Unos 400 operarios trabajan en la central nuclear de Fukushima Daiichi sujetos a una rígida disciplina, que los mantiene ocupados desde las seis de la mañana, alimentados con raciones de supervivencia y sin contactar con sus familiares.
Los trabajadores de Tokyo Electric Power (TEPCO) y los subcontratados por la operadora de la planta viven de comida deshidratada y agua mineral, bienes que a veces hay que racionar, indicó este martes a la agencia local Kyodo un funcionario de la Agencia de Seguridad Nuclear de Japón.
Tras tomar un parco desayuno de galletas saladas y zumo de frutas, los operarios se dirigen a sus puestos en la central de Fukushima, un peligroso lugar en el que se exponen a altas radiaciones y accidentes. Cada día se enfrentan a fugas radiactivas y accidentes
El pasado jueves, dos trabajadores sufrieron quemaduras por pisar agua radiactiva y fueron hospitalizados.
Los operarios pasan una frenética jornada en la que intentan estabilizar los reactores, llevar la electricidad y poner en funcionamiento los sistemas de refrigeración, mientras los problemas de filtraciones se multiplican.
Kazuma Yokota, de la Agencia de Seguridad Nuclear, que compartió con los trabajadores cinco días en la central, dijo que en ocasiones los empleados tuvieron que racionar el agua que bebían por falta de suministros y que no reciben almuerzo.
Jornadas agotadoras
Estas duras condiciones hacen que a las cinco de la tarde, cuando termina normalmente su jornada, "estén destrozados", según Yokota.
Antes de descansar en dormitorios improvisados en salas de conferencia o vestíbulos, los trabajadores toman una cena compuesta por arroz deshidratado y una lata de carne en conserva por persona.
A las ocho de la tarde los operarios se reúnen para informar de su jornada y finalizan su encuentro coreando consignas de ánimo.
Para aislarse de la radiación del suelo mientras duermen, despliegan láminas que contienen plomo antes de extender sus mantas. La mayoría de los trabajadores son reemplazados por otros tras una semana dedicados a esa dura rutina en la central nuclear, durante la cual tampoco pueden contactar con sus familias pues los teléfonos móviles no funcionan, según Yokota.

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