcas que se anunciaban en el espacio presentado por Jordi González. Pero Telecinco ha decidido retirar la querella.

Tres escándalos televisivos

¿Es posible que miles o cientos de miles, o millones de usuarios de Twitter se crean todo lo que aparece bajo
esas firmas?
Es probable que la famosa entrevista de Sara Carbonero a Andrés Iniesta, en la que, en la pasada Eurocopa de junio, la periodista preguntó al internacional español si le hubiese gustado lanzar un penalti que el jugador había lanzado, se hubiera quedado en una anécdota rápidamente olvidada de no ser por los miles de mensajes, parodias, vídeos, chistes y reacciones de todo tipo que suscitó en las redes sociales. Más recientemente, otros tres casos, protagonizados por otros tantos periodistas y presentadores de televisión, han encendido también las redes, aunque por motivos más serios.

Mai Balaguer tuvo que dimitir como directora del programa Bestiari il·lustrat, de la cadena catalana Canal 33-TV3, después de que el pasado 9 de octubre se emitiese en este espacio un capítulo protagonizado por el escritor Jair Domínguez, en el que éste disparaba contra unas dianas que representaban al Rey, al expresidente del Palau de la Música, Fèlix Millet, y al periodista Salvador Sostres. La polémica creció por su gran eco en las redes sociales, donde continuó durante varios días. La televisión catalana retiró las imágenes de todos sus portales web y garantizó que no volverían a ser emitidas.

Por otra parte, Telemadrid emitió el pasado 14 de noviembre una crónica del periodista Hermann Tertsch sobre la huelga general. Pronto trascendió que, pese a que en ella valoraba y analizaba los efectos y el alcance del paro, Tertsch había grabado el comentario el día anterior. Las críticas por falta de profesionalidad llovieron en las redes sociales, un medio que también utilizó el propio Tertsch para defenderse, a través de su cuenta de Twitter: "He grabado cuando el sindicalismo totalitario nos ha dejado. Y verá lo adecuado del comentario. Querían que callara. Pues no", escribió.

El tercer caso lo protagonizó Mariló Monteró, conductora de La Mañana, de La 1 (TVE), al afirmar en el programa del pasado 23 de octubre que tenía dudas acerca de los trasplantes de órganos de personas que hubieran matado a gente: "¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón, de otro que ha quitado vidas? ¿Pasa algo por llevar el órgano dentro de ti de alguien que ha matado a otros? [...]. ¿Qué quieren que les diga? Yo no puedo negarles que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie, sinceramente. Yo no querría esos órganos. No está científicamente comprobado, pero nunca se sabe si ese alma está trasplantada también en ese órgano", dijo Montero. El aluvión de críticas en Twitter, y su consiguiente reflejo en los medios de comunicación, hizo que la presentadora tuviera que pedir disculpas. Dijo que lo hacía tras "la reacción que se ha producido en Internet".

Muertos muy vivos

Entre el grupo de noticias falsas gozan de una especial popularidad las referidas a supuestas muertes de personajes relevantes. Los ejemplos son incontables, y la mayoría de ellos no pasan de unos pocos tuits cuyo alcance es irrelevante. Pero otras veces, sin embargo, el bulo logra traspasar la barrera teóricamente impuesta por la necsidad de contrastar las noticias, y se convierte en el tema más seguido en Twitter. Así ocurrió con los supuestos fallecimientos de Gabriel García Márquez (propagado por un falso "Umberto Eco", y que tuvo que ser desmentido por la familia del escritor), del actor Jackie Chan ("Jackie Chan muere de un ataque al corazón", publicó el portal australiano Yahoo!7news, desatando las reacciones en Twitter), o, uno de los más recurrentes, de Fidel Castro (de cuyo fallecimieto se ha 'informado' en Twitter suplantando las cuentas oficiales del ministro de Economía, Luis de Guindos; el primer ministro italiano, Mario Monti; o el comisario europeo de Economía y Finanzas, Olli Rehn).

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