Los ‘vientos de cola’ de la economía se agotan

MIGUEL SEBASTIÁN. EXMINISTRO DE INDUSTRIA,TURISMO Y COMERCIOOPINIÓN
Miguel Sebastián, exministro de Industria, Turismo y Comercio.
Miguel Sebastián, exministro de Industria, Turismo y Comercio.
JORGE PARÍS

Cuando me reúno con empresarios, las preguntas más recurrentes son: "¿Por qué crecemos más que Europa?" y "¿Hasta cuándo va a durar esto?". La primera es más fácil de responder, pero aquí trataré de responder a ambas.

Lo primero que tenemos que ver son los datos. Es indudable que la economía española está creciendo más que la del conjunto de la eurozona: un 3,2% frente a un 1,7% en 2015, y probablemente un 2,7% este año, otro punto por encima de la zona euro. En tasas, sí. Sin embargo, cuando miramos la economía en niveles, el panorama es bien distinto. El PIB real (la medida de la renta del país descontando la inflación) todavía no ha recuperado los niveles de 2008; es decir, los niveles previos a la crisis. Y, si todo va bien, no lo recuperará hasta bien entrado 2017. Por el contrario, la eurozona lo consiguió a finales de 2015; y Alemania y EE UU, en 2011. Estos datos indican dos cosas: la primera, que la economía española cayó más que las del resto de su entorno, sobre todo en 2011-2013; y la segunda, que su recuperación va con retraso.

Que cayera más se explica tanto por la crisis de deuda soberana y las políticas de austeridad de la zona euro como por el hecho de que le afectaron más lo que entonces eran 'vientos de cara', desfavorables, y ahora son 'vientos de cola'.

Son tres los vientos favorables que están ayudando a este mayor crecimiento de la economía española: el petróleo, el euro y la política monetaria del BCE.

1. El petróleo. Al ser España uno de los países europeos con mayor dependencia energética del exterior (un 70% de nuestro consumo de energía es importado), es lógico que el precio del petróleo nos afecte más, tanto para bien como para mal. Al fin y al cabo, una subida de su precio es una transferencia de nuestra renta a los países productores, y viceversa cuando el precio cae. El precio real del barril (descontando la inflación general) aumentó un 52% de 2007 a 2011, y se mantuvo elevado hasta 2014. Desde 2011 hasta 2015 ha caído un 55% real. Cuando estábamos en el Gobierno, la factura energética de España era de unos 50.000 millones de euros, más o menos todo lo que ingresábamos por el turismo extranjero. La caída de ese precio supone una menor transferencia de renta al exterior y, por tanto, un mayor PIB. Eso es lo que se llama el efecto de 'primera ronda'. Pero hay efectos de segunda ronda. Muchos lectores habrán comprobado un ahorro de su factura de gasolina, que habrán podido dedicar a comprar otras cosas. Así, el consumo de las familias se reactiva.

También lo hace la producción y el empleo de las empresas, por la reducción de sus costes energéticos. Todos estos son efectos de 'segunda ronda'. Los economistas han estimado que este viento de cola ha aportado entre el 0,4% y el 0,8% del crecimiento de 2015 y 2016. Y la mayoría de los modelos señalan que la acumulación de esos efectos dura entre uno y dos años. Parece que el viento de cola ha dejado de soplar, porque en lo que llevamos de año el petróleo ha subido un 50% (de 30 a 45 dólares/barril). Aun así, estos precios son inferiores a los del periodo precrisis, y su impacto favorable se debería mantener durante 2016 y parte de 2017.

2. El euro. La cotización del euro es una variable clave para la competitividad exterior. Somos una de las economías más abiertas de la zona euro y, como en el caso anterior, su cotización nos influye más, para bien o para mal. Mucha gente cree erróneamente que el euro no afecta a nuestros intercambios con Alemania o Francia, por tener la misma moneda. No es así. La competitividad es un fenómeno global y el euro afecta al precio relativo frente a nuestros competidores. Por ejemplo, un euro más fuerte encarecerá un paquete turístico de Canarias o Baleares frente a otro de República Dominicana.

Por tanto, el turista alemán lo tendrá en cuenta, como también lo hará al decidir si compra un coche hecho en España o en Corea. Durante la crisis, el euro se convirtió en la divisa más fuerte del mundo, pese a la debilidad económica de la eurozona. Sin embargo, desde 2014 el euro se ha depreciado un 20%, provocando una ganancia de competitividad muy superior a la de la 'devaluación interna' (salarios y márgenes empresariales). Este viento de cola también se ha terminado (lleva una apreciación del 5% este año), pero sus efectos positivos señalan que pueden durar hasta 12 trimestres. Es decir, hasta finales de 2017.

3. La política monetaria. El BCE ha decidido, con retraso, llevar a cabo una expansión monetaria similar a la de EE UU y otros países. En el último año ha comprado 750.000 millones de euros de bonos públicos y en junio lo hará con bonos privados. Este viento de cola durará sine die. Ello ha relajado la carga de intereses de España frente a nuestros acreedores extranjeros. Pero solo se ha trasladado muy parcialmente al coste de los créditos y a su volumen.

Mientras la solvencia y rentabilidad de nuestro sector financiero no mejore, esa traslación va a ser difícil, lo que limita el impacto positivo de este 'viento de cola', más allá de sujetar la prima de riesgo y el coste de financiación de nuestras grandes empresas. Importante, pero insuficiente.

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