Quizá esté ya harta/harto de oír sobre los algoritmos (¿algoqué?) que parecen esconderse detrás de cualquier aplicación o servicio en internet que se precie. Y aún más de pensar que esos algoritmos rigen buena parte de su vida digital: por ejemplo, decidiendo qué contenidos va a ver en sus redes sociales, o qué productos seguro que le gustan en una tienda online. Pero estas fórmulas matemáticas (una lista de reglas más o menos larga basada en factores como su navegación en internet) están utilizándose también para fines tan altruistas y poco digitales como evitar la extinción de los gorilas.

La aplicación Gorilla Matchmaking, puesta en marcha por la Asociación nacional de Zoos y Acuarios de EE UU, pretende facilitar y optimizar el apareamiento de estos primates, es decir, una especie de Tinder para gorilas. Su algoritmo, que empezó a gestarse ya a finales de los ochenta, tiene en cuenta tanto los genes o linaje de cada uno de los gorilas repartidos por todos los zoos de EE UU, como su edad o comportamiento para así encontrarles la 'pareja perfecta'. Se trata no solo de garantizar la diversidad de la especie, sino de que haya 'química' y se gusten a la primera (como en las aplicaciones de dating para humanos, vaya), algo que facilita considerablemente su apareamiento efectivo.

Y, tras muchas mejoras del algoritmo, los responsables del Zoo Smithsonian de la ciudad de Washington celebran hoy el estado de buena esperanza de una pareja perfecta: Calaya y Baraka. Se trata de dos gorilas occidentales de llanura, una especie en peligro crítico de extinción tras la desaparición de más del 60% de los ejemplares en las últimas dos décadas. La epidemia del ébola acabó con decenas de miles, un tercio de la población existente, pero su mayor peligro sigue siendo la caza furtiva que extermina a miles de individuos cada año, incluso en reservas protegidas y parques nacionales. Su recuperación es, pues, esencial para garantizar la supervivencia de la especie y ha sido parametrizada al milímetro en el algoritmo del Gorilla Matchmaking.

Baraka, un gorila "macho tranquilo y familiar" del Smithsonian, según sus cuidadores, se sintió atraído inmediatamente por Calaya, una hembra "creativa y poco convencional" trasladada por el programa desde el zoo de Seattle. Tras un mes de 'cuarentena' para que Calaya se habituase a su nuevo hogar, la pareja pudo encontrarse a solas por primera vez, y en solo una hora ya se estaban apareando.

El éxito de su apareamiento estaba cantado. El algoritmo del Gorilla Matchmaking había asignado la máxima probabilidad de éxito a la pareja de Calaya y Baraka, o sea, un match perfecto, tanto genéticamente como de personalidad. Algo parecido, esto último, a lo que persiguen las aplicaciones de dating con los humanos. Match.com fue uno de los primeros servicios online que incorporó en 2006 un algoritmo para optimizar la búsqueda de pareja a partir de los estudios sobre el comportamiento de las parejas de la antropóloga Helen Fisher. El algoritmo de Fisher dividía a los usuarios entre 'exploradores', 'creadores', 'negociadores' y 'directores', y les asignaba potenciales parejas según las tendencias establecidas para cada grupo.

La fórmula de Tinder (la aplicación de citas más popular del momento), sin embargo, se basa menos en modelos antropológicos preestablecidos y más en el comportamiento efectivo de sus usuarios en el servicio. El algoritmo de Tinder clasifica a cada usuario en un ranking de deseabilidad o atractivo a partir de los votos de los demás, que se muestra en si deslizan más su foto hacia la derecha (me gusta) o hacia la izquierda (no me gusta). Y, al igual que ocurre en algunos rankings deportivos (como los de ajedrez), el voto de un usuario que está en lo alto de la lista tendrá más peso que el de otro más abajo. Según el CEO de la compañía, Sean Rad, sin embargo, no se trata solo de dividir entre feos o guapos, ya que otros elementos del perfil cuentan también para el voto. Como en los gorilas.