Queridos Amaia y Alfred: No caeré en la simplificación de llamaros Almaia, el mote con el que os ha bautizado internet que diluye vuestras personalidades. No quiero ahondar en ese falso romanticismo del "somos uno" y ojalá tampoco vosotros lo hagáis al enfrentaros a uno de los retos más difíciles que os encontraréis en vuestra todavía muy corta carrera: el escarnio casi siempre injusto de Eurovisión.

La primera prueba de fuego será la semana que viene con vuestra salida, victoriosos o no –solo puede quedar uno–, del confort adulador de OT. Será momento de empezar a vivir vuestro amor en la realidad y no en la burbuja de la Academia, de comprobar si es tan de verdad como pensáis y de exponeros sin filtro a la crueldad de lo efímero, la persecución de los flashes y a los comentarios malintencionados.

Seamos sinceros: no todo el mundo os adora. La noche de vuestra elección para Eurovisión se desató una guerra civil en las redes entre los partidarios de Lo malo, con su sensual cuero y sus pantalones hiperajustados (que a muchos les parecen más reales y más de la calle que vuestro amor cuasiadolescente), y quienes compraban vuestra balada (Tu canción), con sus pianos y luciérnagas, con su sobredosis de azúcar y el porcentaje suficiente de mundo Disney como para despertar amodio.

Eso es lo que nos han vendido, a nosotros y a vosotros: un cuento de hadas o, para que siga funcionando la maquinaria y estirar más el chicle, un apasionado romance de los que terminan como el rosario de la aurora. Lo hemos visto en las películas:llegará el duro momento de elegir entre vuestra relación o seguir adelante con una prometedora carrera, sin mirar atrás. Ojalá me equivoque.

Lo que yo os deseo es que os apartéis de los focos cuando antes. Tenéis el talento, la cabeza y la formación suficiente como para no dejaros engañar por los cantos de sirena de la megaindustria del marketing musical. La música es otra cosa, ya lo sabéis: tiene más que ver con ese don de nacimiento y las miles de horas practicando en soledad que con el lanzamiento exprés que promete OT. Se puede vivir en ella –a veces incluso de ella– de otra manera menos ruidosa.

A Amaia le pido que se cuide y que no deje que ese Al- delante le haga sombra, porque no lo necesita. A Alfred le recomiendo que olvide las maneras de rockstar de manual que le están enseñando, ¡qué pereza! Espero de él más que un puñado de fans gritonas en primera fila. Y para ambos, que no falte...

... suerte, amor y música, Pilar Sanz