Cuando dos trenes circulan en sentido contrario por la misma vía, lo normal es que se deba a un fallo técnico o a un error humano. Si, por el contrario, los maquinistas de los dos convoyes saben que pronto verán de frente el morro de otra locomotora, y deliberadamente no lo evitan sino que aceleran, estamos ante una actitud suicida en la que es previsible que ambos consigan su objetivo de no vivir para contarlo. Esta alegoría del choque de trenes ha hecho fortuna como imagen icónica de hacia dónde nos llevan las decisiones políticas de Carles Puigdemont y de Mariano Rajoy. Pero tiene un defecto: aunque sea cierto que los maquinistas siguen echando carbón a la caldera, los dos trenes no son igualmente sólidos.

El tren de la independencia de Cataluña lleva como pasajeros a los partidos soberanistas y a quienes han confiado en ellos. Juntos suman a muchos catalanes, pero no a todos. Ni siquiera, a la mayoría, según el resultado de las últimas elecciones autonómicas. Los partidos por la independencia sí reúnen a más diputados del Parlament, pero más electores votaron por opciones no independentistas o, como poco, no del todo entregadas a la causa (como la fuerza política que lidera la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau).

Tampoco todos los partidos de ámbito nacional se han subido al tren del Gobierno central, y no todos los que sí lo han hecho tienen el mismo entusiasmo. Se puede dar por seguro que están el PP y Ciudadanos. Pero el PSOE prefiere no dejarse llevar. Sí comparte el criterio retórico de que el referéndum es ilegal. Esto es lo fácil. Pero los socialistas desconfían de las medidas que pueda aplicar el Gobierno para impedir su celebración. Y esa será la madre de todas las decisiones. Por su lado, Podemos se sitúa siempre allá donde pueda sentirse más alejado de los populares.

Ante la inminencia de un choque, el soberanista tendría opciones muy limitadas

Aun así, los ocupantes del tren constitucionalista son muy principales. Está todo el aparato del Estado: el ejecutivo, la mayoría del poder legislativo, el Tribunal Constitucional, los jueces, la ley y el respaldo internacional. Más allá de sus límites territoriales, los independentistas solo han conseguido, de momento, algunas insinuaciones favorables de Nicolás Maduro (cuesta imaginar cómo eso podría beneficiar a su causa), y el apoyo parcial del periódico The New York Times. Apoyo parcial porque, al tiempo que el diario pide a Rajoy que consienta el referéndum, también recomienda a los catalanes que voten ‘no’. Esta segunda parte del editorial del Times ha sido ignorada por los independentistas.

Si de verdad estamos ante la inminencia de un choque de trenes, el soberanista tendría opciones muy limitadas de no quedar triturado por el convoy que viene de frente. Pero quizá no sea un choque de trenes lo que se avecina, sino el descarrilamiento de uno de los dos trenes. O de ambos.