Gafas inteligentes: el diseño importa

ROSALÍA LLORET. PERIODISTA Y EXPERTA DIGITALOPINIÓN
Rosalía Lloret, periodista.
Rosalía Lloret, periodista.
JORGE PARÍS

Dentro de solo tres meses se cumplirá el 10º aniversario de una revolución y una sorpresa. El 9 de enero de 2007, Steve Jobs presentaba su nuevo y flamante iPhone en el MacWorld y dejaba perplejos a los responsables de las marcas de móviles más populares de entonces: Nokia o RIM (fabricante de las entonces popularísimas Blackberry). “Bajo todos los conceptos, el producto [iPhone] debería haber fracasado, pero no lo hizo”, explicaría después el director técnico de Blackberry, David Yach. La batería del nuevo móvil de Apple duraba menos de ocho horas, operaba con un acceso a Internet más lento que sus competidores y ofrecía menor seguridad. Sin embargo, el iPhone aportaba una combinación de funcionalidades inédita, una ‘usabilidad’ deliciosa y, sobre todo, un diseño espectacular. “Comprendí que la belleza importa”, asumió Yach.

Hoy, casi 10 años después, podemos volver a presenciar una dicotomía con acentos semejantes, aunque en un ámbito mucho menos trascendental. Hace unos días, la compañía creadora de Snapchat, la app de mensajería instantánea que más crece entre los millennials, anunció el lanzamiento de Spectacles: unas gafas con cámara incorporada que permiten grabar micro-vídeos apretando un botón en la patilla izquierda y que se sincronizan con el móvil para guardarlos o enviarlos por Snapchat. Inevitablemente surgieron las voces que recordaban el poco tirón que habían tenido otras gafas inteligentes -y considerablemente más sofisticadas- presentadas hace ya más de tres años y ‘aparcadas’ hace uno: las Google Glass.

Las ya famosas gafas de Google se mostraron en modo prototipo en 2013 como un hito de la nueva ‘tecnología de vestir’, los famosos wearables. Protagonistas en grandes eventos de tecnología, las Google Glass no solo permitían hacer fotos y grabar vídeos, sino que obedecían órdenes de voz, nos conectaban por mail, teléfono o vídeoconferencia; y sobre todo ofrecían funcionalidades de ‘realidad aumentada’, proyectando ante nuestros ojos información de Internet como complemento a la realidad: los mapas de Google para no perdernos, la información sobre un monumento que estamos viendo, etc.

Una pléyade de opciones que tenía su precio: hasta 1.500 dólares en su lanzamiento como prototipo, o 1.000 en su llegada al mercado más general. Y que, casi desde el principio se chocó con ciertas limitaciones de la batería (para un dispositivo cuyo uso se presupone muy continuado) y con problemas de privacidad, dada su capacidad para grabar video de incógnito. Pero probablemente uno de los elementos que más pesaron en su popularización fue su percepción generalizada como un gadget futurista para frikis de la tecnología, reforzado por un diseño (o no-diseño) demasiado geek. De ahí el calificativo “glasshole”, juego de palabras en inglés entre ‘gafa’ (glass) e ‘idiota’ (asshole), acuñado para describir a los ingenieros del Silicon Valley que iban por la vida con sus Google Glasses.

El lanzamiento de las gafas de Snapchat no ha podido ser más distinto. Las Spectacles se presentan con un diseño divertido de monturas gruesas, redondas y colores brillantes (además del negro), en la onda de algunas colecciones de gafas recientes. Su precio de 130 dólares pretende adaptarse a los bolsillos del jovencísimo público de Snapchat. Y su ‘inteligencia’ se limita a la cámara doble que permite grabar y sincronizar con nuestro móvil videos circulares de 10 a 30”, activando de paso una llamativa luz en la parte frontal de las gafas, para alertar a interlocutores (veremos si es suficiente).

Como ha dicho en el Wall Street Journal el CEO de Snapchat, Evan Spiegel, se trata de un puro “juguete”. Pero un juguete de diseño: su creador directo, Steve Horowitz, ya lo tenía claro cuando, antes de incorporarse a Snapchat, diseñó el Motorola 360, el primer reloj inteligente del mercado con líneas redondas y depuradas de reloj clásico: “Si quieres atraer a un público más allá de los tecnólogos, deber ser capaz de apelar a la estética”.

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